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La primavera de los medios digitales en Venezuela

Afloran las iniciativas independientes en la Red ante el control de los medios tradicionales

Varios opositores escriben en un mural, en una protesta el 28 de febrero en Caracas. REUTERS

Las cada vez mayores restricciones a las que se enfrentan los medios tradicionales en Venezuela están teniendo un inesperado efecto colateral. Ante la caída de la publicidad y las crecientes presiones del poder político y económico, florecen en el país las iniciativas de grupos de periodistas que buscan en la Red un espacio de independencia en un sistema informativo en crisis. Son varias las nuevas cabeceras digitales lanzadas en los últimos meses, especialmente tras el bloqueo informativo posterior a las protestas que dividieron al país entre febrero y julio del año pasado.

“La situación de los medios tradicionales ha provocado que muchos periodistas abandonen sus redacciones, bien sea por haber sido despedidos al no acatar órdenes de censura, o por una decisión voluntaria, y están migrando hacia medios que comienzan a desarrollarse en las plataformas digitales”, explica Marianela Balbi, directora ejecutiva del Instituto Prensa y Sociedad Venezuela (Ipys-Venezuela), filial venezolana del homónimo observatorio de medios de Perú. “En el último año, a raíz de los cambios en la propiedad de medios y los flagrantes casos de censura, han surgido medios digitales que buscan sustituir la oferta informativa que no están ofreciendo los medios tradicionales”, añade. Según un estudio de Ipys-Venezuela, publicado en octubre del año pasado, el 34% de los periodistas encuestados reconocen que han sido censurados por poderes estatales, especialmente por el ejecutivo.

Es el caso de Laura Weffer, periodista de investigación que dejó su periódico tras ver censurado un reportaje sobre las llamadas guarimbas, las protestas callejeras. “Trabajaba en Últimas Noticias y escribí una crónica en la que retrataba a los protagonistas de la protesta y a los agentes. Y finalmente no gustó porque consideraron que yo estaba nivelando a unos ‘delincuentes’ con la policía. La humanización resultó subversiva en un contexto en el que existe la tendencia por parte del poder a deshumanizar al otro, a aumentar la desconfianza”, relata. Un año y medio después, Weffer acaba de estar en Madrid para presentar su nuevo proyecto y lanzar la campaña de crowdfunding (mecenazgo colectivo) para financiarlo: el diario digital Efecto Cocuyo. El nombre es una declaración de intenciones. El cocuyo es un insecto parecido a las luciérnagas. “Descubrimos que antiguamente los indígenas agarraban un puñado de cocuyos y andaban con ellos para aclarar el camino. Así que pensamos que muchos cocuyos reunidos crean el ‘efecto cocuyo’, la posibilidad de traer luz en medio de la oscuridad”, explica. Dos días después de su lanzamiento en Twitter tenían ya 12.000 seguidores y un mes más tarde, más de 30.000.

A esta nueva galaxia de medios pertenecen también páginas como Poderopedia, versión venezolana de la homónima plataforma de periodismo de investigación chilena, Runrun.es, fundada por el conocido periodista Nelson Bocaranda, y Armando.info. La idea de Armando nació hace cuatro año y desde hace unos meses se ha convertido en un proyecto profesional. Sus fundadores, Joseph Poliszuk, Alfredo Meza y Ewald Scharfenberg –estos últimos colaboradores de este diario– pretenden publicar con frecuencia semanal investigaciones y reportajes que no tienen cabida en los medios tradicionales. “Durante las protestas tuvimos un boom y ahora vamos por oleadas, ya que no queremos competir con medios que cubren el día a día, sino contar historias que no han sido tratadas”, comenta Poliszuk, por teléfono desde Caracas.

Distinto es el planteamiento de Contrapunto, un portal de noticias generalista, lanzado en junio de 2014. “En un país fuertemente polarizado y con los medios de comunicación atrincherados, sea para hablar a favor del gobierno o en contra y definir así su forma de ser, nosotros queríamos ocupar un espacio que estaba abandonado, tratando no de estar en el centro sino de hablar a ambos sectores, con las dificultades que esto implica”, comenta su director Felipe Campos. Nueve meses después tienen 600.000 visitas al mes y 50 empleados. A diferencia de otros proyectos, Contrapunto cuenta con financiación tanto pública –tienen anuncio del estado de Miranda, gobernado por el excandidato de la oposición a la presidencia Henrique Capriles, como de la alcaldía de Sotillo, cuyo regidor es chavista– como privada. “Cualquier medio vive de la inversión pública y privada. Y bienvenida sea, porque como yo no tengo por qué aceptar presiones de Coca Cola tampoco las tengo que aceptar de Pdvsa [la compañía petrolera estatal]”, dice.

En opinión de la directora del Ipys-Venezuela si para los medios tradicionales, los problemas han surgido de las presiones directas o indirectas –a través de cambios de propiedad– del poder político, de las restricciones al acceso de divisas para la compra de papel para la prensa, o del uso de mecanismo legales para hostigar a periodistas críticos, las nuevas cabeceras digitales tienen dos grandes desafíos: cómo hacer llegar sus mensajes a la extensa población de las clases más desfavorecidas y ganarle la batalla a las cifras de acceso a Internet y a la velocidad de conexión. En Venezuela los usuarios de la Red por cada 100 habitantes son 54,9, según los datos del Banco Mundial (en España la cifra asciende a 71,6). Un buen aliado en la difusión son las redes sociales que, según Balbi, “se han convertido en el primer canal para estar informados”.