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El Ejército de EE UU acusa a Bergdahl de deserción y mala conducta

El sargento, canjeado por cinco talibanes, afronta una pena máxima de cadena perpetua

El sargento Bergdahl fue liberado en mayo de 2014. AFP

El sargento Bowe Bergdahl es un desertor y puede enfrentarse a una pena de cadena perpetua. Esa es la conclusión de la investigación del Ejército de Estados Unidos sobre la desaparición en junio de 2009 del militar en su base en Afganistán. Bergdahl fue capturado por los talibanes y se pasó cinco años cautivo hasta su liberación el pasado mayo en un polémico canje por cinco comandantes talibanes presos en el penal estadounidense de Guantánamo (Cuba). Antes de su captura, el militar ya tenía un historial de abandono de su puesto.

El Ejército de tierra anunció este miércoles que ha presentado dos cargos contra Bergdahl, de 28 años, basados en el Código de Servicio Militar. Uno por deserción con la “intención de eludir tareas importantes o peligrosas”. Y otro por mala conducta “frente al enemigo poniendo en peligro la seguridad de un comando, unidad o lugar”. El primero de los cargos puede implicar una pena máxima de cinco años de cárcel, y el segundo, una pena máxima de cadena perpetua. Los cargos también podrían significar que Bergdahl tenga que salir del Ejército, renuncie a la indemnización de unos 300.000 dólares que podría corresponderle y vea rebajado su rango militar.

La decisión sobre la conducta del sargento dependerá del criterio judicial. En las próximas semanas, se celebrará en el Estado de Texas una sesión judicial preliminar del artículo 32 -similar a un gran jurado en el derecho civil- para determinar si hay suficientes pruebas para que el caso sea analizado por un consejo de guerra. Un portavoz del Ejército explicó en una declaración ante la prensa que en ese proceso pueden desestimarse los cargos.

Bergdahl afronta un cargo de deserción y otro por mala conducta “frente al enemigo poniendo en peligro la seguridad de un comando, unidad o lugar”

El Ejército finalizó en diciembre su investigación sobre el caso y entregó sus conclusiones a un general para que tomara una decisión sobre la actuación del sargento, que en el momento de su desaparición era soldado. Tras su liberación, Bergdahl recibió atención médica en una base militar estadounidense en Alemania y más adelante en otra en Texas. A las seis semanas, volvió al servicio activo en esa base de Texas. Desde entonces, ha trabajado haciendo labores administrativas, a la espera de conocer los resultados de la investigación. Inicialmente, el militar declinó hablar con su familia y se desconoce cuál ha sido su relación en los últimos meses.

Las deserciones no son infrecuentes en EE UU. Las hubo durante la guerra de Irak (2003-2011). Y en la Segunda Guerra Mundial, 20.000 militares estadounidenses fueron condenados por desertar. Uno de ellos fue el último sentenciado a pena de muerte. La pena capital sigue siendo una posibilidad en el código militar.

Pero el abandono de Bergdahl no es uno más en las estadísticas por el modo y el momento en que tuvo lugar, y por el hecho de que fuera un prisionero de guerra. El militar desapareció la mañana del 30 de junio de 2009 de su base en el este de Afganistán y posteriormente fue capturado por los talibanes. Dejó su arma, munición y chaleco antibalas en la base.

En las próximas semanas, se celebrará una sesión judicial preliminar para determinar si hay suficientes pruebas para que el caso sea analizado por un consejo de guerra

Tras su liberación el 31 de mayo, su caso tardó poco en convertirse en polémico. En un primer momento, por el canje con los cinco talibanes y el hecho de que el Gobierno de EE UU no cumpliera con su obligación de informar con antelación al Congreso sobre la salida de presos de Guantánamo. Pero, al poco, la controversia se focalizó en la actuación del sargento.

Varios excompañeros de Bergdahl y un informe clasificado del Pentágono revelaron que el militar tenía un historial de abandonar el área en la que estaba confinada su patrulla: ya fuera el centro de entrenamiento en el que estuvo en California o su destino en Afganistán. Además, según la cadena CNN, seis soldados murieron en las tareas de búsqueda de Bergdahl en el país centroasiático, algo que no ha sido confirmado oficialmente.

Todo ello derivó en que su familia recibiera amenazas y que su pueblo natal en el Estado de Idaho cancelara a última hora un acto de celebración de su liberación. El Pentágono ha evitado desde entonces entrar en la polémica a la espera de las conclusiones de la investigación y ha defendido el deber de rescatar a un prisionero de guerra, fuera o no un desertor.

De lo poco que se sabe de la personalidad de Bergdahl es que le gustaba ir por libre, y era un apasionado de los libros y la naturaleza. Fue educado en casa por sus padres. Se alistó en el Ejército de EE UU en 2008 tras un intento fallido de hacerlo en la Legión Francesa. En cierto modo, era un soldado atípico: renegaba del uniforme, no bebía alcohol y solo fumaba en pipa. Según sus padres, tardó poco en desencantarse del día a día de la guerra en Afganistán.