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Netanyahu afirma que si retiene el poder no habrá Estado palestino

Las elecciones israelíes del martes se convierten en un plebiscito sobre el primer ministro

Netanyahu señala en un mapa nuevas construcciones para el asentamiento de Har Homa, este lunes en el sur de Jerusalén. REUTERS / M. K (AFP)

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ya solo parece querer jugar la carta del voto nacionalista. Hasta el último momento ha intentado atraer a los electores más conservadores con un mensaje de rechazo a la solución de “los dos Estados” para el conflicto palestino si logra ser reelegido. Antes de que se cerrara la noche de este lunes la campaña de las legislativas lanzó un órdago final que cuestiona la reanudación del estancado proceso de paz de Oriente Próximo. A la pregunta en una entrevista, “¿No habrá entonces un Estado palestino si usted es primer ministro?”, Netanyahu respondió: “Efectivamente”. Añadió: “Los que quieren la creación de un Estado palestino y una retirada [israelí] de los territorios [en referencia a las colonias] abonan el terreno para los ataques de islamistas extremistas contra el Estado de Israel”, declaró al portal NRG. Los israelíes acuden este martes a las urnas convocados precisamente por Netanyahu, que adelantó los comicios hace tres meses convencido de que ganaría con facilidad un cuarto mandato que le permitiría superar a Ben Gurion, padre de la independencia, para convertirse en el primer ministro que más tiempo ha ejercido el poder en la historia del país.

La clave de los comicios está en el centro

Los principales partidos de centro coinciden en lo esencial con el centroizquierda del laborista Isaac Herzog y la exministra Tzipi Livni, su aliada en la lista de Unión Sionista y que fue responsable de negociaciones con los palestinos. Defienden la propuesta de los dos Estados avalada por los países árabes moderados, pero conservando para Israel los asentamientos consolidados y manteniendo la unidad territorial de Jerusalén.

Yair Lapid, que dio la sorpresa en las anteriores legislativas, celebradas hace apenas dos años, al sumar 19 escaños, y que aspira a consolidar este martes un buen resultado, con 12 actas de diputado según los sondeos, lo dijo hoy lunes alto y claro: “La era de Netanyahu ha terminado. No ha entendido que las cuestiones sociales priman ahora sobre la agenda de seguridad”.

El exministro de Comunicaciones del Likud Moshe Kahlon confía en dar la campanada en las urnas con una decena de escaños. Cuenta con otro sondeo a su favor: las acciones de los principales bancos y compañías de energía han caído ante la perspectiva de que sea ministro de Finanzas y aplique medidas liberalizadoras en ambos sectores.

Pero el líder del Likud no tiene garantizada la victoria y ni siquiera será, según los sondeos, el cabeza de lista más votado al haber sido superado por el laborista Isaac Herzog. Tan solo le quedará la opción de intentar componer una nueva coalición en el fragmentado nuevo Parlamento si no se lo impide un incuestionable avance de la izquierda, el centro y los partidos árabes en un plebiscito de castigo a sus últimos seis años de gestión.

Después de congregar el domingo a miles de seguidores, muchos de ellos colonos judíos, en un mitin en Tel Aviv, el primer ministro visitó este lunes el asentamiento de Har Homa, al sur de Jerusalén, dentro del territorio de Cisjordania ocupado por Israel tras la guerra de 1967, en un ejercicio de vuelta a las esencias. Netanyahu promovió durante su primer mandato como jefe de Gobierno (1996-1999) la construcción de Har Homa, que fue considerada entonces como un desafío a la comunidad internacional.

“Volved a casa”, reconvino a los colonos que parecen haber desertado del Likud. “Solo un partido fuerte dirigido por mí puede defender los intereses vitales de Israel, frente a un Gobierno de izquierda dispuesto a aceptar cualquier imposición”. En una tribuna situada ante un edificio en construcción, Netanyahu pidió defender mediante nuevas edificaciones los accesos a Jerusalén. “Este asentamiento está en un emplazamiento que impide la continuidad territorial palestina”, admitió en Har Homa.

Saeb Erekat, responsable de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) en pasadas negociaciones con Israel, aseguró ayer a través de un comunicado que Netanyahu “ha hecho todo lo posible para enterrar la solución de los dos Estados”. Para el dirigente palestino, “la declaración de Netanyahu en el asentamiento ilegal de Har Homa es una clara respuesta a los Gobiernos que han intentado bloquear las iniciativas diplomáticas palestinas”.

Unos 300.000 colonos israelíes residen en la zona oriental de Jerusalén y otros 350.000 en Cisjordania, según estimaciones de Meir Margalit, miembro del partido de izquierdas Meretz, que fue concejal responsable de la parte este de la Ciudad Santa en el anterior Ayuntamiento. “Muchos israelíes han comprado casas en los asentamientos como inversión, con la esperanza de recibir altas indemnizaciones cuando Israel tenga que abandonarlos, como ya ocurrió tras la salida de los colonos de la Franja de Gaza en 2005”, advierte Margalit. Durante los dos últimos mandatos de Netanyahu, la población en los asentamientos ha aumentado a un ritmo del 5% anual hasta sumar 70.000 nuevos colonos entre 2009 y 2013.

El debate sobre la cuestión palestina había permanecido en segundo plano durante una campaña en la que han primado las preocupaciones sociales. Al devolverle protagonismo, Netanyahu pretende marcar distancias con sus rivales políticos e imponer una agenda de seguridad propia que no está exenta de contradicciones. El primer ministro impuso una moratoria a la construcción de nuevas colonias en 2009, poco después de llegar al cargo, al mismo tiempo que se mostraba partidario de la solución de “los dos Estados” durante una intervención en la Universidad de Bar-Ilan. El Likud cerró la puerta a esta opción hace ahora un año con la última ruptura del diálogo con los palestinos. Desde entonces no ha dejado de airear la amenaza de ataques yihadistas dentro de Israel para vetar cualquier concesión territorial.

El Partido Laborista de Isaac Herzog sigue manteniendo su apoyo a la doctrina de los “dos Estados para dos pueblos”. Herzog pretende zanjar la pugna sobre los asentamientos mediante la anexión de los llamados “bloques”, situados en zonas limítrofes, a cambio de otros territorios entregados a la Autoridad Palestina, y el abandono de las colonias aisladas, precisamente las que generan las mayores críticas internacionales.

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