La Liga Árabe acuerda crear una fuerza militar conjunta

El nuevo cuerpo militar tendrá como objetivo combatir a "los grupos terroristas”, en alusión al autodenominado Estado Islámico

El ministro de Exteriores yemení, en la conferencia. AMR ABDALLAH DALSH | REUTERS-LIVE!

El periodo de cambios acelerados que experimenta Oriente Próximo desde el inicio de las revueltas árabes también afecta a la Liga Árabe. En una decisión histórica, los países de la organización panárabe llegaron este domingo a un principio de acuerdo sobre la creación de una fuerza militar conjunta para afrontar las nuevas amenazas a la seguridad regional. El pacto, que surge de una propuesta lanzada por el presidente egipcio, Abdelfatá al Sisi, llega en un momento de gran convulsión en la zona, con Libia, Siria e Irak inmersos en sangrientos conflictos bélicos, y diversos países árabes liderados por Arabia Saudí colaborando en una campaña militar en Yemen contra los rebeldes chiíes Huthi.

La noticia fue anunciada en una rueda de prensa por el general al Sisi, anfitrión de la cumbre de la Liga Árabe que concluyó este domingo en la ciudad egipcia de Sharm el Sheij. “Con la finalidad de estar a la altura de la responsabilidad que representan los graves desafíos a los que se enfrenta nuestra nación árabe, los líderes árabes han apoyado el principio de establecer una fuerza militar árabe”, declaró el mandatario egipcio, que explicó también que se formará un comité supervisado por los jefes de Estado mayor de los países miembros para estudiar las características de la futura fuerza de intervención rápida.

Según declaraciones de responsables militares egipcios a la agencia de noticias Associated Press, el cuerpo estará dotado de unos 40.000 soldados y se integrarán de forma voluntaria aquellos países árabes que así lo deseen; además, tan sólo intervendrá en un país previa petición de sus autoridades. En teoría, el nuevo cuerpo militar tendrá como objetivo combatir contra “los grupos terroristas”, en una referencia velada al autodenominado Estado Islámico (EI), la milicia yihadista que controla una amplia franja de territorio en Siria e Irak y que ha constituido el principal acicate de las llamadas a la unidad de acción.

En cambio, según filtraciones publicadas en varios medios, el texto de la declaración final de la cumbre no menciona a Irán, percibido como una amenaza por buena parte de los países árabes, y muy especialmente, por Arabia Saudí.

Hasta ahora las divisiones internas has restado eficacia a la organización

El presunto expansionismo de Teherán dominó, de forma directa o velada, los discursos de la mayoría de jefes de Estado que participaron en la ceremonia de apertura de la cumbre de Sharm el Sheij. El presidente de Yemen, Abdrabbo Mansur Hadi, sí acusó directamente a Irán de querer “destruir” su país.

Varios países árabes han acusado a Irán de proporcionar en Yemen apoyo militar a las milicias rebeldes Huthi, que también profesan una rama del chiismo. Habida cuenta de que la eventual creación de la fuerza militar conjunta requerirá de diversos meses antes de ser operativa, no es probable que se estrene con la operación militar en curso contra posiciones Huthi, que se inició el pasado jueves y en la que participan 10 países.

En caso de fraguarse la creación de la fuerza militar unificada, la Liga Árabe se sacudirá de encima la fama de ser una organización incapaz de actuar de forma decidida a causa de sus divisiones internas.

La unidad panárabe, y la consiguiente formación de un ejército conjunto, es una vieja aspiración que en las siete décadas de vida de la Liga Árabe ha parecido una utopía más que un proyecto. De hecho, durante la cumbre, varios Estados manifestaron sus reservas ante el proyecto.

Más allá de la irrupción del EI, la creación de una fuerza conjunta es producto del distanciamiento entre Washington y sus dos tradicionales aliados árabes, Egipto y Arabia Saudí, principales impulsores de la iniciativa. Ambos países han discrepado del enfoque de la administración Obama respecto a varias de las crisis que afectan a la región. Por eso apuestan por desarrollar sus capacidades militares para poder defender sus intereses estratégicos al margen de EE UU. No en vano, Arabia Saudí se es ya en el país del mundo que más fondos invierte en la compra de armamento, una factura que en 2014 ascendió a cerca de 9.000 millones de euros.

La intervención militar saudí en Yemen es toda una demostración de la política más asertiva de Riad, que tradicionalmente había confiado en EE UU para la defensa de su seguridad nacional. Sin embargo, la operación Tormenta decisiva no ha conseguido amedrentar a las milicias Huthi, que no renuncian a su ambición de ocupar Adén, segunda ciudad de Yemen y bastión del presidente Hadi, reconocido por la comunidad internacional. En su intervención el sábado en la cumbre de Sharm el Sheij, el mandatario yemení pidió el mantenimiento de los bombardeos aéreos hasta forzar “la rendición” de los Huthi, que a principios de febrero le desalojaron del poder a través de un golpe de Estado.