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Carrera contrarreloj para pacificar el conflicto en Ucrania

La iniciativa francoalemana pretende culminar un acuerdo global en una cumbre con Putin y Poroshenko el miércoles. Rusia exige avances tangibles para asistir

Tres sanitarias atienden en un hospital a un hombre herido, este domingo en la localidad ucrania de Artemivsk.

Los líderes de Alemania, Francia, Rusia y Ucrania se reunirán el miércoles en Minsk, la capital de Bielorrusia, para respaldar un plan de regulación del conflicto con los separatistas prorrusos de las regiones de Donetsk y Lugansk (este de Ucrania), si para entonces se han allanado los puntos más arduos debatidos por la canciller Angela Merkel y los presidentes François Hollande, Vladímir Putin y Petró Poroshenko, en el maratón diplomático iniciado el jueves para resolver un conflicto de un año en el que han muerto unas 5.400 personas.

De armonizar las posiciones se encargarán este lunes en Berlín los viceministros de Exteriores y, el martes en Minsk, los miembros del denominado “grupo de contacto”. Este está formado por delegados de Rusia, Ucrania, los insurgentes de las denominadas repúblicas populares de Lugansk y Donetsk (RPD y RPL) y representantes de la OSCE.

Una conversación telefónica entre Hollande y Merkel y sus dos anfitriones —Poroshenko los recibió el jueves en Kiev y Putin, el viernes en Moscú— dio luz verde este domingo a la cumbre de Bielorrusia. Putin lo anunció en Sochi mientras recibía al presidente bielorruso, Alexandr Lukashenko. Tras informar a Lukashenko de que acababa de hablar con sus colegas, dijo: “Nos hemos puesto de acuerdo en que intentaremos organizar el encuentro”. Y añadió: “Nos orientamos hacia el miércoles, si para entonces se ha logrado concertar varios puntos que hemos debatido intensamente en los últimos tiempos”, según la transcripción divulgada por el Kremlin. A las frases condicionales de Putin, el bielorruso respondió con precisión: “El miércoles por la noche, como ha propuesto, organizaremos todo”.

Los mandatarios no han revelado los detalles del acuerdo que preparan, pero a juzgar por las filtraciones, el plan se basa en los acuerdos que fueron firmados en Minsk en septiembre —que implicó una tregua nunca respetada—, aunque contiene nuevos elementos aportados por los integrantes del denominado formato de Normandía (Alemania, Francia, Rusia y Ucrania) y correcciones motivadas por la situación sobre el terreno, después de que los separatistas ampliaran en 500 kilómetros cuadrados su territorio en relación al que dominaban en septiembre.

El coronel Andréi Lisenko informó este domingo en Kiev de que en la última jornada las tropas leales al Gobierno ucranio sufrieron 12 bajas mortales y 24 heridos en combate y que la situación más difícil se daba en Debáltsevo, un importante nudo de comunicaciones entre Lugansk y Donetsk. Cinco civiles perecieron en esa ciudad. La población está siendo evacuada: 3.876 personas, incluidos 794 niños y 78 impedidos, fueron evacuadas desde Debáltsevo y Avdeevka, entre el 28 de enero y el 6 de febrero, según la OSCE.

Es posible que el acuerdo entre las partes, si se produce, no sea lo óptimo para Ucrania en relación con el ejercicio real de su soberanía sobre el territorio que le es reconocido internacionalmente. Pero la alternativa a la ofensiva diplomática de alto nivel, que los líderes europeos han consensuado con EE UU, es una guerra desestabilizadora para todo el continente.

El portavoz gubernamental alemán Steffen Seibert dijo que las conversaciones de los líderes europeos con Putin habían sido “sustanciales”. Se espera que el presidente norteamericano Barack Obama decida esta semana sobre el envío de armas defensivas a Ucrania. En la Conferencia de Seguridad de Múnich, el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov dijo, según la agencia Interfax, que la entrega de armamento al Ejército ucranio “es una mala idea” que “solo puede agravar la profunda crisis de Ucrania” y que ese material puede “caer en malas manos”, “especialmente considerando que el presidente de Ucrania no tiene el monopolio total sobre los cuerpos militares y de seguridad”.

El alto el fuego y la creación de una zona desmilitarizada en las regiones de Donetsk y Lugansk son puntos que figuraban en los planes firmados en septiembre, pero que no se han llevado a la práctica de forma estable hasta ahora. La disociación entre la realidad y lo acordado hace necesario un mecanismo de control más eficaz que el actual, que consiste en un número limitado de observadores de la OSCE con competencias muy restringidas en la frontera ruso-ucrania. Un alto el fuego, el control del memorando de Minsk y, tal vez, un estatus especial para la región de Donbás (que incluye Donetsk y Lugansk) son las cuestiones básicas a tratar, señalaba Interfax, citando una fuente vinculada a la preparación de la cumbre.

El plan europeo se basa en un pacto de septiembre nunca llevado a cabo

En Múnich, Poroshenko dijo que esperaba que la cumbre lleve a “un rápido alto el fuego sin condiciones previas”, pero un estatus especial para Donbás requeriría cambios constitucionales y no está claro que Poroshenko lograra impulsarlos. Por otra parte, un mecanismo de control de alto el fuego en manos de Rusia sería inaceptable tanto para Poroshenko, que se define como “un presidente para la paz” como para el primer ministro Arseni Yatseniuk, que desde Moscú es visto como el líder del “partido de la guerra”. Rusia, no obstante, podría tal vez ser diluida en una misión de cascos azules ya sea de la ONU o de la OSCE, si hubiera garantías de que no se saldría del guion trazado.

En Donetsk, los separatistas reaccionaron positivamente. El representante de la RPD Denís Pushilin estuvo de acuerdo en la necesidad de “un contingente pacificador o de observación” y de una zona desmilitarizada. El presidente francés se había referido a una franja de 70 kilómetros de anchura, más del doble de lo acordado en septiembre, cuando se contemplaba una zona de 30 kilómetros.

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