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Desaparecidos cerca de 300 inmigrantes en el Canal de Sicilia

La alcaldesa de Lampedusa critica la eficacia de la misión de rescate de la UE

Que esto se veía venir no es una frase hecha. La última gran tragedia en el Canal de Sicilia —29 inmigrantes muertos por hipotermia y unos 300 desaparecidos al volcarse las lanchas neumáticas en las que pretendían llegar a Italia desde Libia— supone la dramática constatación de una advertencia realizada por las autoridades italianas en octubre de 2014. Aquel mes no solo se cumplía el primer aniversario de la catástrofe de Lampedusa (a primeros de octubre de 2013, dos naufragios sucesivos provocaron la muerte de 366 inmigrantes, muchos de ellos niños), sino que la Unión Europea ponía en marcha una operación de patrullaje y rescate llamada Tritón para relevar a la italiana Mare Nostrum, que en solo un año había logrado salvar la vida de 150.000 inmigrantes y detener a 330 traficantes. Pero Tritón no solo llegaba tarde, sino con muchos menos recursos económicos –2,9 millones euros al mes frente a los nueve de Mare Nostrum— y capacidad operativa.

El sábado, según el relato realizado por algunos de los 88 supervivientes, partieron de una playa cercana a Trípoli (Libia) cuatro lanchas neumáticas con alrededor de un centenar de inmigrantes a bordo cada una. Los traficantes les quitaron sus pertenencias y, a pesar del mal tiempo, los remolcaron hasta alta mar. Dos días después, el lunes por la tarde, una primera lancha fue socorrida por los guardacostas italianos, que solo pudieron salvar la vida a 79 personas. Otras 29 murieron por hipotermia. Más tarde se encontraron otras dos lanchas similares, pero en una solo quedaban dos de los pasajeros y en la otra, siete. Al llegar a Lampedusa, algunos de los supervivientes —procedentes del África subsahariana— dijeron que habían visto morir a 200 personas. Unas horas más tarde, Carlotta Sami, portavoz de la agencia de la ONU para los refugiados, aseguraba que la tragedia había sido aún mayor: “Los supervivientes han confirmado que, además de las 203 personas que viajaban con ellos y que se ha tragado el mar, había otra cuarta embarcación. Por tanto, no sabemos qué ha pasado con otro centenar de personas”.La Operación Mare Nostrum, puesta en marcha por el Gobierno de Enrico Letta apenas dos semanas después de la tragedia de Lampedusa, logró salvar la vida a 150.000 personas en un año, a pesar de que la derecha italiana —con Matteo Salvini, el emergente líder de la Liga Norte a la cabeza— se opuso de manera frontal alegando que provocaba un efecto llamada a la inmigración ilegal. Como explica Giusi Nicolini, la alcaldesa de Lampedusa, con la rabia de vivir de nuevo en directo el drama de la inmigración, “los que antes fingieron no entender, ahora fingirán no ver”. “Tal vez fuese verdad que con Mare Nostrum llegaban más inmigrantes”, añade la alcaldesa, “pero al menos llegaban vivos. Ahora llegan muertos. Tritón no es una operación humanitaria. Solo está concebida para salvaguardar las fronteras. No sirve para nada, ni para salvar a la gente ni siquiera para dar la voz de alarma. Las llamadas de socorro las han tenido que dar los pobres inmigrantes”.

Alerta a la Guardia Civil

ANA CARBAJOSA, Madrid

Un senegalés residente en España dio la alerta el pasado domingo a la Guardia Civil del peligro de naufragio frente a las costas italianas. Uno de los cientos de personas que viajaban en las pateras naufragadas telefoneó a su hermano en España para decirle que habían salido de Libia y que pronto entrarían en aguas italianas. El familiar recibió la llamada casi a las dos de la tarde del pasado domingo, según un portavoz de la Guardia Civil. Casi tres horas más tarde, a las 16.47, el hermano del hombre que llamó desde la patera se presentó en el puesto de la Guardia Civil de San Javier (Murcia). Allí informó de que una barcaza había partido de Libia cargada de personas con la intención de tocar las costas italianas. Su hermano le había pedido que avisara a la policía italiana para que fueran a buscarles.

En España se activó el protocolo en el centro de coordinación marítima y en minutos las autoridades italianas recibieron el aviso junto con el número de teléfono del senegalés embarcado, según la Guarda Civil.

Una flotilla de cuatro pateras partió de las costas de Libia, cerca de Trípoli, a última hora del sábado, según el relato del Alto Comisionado para los Refugiados de Naciones Unidas. Cada una llevaba cerca de un centenar de personas a bordo.

El mecanismo por el que los inmigrantes o refugiados avisan a una tercera persona —en el país de destino o incluso en otro diferente— de su situación y en ocasiones también de su posición es muy habitual. Los traficantes acostumbran a entregar a los ocupantes de las pateras un teléfono con un número al que deben llamar cuando ellos se dan a la fuga en alta mar.

El ataque de la alcaldesa de Lampedusa a Tritón por su ineficacia ha sido respaldado por personalidades italianas como la presidenta del Senado, Laura Boldrini, o el ministro de Asuntos Exteriores, Paolo Gentiloni, e incluso europeas como Nils Muiznieks, comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa. Pero la sola denuncia es a todas luces insuficiente. Y por ello el ex primer ministro Enrico Letta —convencido europeísta, pero no por ello menos consciente de la lentitud e ineficacia de la UE en materia de inmigración— ha pedido con contundencia la puesta en marcha de nuevo de la operación Mare Nostrum, “lo quieran otros países europeos o no, haga perder votos o no”, subrayó en un mensaje de Twitter.

Ya en octubre de 2014, la entrada en funcionamiento de la operación Tritón hizo temer que, más que ayudar, pudiese provocar duplicidades e incluso una cierta tentación por parte del Gobierno italiano de reducir el esfuerzo y la inversión, cuando no hacer la vista gorda ante una actitud política —la ayuda a los inmigrantes— que concita en Italia el rechazo de los partidos más populistas.

Ante la avalancha de críticas, Izabella Cooper, la portavoz de Frontex, la agencia europea que gestiona el operativo Tritón, se defendió diciendo que su mandato se limita a “ofrecer asistencia técnica a los Estados miembros para patrullar las fronteras; no se puede esperar más”.

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