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Thor ya tiene su gran templo

Islandia construye un santuario para adorar a los dioses de la tradición vikinga

La irrupción del cristianismo, hace mil años, arrinconó las ceremonias paganas

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El alto sacerdote islandés, Hilmar Orn Hilmarsson, en una ceremonia en Reikiavik, en junio de 2012. Reuters

Suena muy islandés: director de arte, músico, vanguardista con los sintetizadores —ha colaborado con la banda de pop-rock Sigur Rós—, pero, sobre todo, alto sacerdote de Asatruarfelagid, la asociación que reúne a los neopaganos de Islandia. A sus 56 años, Hilmar Orn Hilmarsson va a ver con sus propios ojos cómo se levanta, por vez primera en un millar de años, un templo pagano dedicado a los dioses nórdicos, los de la tradición vikinga, bien conocidos en la cultura popular como Thor, Odín y su esposa Friga. “Será el primer templo real”, apostilla al teléfono Hilmar —en Islandia se prefiere el uso del nombre de pila—. Porque haberlos haylos, más humildes, en Suecia, Alemania... y España. “Sí, sí, vienen españoles a visitarnos”, continúa Hilmar, minutos después de oficiar un funeral.

Según cifras de Asatruarfelagid, el número de fieles registrados asciende a 2.488 (de una población en la isla de 320.000 habitantes). Las estadísticas oficiales, no obstante, cifran en un 5% los ciudadanos que practican el Asatrú en el país nórdico. Por si aún parecen pocos los neopaganos, Hilmar aclara: “Somos la iglesia no cristiana con más seguidores en Islandia” —el 80% de los islandeses practican el luteranismo—. Asatruarfelagid echó a andar en 1972. Desde entonces, sus seguidores, contados tan solo por decenas en los primeros años, tuvieron en mente levantar un templo que diera a sus dioses el lugar que la expansión del cristianismo llegado del sur les quitó hace 1.000 años. “El sitio que usamos actualmente”, explica el alto sacerdote (allsherjargodi), “se nos ha quedado pequeño”.

El asatrú es religión oficial en España desde 2007. Sus fieles se reúnen en Navas de Jorquera (Albacete)

En 2006, los paganos islandeses se hicieron con un pedazo de terreno en la colina Oskjuhlid, a las afueras de Reikiavik y con unas vistas privilegiadas de la capital islandesa. Dos años después, el colapso de la banca dejó cualquier aventura inmobiliaria en el aire. Hasta ahora. Bajo la firma del arquitecto Magnus Jensson y con un coste de 860.000 euros, el hof (nombre de este tipo de templo), previsto para otoño de 2016, penetrará con un estilo modernista cuatro metros bajo el suelo para levantar una suerte de cuenco cerrado, afilado hacia el exterior y abovedado en el centro, con una altura final de 11 metros. Su interior tendrá capacidad para unas 400 personas.

El hof de Oskjuhlid será un referente sin igual en el mundo para el neopaganismo. También en España. La Comunidad Odinista de España-Asatrú (COE), nacida en 1981, recibió del Gobierno el sello de religión oficial en 2007, el mismo año en el que lo lograron sus correligionarios suecos. Se equiparaban así a los islandeses, noruegos y daneses. “Antes de eso éramos alegales”, confiesa al teléfono Ernesto García, ingeniero de Minas y presidente de la COE. García admite que “Islandia es siempre una referencia”, que “no hay nada en el mundo” como lo ideado por el arquitecto Jensson, pero saca pecho con el santuario que los odinistas españoles tienen en Navas de Jorquera (Albacete), un fortín de piedra donde llevan a cabo sus ceremonias. “Lo nuestro, eso sí, está hecho a nivel pionero, más humilde”, señala.

La COE cuenta con unos 2.000 fieles registrados, pero estima que son más de 10.000 en España los que “simpatizan” con este paganismo, una religión politeísta, no dogmática, sin verdades absolutas, sentada sobre la base de la armonía entre hombre, naturaleza y dioses, con el honor y la honestidad como señas de identidad. Y su arraigo va in crescendo: “Los últimos años”, dice García, “hemos crecido un 300% y 400%”. ¿Qué ofrece para estar de moda? “No nos imaginamos a Odín con un solo ojo o a Thor con el martillo”, contesta el presidente de la COE; “queremos una religión moderna, una herramienta para conducir la vida y no tener miedo a la muerte”.