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La guerra de las ondas

Regímenes autoritarios y potencias emergentes apuestan por la expansión internacional

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Las televisiones de una tienda de Moscú muestran a Putin en 2014.

Cuando el empresario estadounidense Ted Turner lo fundó, en la década de los 80, CNN era el único canal de 24 horas de noticias en el mundo. Hoy hay más de un centenar. Y casi todos han surgido en la última década. Los más importantes no son negocios privados: son auténticos imperios mediáticos levantados con fondos públicos. Rusia, China, Qatar, Irán o Venezuela los presentan como una alternativa al predominio del mensaje occidental y una vía para llevar sus ideas al debate global y consolidar mercados. Algunos expertos los consideran, en cambio, artillería pesada para contrarrestar los avances democráticos en el mundo.

Lo cierto es que estos nuevos gigantes son una manifestación de los cambios geopolíticos y económicos que vive el planeta. Entre ellos, no obstante, hay diferencias sustanciales. La indiscutible calidad informativa de la catarí Al Jazeera contrasta con la propaganda agresiva de la plataforma rusa, notoria sobre todo en la cobertura del conflicto con Ucrania. La ofensiva exterior del Kremlin, centrada en la televisión RT, se completó en noviembre con Sputnik, un portal de noticias en Internet y radio presente en 130 ciudades. Simultáneamente, medios occidentales tradicionales, como la británica BBC, recortan plantillas y coberturas. Y mientras CNN cuenta con tres oficinas en América Latina, la china CCTV ha abierto ya una docena. La guerra mundial de la información se encuentra en pleno fragor.