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Juncker encuentra resistencia en Berlín para disolver la troika

Grecia plantea renunciar a una quita a cambio de bonos ligados al crecimiento

El ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble. REUTERS-LIVE

Alemania escenificó este lunes su oposición a la idea de la Comisión Europea de romper la troika en Grecia, aunque en privado Berlín muestra un tono más conciliador. La negociación sobre el rescate de Grecia no ha empezado aún y abundan las poses, en Atenas y en Berlín. Y en varias capitales más, que empiezan a expresar sus simpatías por las posiciones de unos y otros: Francia e Italia son los principales aliados de Grecia, y España y Portugal se han sumado al frente de los acreedores. Pero entre las exigencias de Grecia y las líneas rojas de Alemania hay espacio para el acuerdo, y en ese margen entra en juego el futuro de la troika, tal como adelantó este lunes este diario.

La Comisión apuntó que primero habrá que escuchar las propuestas del primer ministro griego, Alexis Tsipras, que viaja mañana a Bruselas. Pero confirmó que tiene en mente un plan, una solución de compromiso para evitar un accidente: su idea es proponer una reestructuración de la deuda griega que excluya a toda costa una quita, y a la vez dar a Tsipras una concesión simbólica con el desmantelamiento de la troika siempre que los socios del euro estén a favor.

Alemania no lo está. “No hay ningún motivo para apartarse de ese acreditado mecanismo”, dijo una portavoz de Merkel, pese a que varios medios alemanes publicaron que Berlín estaría dispuesta a aceptar una “reforma” de la troika (Comisión, BCE y FMI). El ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, añadió que no se puede tomar ninguna decisión al respecto “de forma unilateral”. La Comisión recogió el guante y explicó que esa medida requiere “la unanimidad” de los socios del euro, pero dejó claro que hay margen para el acuerdo. Los portavoces de Bruselas recordaron una frase de la investidura de Juncker ante la Eurocámara en julio: “En el futuro habría que reemplazar la troika por una estructura dotada de mayor legitimidad democrática”. “Si hay voluntad política todo es posible”, añadieron fuentes europeas.

Esa es la clave: voluntad política. Atenas elevó el tono la semana pasada e hizo más difícil la negociación, aunque Tsipras y su ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, han iniciado una ronda de entrevistas para recabar apoyos y han suavizado paulatinamente el mensaje. Varoufakis pasó este lunes por Londres y, tras entrevistarse con su homólogo británico, dio algunas pistas del plan que tiene en mente. El ministro propone, según dijo al Financial Times, un intercambio de deuda viva por bonos ligados al crecimiento y el compromiso de que el Gobierno mantendrá en el futuro un superávit primario —es decir, descontado el pago de intereses— y atacará a los grandes evasores fiscales para tratar de cubrir el agujero de las finanzas públicas griegas. Y, para demostrar que Atenas está dispuesta a hacer sacrificios, Varoufakis dijo que renunciaría a una quita en su deuda de 315.000 millones de euros.

“El enfrentamiento entre Grecia y la eurozona es el mayor riesgo para la economía global”, avisó el ministro de Economía británico, George Osborne, en Londres, informa Pablo Guimón. Frente al tono constructivo que presidió ese encuentro, desde Berlín siguieron llegando las advertencias de Schäuble: “Comisión, BCE y FMI deben estar involucrados en el rescate griego aunque la troika tenga una carga simbólica negativa. Eso fue lo acordado y los tratados no pueden cambiarse”, apuntó. Y no: no pueden. Al menos, cuando no hay voluntad política.

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