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El adoctrinamiento yihadista, de Setmarian a las redes sociales

Mustafá Setmarian, sirio con nacionalidad española, teorizó los atentados de París y Copenhague años antes de que se produjeran

Mustafá Setmarian, en una foto de 2004 cedida entonces por el gobierno de EE UU.

Estudiosos del islamismo violento como el francés Gilles Kepel engloban en la denominada tercera generación de yihadistas a los autores de los más recientes atentados en Europa. La primera estaría encuadrada en la guerra de los talibanes contra los soviéticos en Afganistán, mientras que la segunda surgiría al calor de la invasión de Irak liderada por Estados Unidos a principios de este siglo.

El analista Petter Nesser, del Instituto Noruego de Investigación en Defensa, detalla que esta última generación “nace y crece” generalmente en suelo europeo, pertenece a lo que llama “la yihad global en Europa”, y advierte de que “está siendo cada vez más diversa desde el punto de vista táctico”. ¿Por qué? “Porque los yihadistas”, argumenta este especialista, “han descentralizado y movilizado a una nueva generación de europeos a través del activismo local y las redes sociales”. Y da nombres y apellidos a modo de ejemplo: entre los predicadores salafistas (portavoces del islam integrista, base ideólogica también del Estado Islámico o Al Qaeda) que Nesser reconoce como representativos están el egipcio Abu Hamza (preso en Reino Unido), el británico Anjem Choudary, habitual en Twitter y comentarista de medios como CNN, y el sirio Omar Bakri, que viven en Líbano.

Estos dos últimos sirven de inspiración teórica para uno de los sellos de este “activismo local” del que habla Nesser, conocido como Sharia4 y con ramificaciones en varios países europeos. Su brazo belga fue sentenciado en Amberes el pasado día 11. El magistrado, que considera Sharia4Belgium una “organización terrorista” condenó a 12 años de prisión a su líder, Fuad Belkacem, acusado de “preparar a jóvenes física y psicológicamente para el combate”.

Vinculados a esta plataforma yihadista en su versión española estaban los seis detenidos en Melilla en mayo pasado por reclutar a combatientes para Siria y Malí. “También existe en Dinamarca”, comenta por teléfono el periodista y sociólogo danés Aydin Soei, que conoció en 2011 a Omar el Hussein, el supuesto autor del atentado contra un centro cultural y una sinagoga en Copenhague el sábado pasado. “Lo que ha pasado con El Hussein es parte de un problema europeo”, dice Soei. Según el perfil que traza este sociólogo, el danés Hussein fue expulsado en 2013 de la banda de delincuentes a la que pertenecía por ser demasiado violento. Para entonces ya sabía usar un arma. “No necesitaba ir a Afganistán para aprender”, dice Soei, que recuerda que mientras en Madrid y Londres los atentados fueron suicidas, en París o Copenhague siguieron el patrón de “las bandas”.

El primero en teorizar sobre la yihad moderna fue el hispano-sirio Mustafá Setmarian, de Al Qaeda, en La llamada a la resistencia islámica global, 1.600 páginas publicadas en 2004.

Setmariam fue muy claro: “El terror yihadista o de células según la guerra urbana o suburbana de las bandas es esencial para cansar al enemigo y hacerle alcanzar un estado de colapso y retirada”.

La madrileña Helena Moreno, según relató a este diario hace cuatro años, perdió el rastro de su marido en octubre de 2005. Alguien le llamó por teléfono entonces para decirle que había desaparecido y que estuviera atenta a las noticias. Su marido, Mustafá Setmarian, sirio con nacionalidad española, había sido arrestado por EE UU en Quetta (Pakistán). Setmarian, conocido también como Abu Musab al Suri, formaba parte, según los servicios de inteligencia, de Al Qaeda central. Pese a que Moreno solo creía que su marido era un intelectual del islam, un año antes de desaparecer ya había publicado una obra magna (La llamada a la resistencia islámica global, de 1.600 páginas) sobre la teoría militar de la yihad, sustento ideológico de la ola de atentados cometidos en Europa en la última década, con París, Bruselas y Copenhague como últimos escenarios de terror integrista.

“La teoría militar de la llamada a la resistencia”, decía en su libro Setmarian, publicado en 2004, pero esbozado en los noventa, “se sustenta en una yihad basada en dos aspectos: el terrorismo yihadista individual y el trabajo encubierto de pequeñas células desconectadas entre sí, y [en segundo lugar] la participación en un frente yihadista abierto allí donde las condiciones lo permitan”. En la práctica —unos años después—, atentados como los de los Kouachi en París —que Setmarian creía más eficaces que la guerra abierta contra EE UU— y el combate junto al grupo terrorista Estado Islámico (EI). Especialmente revelador es lo que el sirio-español dice de uno de los que cree terrenos fértiles para la yihad, el área de Levante e Irak: “cumple con todos los requisitos para [ser] un frente abierto de confrontación, especialmente en las colinas del norte y oeste de Irak y en el norte y oeste de Siria”.