El Gobierno de Venezuela estrecha el cerco sobre las empresas privadas

Dos ejecutivos de importantes compañías y el director del gremio de clínicas y hospitales privados han sido detenidos esta semana

Colas a las puertas de un supermercado en Venezuela EFE

El doctor Carlos Rosales, presidente de la Asociación de Clínicas y Hospitales de Venezuela, alertó en una entrevista en un canal de televisión local sobre la poca disponibilidad de insumos y equipos médicos. “Hay entre un 60% y un 70% de escasez de medicamentos y la mitad de los equipos están paralizados por falta de repuestos. Los pacientes con enfermedades crónicas no están cumpliendo con el tratamiento prescrito y corren el riesgo de presentar complicaciones”, advirtió el miércoles pasado. Dos días después, fue detenido por el Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) en su residencia de Valencia, en el centro del país, para que explicara sus declaraciones. La policía política venezolana le pidió que no usara expresiones “que pudieran causar alarma entre la población”. Más tarde fue liberado.

En algún momento se temió que Rosales corriera la misma suerte que Pedro Luis Angarita, presidente ejecutivo de Farmatodo, la empresa de farmacias más conocida del país, con más de 160 establecimientos, y de Manuel Morales, director de los supermercados Día a Día, que fue detenido por la policía política a las puertas del palacio presidencial de Miraflores, después de salir de una reunión con el ministro de Alimentación Carlos Osorio. Ambos se enfrentan a cargos por boicot y desestabilización de la economía. Según la Ley Orgánica de Precios Justos, podrían ser condenados a dos años de cárcel.

Los tres casos confirman que el régimen venezolano está trasladando a la empresa privada la responsabilidad de la escasez y la carestía, que acogota desde hace año y medio a todos los venezolanos. “Los empresarios ahora engrosarán la lista de presos políticos de este Gobierno", afirmó Jorge Roig, presidente de Fedecámaras, la federación que agrupa a los gremios de patronos en Venezuela, en su cuenta de Twitter.

El régimen venezolano está trasladando a la empresa privada la responsabilidad de la escasez  de  bienes y servicios básicos

Después de un inicio de año crítico, el Gobierno está decidido a atacar no las causas, sino a las consecuencias del modelo económico. Lo más visible son las enormes filas que se forman fuera de los locales en los que se venden productos subsidiados que se importan o producen cada vez en menor cantidad. La batida iniciada por la Administración del sucesor de Chávez pretende eliminar las colas acusando a los comercios de generarlas con el objetivo último de derrocarlo.

El chavismo no solo elabora leyes sobre la marcha para castigar a lo que llama “la burguesía apátrida”, encarnada por el empresariado que busca maximizar sus ganancias. Para tratar de mantener el menguado valor del bolívar, la moneda venezolana, quiere obligar al empresariado a vender a precios regulados sin tomar en cuenta la inflación, que en un año alcanzó el 63%.

En ese afán de encontrar a un responsable le ha tocado el turno al Supermercado Día a Día, una cadena de 35 pequeñas tiendas en 16 ciudades y siete provincias de Venezuela, que atiende desde 2005 a los sectores populares del país vendiendo productos de la cesta básica en pequeñas presentaciones. Se trata de una poderosa idea que se desarrollaron el hoy detenido Morales y su socio José Vicente Aguerrevere durante el apogeo del chavismo, después de entender que en América Latina los canales informales de distribución dominan entre el 60% y el 70% del mercado. “El pobre siempre compra dentro de su comunidad”, afirma Aguerrevere desde Estados Unidos.

A Aguerrevere le cuesta entender cómo acusan a su socio de boicotear la economía si el Gobierno autoriza los despachos hacia sus tiendas a través del sistema SICA, un mecanismo mediante el cual el Gobierno conoce desde hace varios años en tiempo real el movimiento, las cantidades y los tipos de productos que entran y salen del almacén de la zona industrial de La Yaguara, en el oeste de Caracas. “Nuestro inventario va en consonancia con la política de reposición de productos que tenemos. Las tiendas son pequeñas y es normal que en nuestro almacén estén la mayoría de los productos. Además, ¿con qué fin vamos a acapararlos si el 70% de lo que vendemos está regulado y el precio de venta justo ya viene impreso en la presentación?”, se pregunta.

El presidente Maduro ha ordenado que la red estatal Pdval asuma el control del abastecimiento del supermercado Día a Día, sin precisar si esta ha sido expropiada u ocupada de forma temporal. La ocupación de la cadena pone nuevamente de relieve la difusa línea que existe entre acaparamiento e inventario. Para huir hacia adelante el régimen está sacando rédito de esta indefinición.

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