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El Estado Islámico se concentra en sus feudos tras varias derrotas

Fuerzas kurdas e iraquíes cosechan nuevos avances en el norte de Irak y la frontera siria

Desplazados yazidíes abandonan la ciudad de Sinjar, en agosto.
Desplazados yazidíes abandonan la ciudad de Sinjar, en agosto. REUTERS

Las fuerzas kurdas e iraquíes han sumado nuevos éxitos en su guerra contra el grupo yihadista Estado Islámico (EI) en el norte de Irak y la frontera turco-siria. Si hace 15 días, los kurdos rompieron el bloqueo al Monte Sinjar, donde el pasado verano sufrieron una gran humillación a manos de los combatientes del EI, ahora es el enclave de Sultan Abdalá, localidad situada a 80 kilómetros de Erbil, capital del Kurdistán iraquí. Según reporteros en el terreno de la cadena catarí Al Yazira, los peshmerga (fuerzas regulares kurdas) han retomado esta ciudad, punto estratégico vital para cruzar el río Tigris hacia Mosul, controlada por los integristas.

El Ejército iraquí ha informado también esta semana de la recuperación de varias localidades en los alrededores de Samarra, entre ellas Dhuluiya, al norte de Bagdad. Estas victorias se unen al avance en la localidad siria de Kobane, junto a la frontera turca. Activistas del Observatorio Sirio para los Derechos Humanos calculan que milicianos kurdos controlan ya al menos el 70% de la ciudad, objetivo fundamental del EI en el norte de Siria.

La batalla por el monte Sinjar es, no obstante, una de las principales claves en el frente norte de Irak. El acceso a esa montaña, tierra ancestral de la minoría yazidí, ha supuesto tanto una victoria estratégica frente a aquel grupo como un estímulo psicológico para quienes lo combaten. Pero el entusiasmo no debe eclipsar que los radicales islamistas están reforzando sus posiciones en la provincia de Al Anbar y que sigue pendiente la recuperación de Mosul, la tercera ciudad iraquí, todavía en su poder.

El Estado Islámico se concentra en sus feudos tras varias derrotas

“La mayoría de Sinjar está bajo nuestro control; con la ayuda de Dios, liberaremos el resto”, declaró ufano el presidente kurdo, Masud Barzani, durante una visita a la cima del monte, en cuyas faldas vivían la mayoría de los yazidíes de Irak. Los peshmerga han contado con el apoyo siquiera simbólico de milicias yazidíes y de los kurdos sirios del PYD, pero también con los bombardeos de la coalición que encabeza EEUU.

La apertura de un corredor desde el norte ofrece sin duda un alivio para varios miles de yazidíes que se refugiaron en esa montaña cuando los yihadistas avanzaron sobre sus aldeas el pasado agosto. Aún falta conquistar la ciudad de Sinjar, tras lo cual los kurdos habrían recuperado la mayoría del territorio que perdieron en aquella ofensiva.

De tener éxito, la operación privaría al EI de una importante línea de abastecimiento a sus bases en Siria, al otro lado de la frontera. Sin embargo, tal como ha advertido Ahmed Ali del Institute for the Study of War, también puede contribuir a que los yihadistas consoliden sus posiciones en Mosul, su principal trofeo en Irak y el objetivo último para el Gobierno central de las operaciones en el norte del país.

A principios de diciembre, el primer ministro iraquí, Haider al Abadi, manifestó ante el Parlamento su intención de establecer un “proceso de liberación para Nínive”, la provincia de la que Mosul es capital, con el fin de expulsar al EI. El diario saudí Al Sharq al Awsat ha publicado declaraciones de un miembro del Consejo Provincial, según el cual la operación se iniciaría a principios de 2015 y contaría con un despliegue de 80.000 fuerzas de seguridad,

Pero los analistas tienen dudas. Por un lado, la empresa resulta complicada en tanto las provincias de Saladino y Al Anbar sigan prácticamente controladas por el EI. De hecho, mientras los éxitos en Sinjar llenaban los titulares de prensa, el derrumbe en Al Anbar, la más extensa de las provincias iraquíes y de población casi en exclusiva suní, está recibiendo escasa atención mediática. En parte, ello se debe a las dificultades de acceso. A diferencia del norte, donde los kurdos, facilitan en gran medida el trabajo de los periodistas, resulta muy difícil y peligroso intentar acceder a esa región, en poder de los yihadistas desde hace un año.

A pesar de las promesas del nuevo primer ministro, Haider al Abadi, y de su proximidad a Bagdad, los militares y las tribus que les apoyan se quejan de falta de medios para mantener sus posiciones en Al Anbar. Un reciente reportaje de la BBC, que logró empotrar a un equipo con el Ejército iraquí, mostraba la situación desesperada en la que se encuentran los soldados que defienden la base aérea de Ain al Asad, prácticamente rodeada por las huestes del EI. Es la mayor instalación militar de la provincia y, si cae en sus manos, les dará acceso a Haditha, más al noroeste, uno de los pocos enclaves suníes que ha resistido sus ataques durante los últimos seis meses.

Por otro lado, avanzar sobre Mosul, requiere la cooperación de los peshmerga. Barzani ha manifestado que están dispuestos a participar si se lo pide el Gobierno de Bagdad, pero tienen condiciones. Aunque el líder kurdo ha evitado enumerarlas, no resulta difícil imaginar que, entre ellas, estará un nuevo trazado de las lindes de la región autónoma que incluya el territorio que han ganado al EI desde que su avance hizo poner los pies en polvorosa a los soldados del Ejército iraquí el pasado junio.