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‘Je suis Charlie’: así se hizo

El inventor del lema solidario no lo registró para que todo el mundo pudiese utilizarlo

Ahora contraataca para impedir que se convierta en marca comercial

Asistentes a un partido de rugby en Toulon (Francia), el 10 de enero.

Cuando alguien le pregunte dónde se encontraba aquella funesta mañana, podrá responder que estaba ocupado haciendo historia, aunque no fuese consciente de ello. Joachim Roncin tiene 39 años, un trabajo como director artístico de la revista Stylist y una vida alterada desde hace un par de semanas. El 7 de enero, tras el atentado contra la redacción de Charlie Hebdo que causó 12 muertos, conmocionado, decidió improvisar un mensaje de solidaridad. “Lo hice sin reflexionar. Si diseñé una imagen, fue solo porque no tenía palabras”, afirma. En realidad, logró encontrar tres: “Je suis Charlie”. Compartió ese improvisado lema con sus 400 seguidores en Twitter y luego salió a almorzar. Cuando regresó, cientos de miles de personas se habían apropiado de ese mensaje sobre fondo negro. Una semana después, eran más de siete millones. Incluidos Madonna, Elton John o George Clooney.

Ese mensaje espontáneo no tardó en transformarse en foto de perfil, en grito de furia y en categórica pancarta. Roncin se encontró entonces en el ojo de un huracán mediático. “Me pareció inconcebible que, con todo lo que estaba pasando, la gente se interesara por mí”, asegura. Decidió que no quería ser protagonista de nada. Esquivó las peticiones de entrevistas, llegadas de todos los rincones del planeta, y rechazó toda proposición indecente. “Durante los primeros días, no dejaron de llamarme. Querían hacer camisetas, tazas y otros productos derivados”, recuerda. Prefirió que su idea siguiese siendo accesible para todo el mundo, puesto que ya no le pertenecía. Fue su regalo a todo aquel que se reconociera en la misma causa: la libertad de expresión y el derecho a la irreverencia, que tan bien encarnaban Cabu, Tignous o Wolinski, tres de los dibujantes asesinados. “El mensaje y la imagen quedan libres para cualquier uso. Sin embargo, lamentaré toda utilización mercantil”, tuiteó a la mañana siguiente.

Si ha decidido hablar ahora es porque las cosas no han pasado como él esperaba. Desde el atentado, las autoridades francesas han recibido hasta 120 solicitudes para convertir el Je suis Charlie en marca comercial. “Me siento ofendido”, admite Roncin. “He decidido luchar para que el mensaje inicial sea respetado. La libertad de prensa es una causa importante. No puede convertirse en una marca”. El diseñador pretende tomar cartas en el asunto: “Llevaré ante la justicia a quien gane un solo céntimo. Mi combate es que mi eslogan sirva para promover la libertad de prensa”. De momento, solo una organización ha obtenido su consentimiento: Reporteros Sin Fronteras. Cualquier indemnización que consiga tras un eventual proceso judicial irá a parar “a asociaciones por la libertad de expresión o a familiares de las víctimas”, según su abogada, Myriam Witukiewicz-Sebban.

El Instituto Nacional de la Propiedad Industrial se ha puesto de su lado y ha anunciado que no aprobará ninguna solicitud respecto a Je suis Charlie, puesto que la marca ya es “ampliamente utilizada por la colectividad”. En caso de litigio, Roncin hará prevalecer los derechos de autor, aunque podría encontrarse con el mismo problema que aquellos que intentan usurparle el lema. “Basta con entrar en Twitter para demostrar que fui el primero en publicarlo en la Red”, replica.

El director artístico ha terminado por encontrar las palabras que le faltaron aquel mediodía. “El gesto sigue siendo igual de espontáneo, pero ha adquirido un sentido. Je suis Charlie significa que nos encontramos frente al terror, pero no tenemos miedo”, responde. El diseñador dice no arrepentirse de nada: “¿Por qué tendría que hacerlo? Siempre me quedará mi integridad”. Aunque, justo antes de despedirse, le entra una duda: “Puede que mi único error haya sido tener demasiada fe en el hombre. Puede que haya sido excesivamente utópico”.

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