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​Maduro aprovecha las sanciones de Estados Unidos para reforzar su poder

Las medidas de la Casa Blanca enconan la crisis política de Venezuela

Maduro presenta en el Congreso su petición de poderes especiales. AFP

Enfrascado desde hace semanas en un duelo cara a cara con Washington, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, no pudo o no quiso responder con una represalia proporcional al nuevo desafío de la Administración de Barack Obama, que el lunes anunció sanciones para siete funcionarios venezolanos —incluidos seis militares— y declaró a Caracas como una amenaza “inusual y extraordinaria” para los intereses estadounidenses. Una actitud, la de Maduro, que unida a las reacciones que ha suscitado en diferentes organismos y líderes de la región, críticos con la decisión de Washington, enconan aún más la situación política que vive Venezuela.

Tras la decisión de la Casa Blanca, en cambio, el sucesor de Hugo Chávez al mando de la autodenominada Revolución Bolivariana optó por las piruetas retóricas y por dar otra vuelta de tuerca al control que intenta reforzar sobre su atribulado frente interno.

En una alocución de más de dos horas, transmitida por las cadenas nacionales de radio y televisión el lunes por la noche, Maduro, que calificó como “muy grave” la Orden Ejecutiva emitida por el presidente Obama, replicó que pediría a la Asamblea Nacional —ampliamente dominada por el chavismo— poderes especiales mediante una Ley Habilitante “para enfrentar el imperialismo”.

En efecto, Maduro ha acudido un día después al parlamento para presentar un proyecto de Ley cuyo contenido no describió. Solo adelantó este martes en la noche que, con sus nuevos poderes especiales, estará facultado para "mejorar el poder judicial", de modo que no haya necesidad, dijo, de decretar un estado de excepción aún en medio de una conflagración bélica. Anticipó también que el instrumento le dotará de la capacidad para proteger al país de lo que denominó "quintas columnas (...) que se la pasan mintiendo y tuiteando todos los días".

Maduro dispuso de una habilitación legislativa a lo largo del año 2014, pero referida a temas de Economía. En este caso, todo permite suponer que legislará por decreto en torno a asuntos de seguridad nacional y orden público.

Además, el presidente designó el lunes ante las cámaras de televisión a unos de los militares sancionados por Estados Unidos, el mayor general Gustavo González López, como nuevo ministro del Interior. González viene de dirigir el cuerpo de policía política Sebin (Servicio Bolivariano de Inteligencia) y el Centro de Información y Contrainformación gubernamental (Cesppa).

​Aliados regionales

Fidel Castro. En una carta divulgada ayer por los medios oficiales, el expresidente cubano felicitó a Nicolás Maduro por su “brillante y valiente” discurso ante los “brutales planes” de Estados Unidos contra Venezuela.

Rafael Correa. En su cuenta de Twitter el presidente de Ecuador criticó la iniciativa de Obama: “Debe ser una broma de mal gusto, que nos recuerda las horas más oscuras de nuestra América, cuando recibíamos invasiones y dictaduras impuestas por el imperialismo”.

Evo Morales. El presidente boliviano pidió el lunes a Unasur que contemple la posibilidad de declarar el estado de emergencia “frente a la agresión de [Barack] Obama”. “Debemos defender entre todos América Latina y el Caribe, porque Venezuela es parte nuestra”, dijo, según la Agencia Boliviana de Información.

Durante su alocución del lunes, Maduro caracterizó las sanciones estadounidenses como virtuales “condecoraciones” que se les habrían impuesto a los funcionarios y que, por tanto, deberían funcionar como acicate para un mayor esfuerzo revolucionario. El presidente también enarboló las sanciones como un estímulo para la reunificación nacional ante “la agresión imperialista”. Invocó las proclamas nacionalistas del presidente Cipriano Castro, El Cabito, quien en 1902 enfrentó casi sin pertrechos militares y con las solas soflamas patrióticas un bloqueo naval anglo-germano-italiano, con el que las potencias europeas pretendían cobrarde manera compulsiva antiguas deudas que Venezuela tardaba en honrar.

Maduro convocó a unas maniobras militares especiales que tendrán lugar el próximo sábado en las siete regiones de defensa de todo el país y que, dijo, dirigirá "personalmente". Invitó a toda la población a participar en las maniobras, para hacer frente a una invasión norteamericana que considera casi inminente tras las sanciones aunque, también aseguró, confía en que "la unidad nacional y la solidaridad latinoamericana" conseguirán prevenirla. "Estados Unidos ya tienen preparados los decretos para un bloqueo naval, comercial, y energético contra Venezuela", dijo, "están dispuestos a jugárselas".

Los aliados regionales de Caracas no tardaron en reaccionar. Empezando por La Habana, que maniobra para seguir ejerciendo su tutela sobre el chavismo sin descarrilar su propio proceso de deshielo con Washington. “Nadie tiene derecho a intervenir en los asuntos internos de un Estado soberano ni a declararlo, sin fundamento alguno, como amenaza a su seguridad nacional”, señala una declaración oficial difundida por la Cancillería cubana, que adjetivó como “arbitraria y agresiva” la Orden Ejecutiva de Obama.

Además, Fidel Castro felicitó a Maduro por su “brillante y valiente discurso frente a los brutales planes del Gobierno de Estados Unidos”. En una carta dada a conocer en La Habana, Castro dice al presidente venezolano: “Tus palabras pasarán a la historia como prueba de que la humanidad puede y debe conocer la verdad”. Otro socio de Caracas, el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, tildó desde su cuenta en Twitter como “una broma de mal gusto” el anuncio estadounidense.

Por su parte, el líder boliviano, Evo Morales, reclamó una “reunión de emergencia” de los dirigentes de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), que el pasado viernes fracasaron en su visita a Caracas. Morales reclamó también la actuación de otro organismo regional, la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe (CELAC), para “defender” a Venezuela. Crítico también, aunque más tibio, se mostró el secretario general saliente de la Organización de Estados Americanos (OEA), el chileno José Miguel Insulza, que vaticinó que la decisión de la Casa Blanca “puede crear dificultades en el futuro”.

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