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Dilma Rousseff asume su segundo mandato y anuncia ajustes en Brasil

La presidenta reconoce su preocupación por la economía, pero mantiene que el país necesita crecer sin renunciar a sus compromisos con los más pobres

Dilma Rousseff, en la ceremonia de investidura. Marcelo Sayão (EFE) | reuters-live!

Brasil estrenó 2015 con la toma de posesión de Dilma Rousseff como presidenta, en el que será el cuarto mandato consecutivo del Partido de los Trabajadores (PT), el más largo de la democracia brasileña. En su discurso de investidura en Brasilia, Rousseff mantuvo que el país continuará abriendo espacio a las conquistas sociales con más responsabilidad económica. “Vamos a demostrar que se pueden hacer ajustes en la economía sin perder los derechos conquistados”, dijo tras el paseo ceremonial en un Rolls Royce descapotable que la llevó hasta el Congreso.

Rousseff dedicó los primeros minutos de su discurso a la reciente transformación social del país que rescató 36 millones de personas de la extrema pobreza, principalmente durante los gobiernos de su partido. “En mi primer mandato superamos la extrema pobreza […]Vivimos la primera generación de brasileños que no sufrieron la tragedia del hambre. Nunca conquistaron tantos empleos formales […] Nunca tantos brasileños se convirtieron en dueños de sus propias casas”, dijo la presidenta entre los aplausos de sus invitados.

En este segundo mandato, cuando la séptima economía del mundo crece a un ritmo previsto de cerca del 0,8%, la economía será prioridad. Rousseff dejó claro que pretende cambiar el rumbo de estos últimos años de bajo crecimiento y enormes gastos públicos. “Vamos a buscar un ambiente más favorable para los negocios concentrados en dos prioridades: el mantenimiento del empleo y la valorización del salario mínimo”, dijo Rousseff. La presidenta prometió trabajar para ampliar las inversiones y elevar la productividad, intentando que el sacrificio de la población, en especial los más necesitados, se el menor posible. “Vamos a derrotar la falsa tesis de que hay conflicto entre ajuste económico y preservación de los avances sociales”.

El discurso de Rousseff reafirmó la nueva dirección económica que asumirá Brasil y que la presidenta ha dejado en manos del banquero Joaquim Levy, nuevo ministro de Hacienda. Levy promete ahorro y ajustes lo que ha despertado la ira de los votantes del Partido de los Trabajadores (PT), que no encuentran en Levy el adalid de sus ideales económicos. “La presidenta conoce muy bien a Levy. Si lo eligió es porque sabe de la necesidad de un nuevo planteamiento”, defendió el exministro de Hacienda Antônio Palocci.

Rousseff asume su segundo mandato con un PT dividido, debilitado por las denuncias en Petrobras

La ceremonia contó con la presencia de 12 presidentes latinoamericanos, entre ellos aliados como Nicolás Maduro de Venezuela o Evo Morales de Bolivia. Estados Unidos, con quien Brasil mantuvo en 2013 tensas relaciones por el escándalo del espionaje, delegó en su vicepresidente Joe Biden. La mayoría de los 60 países representados mandó a figuras de menor peso diplomático. España, que tiene a Brasil como segundo destino de sus inversiones, confió en su embajador su representación diplomática. La lista de invitados se explica por la fecha ingrata del evento, pero también refleja la débil posición de Brasil en la diplomacia internacional. Uno de los principales desafíos de Rousseff en un momento en el que busca una salida para reactivar la economía y el comercio internacional.

Las cuentas, sin embargo, no serán la única preocupación de Rousseff. La presidenta, de 67 años, asume su segundo mandato con un PT dividido, debilitado por las denuncias que castigan la imagen y las acciones de Petrobras, la principal empresa estatal. La sospecha de que la red corrupta de desvíos de dinero y sobornos establecida en la petrolera haya beneficiado a sus aliados políticos la perseguirá hasta 2018. Para protegerse del escándalo, la presidenta anunció en su discurso un paquete de leyes para combatir la corrupción. El éxito de su Gobierno va a depender de que su partido encuentre una salida a su propia crisis de identidad y consiga así mantenerse en el poder.

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