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El sueño americano de un chico cubano

El senador republicano Marco Rubio, de origen hispano, se une a la carrera electoral

Marco Rubio
El senador republicano Marco Rubio el pasado 10 de abril. AFP

Si hay algo de lo que le gusta hablar a Marco Rubio es del sueño americano que se jacta de encarnar. Al fin y al cabo, su abuelo nació en una empobrecida aldea de la provincia cubana de Santa Clara. Dos generaciones más tarde, su nieto Marco Antonio, un licenciado en Derecho, es senador republicano de Estados Unidos y quiere convertirse en el primer presidente hispano de la historia del país. Y uno de los más jóvenes.

Con solo 43 años, Marco Rubio aspira a llegar a lo más alto de la política estadounidense: la Casa Blanca. Pero la velocidad no es algo que le asuste a este frustrado jugador de fútbol americano de los Miami Dolphins -aunque acabó casándose con una animadora del equipo, como le gusta recordar- que en poco más de una década ha pasado de jugar en las ligas menores de la política local de su Miami natal a la primera liga de la política nacional.

No llevaba ni dos años en el Senado -donde se convirtió en el segundo senador de origen hispano- cuando, en 2012, su nombre sonó con fuerza como compañero de fórmula del candidato presidencial Mitt Romney, el republicano que trató de desafiar a Obama. Finalmente, no fue el elegido, pero tuvo su puesta de largo en el universo republicano nacional al presentar a Romney en la convención republicana que nominó oficialmente al empresario mormón como su candidato a la Casa Blanca.

Rubio admira a Reagan, pero por su vertiginosa carrera y juventud, a menudo se le ha llegado a comparar con Obama

Rubio creció durante la era del presidente republicano Ronald Reagan (1981-1989) que tanto admira y que pone como modelo siempre que tiene ocasión. Pero por su vertiginosa carrera y juventud, a menudo se le ha llegado a comparar con el presidente demócrata Barack Obama, cuyas políticas sin embargo tan profundamente rechaza.

Especialmente, el acercamiento del mandatario a Cuba, que Rubio ha criticado hasta desgañitarse tanto en inglés como en el español cubano que habla de manera fluida.

Rubio llegó al Capitolio en 2010 aprovechando la ola de fuerza del ultraconservador Tea Party. Su agenda incluye los principales puntos de un conservador tanto en lo social como en lo económico: es un defensor de la familia tradicional -tiene cuatro hijas con su esposa Jeannette- y férreo opositor al aborto o al matrimonio gay. Rubio es asimismo un crítico acérrimo de un excesivo peso del Estado y, sobre todo, del gasto público. Su ideario económico lo desgrana en su último libro que, cómo no, decidió titular “Sueños americanos”.

De forma poco sorprendente, en el libro vuelve a hablar de la historia de sus padres, una forma recurrente en él de ejemplificar el “sueño americano” pero que le ha dado más de un disgusto políticamente peligroso. Según reveló The Washington Post en 2011, la historia de sus padres como exiliados cubanos que huyeron de la isla tras la toma de poder de Fidel Castro en 1959 -algo que resonaba muy bien entre su electorado en Miami, tradicional sede del anticastrismo- era una versión “embellecida”. Ni salieron de Cuba en esa fecha -lo hicieron tres años antes- ni la política -sino motivos puramente económicos- motivaron su decisión de intentar una nueva vida en el Estados Unidos donde nacerían sus hijos, entre ellos Marco Rubio en 1971.

El senador dice encarnar el sueño americano y usa políticamente sus orígenes cubanos aunque eso le haya dado algún disgusto

Desde ese faux pas, Rubio se ha cuidado mucho de volver a definir a sus padres como “exiliados”, pero sigue utilizando su historia de superación personal para definir su visión de una América que dice ver en peligro por las políticas que promueven los demócratas en la Casa Blanca y el Capitolio.

De igual forma, Rubio es un duro crítico de la política exterior de Obama, en la que ve graves concesiones a regímenes como el de Irán o Cuba.

Pese a que no lleva más que un lustro en la política nacional, el ahora ya oficial precandidato republicano juega la baza de su activo trabajo en el Comité de Relaciones Exteriores, del que ha formado parte desde su llegada a Washington, como muestra de su capacidad de asumir una jefatura de Estado que requiere un vasto conocimiento geopolítico.

Una de las grandes interrogantes es la capacidad de Rubio para atraer el voto hispano, clave para llegar a la Casa Blanca pero que el Partido Republicano ha alienado con su dura retórica antiinmigrante de los últimos años.

A su favor tiene no solo ser latino, sino que fue uno de los autores -y defensores- de la ambiciosa propuesta bipartidista de ley migratoria que llegó a ser aprobada en el Senado en 2013, pero que acabó fracasando en la cámara baja por la oposición republicana. Los aplausos que se ganó entre la comunidad hispana -frente a las duras críticas de los más conservadores de su partido- se han apagado sin embargo en los últimos tiempos. Desde que Obama aprobó unas medidas ejecutivas en noviembre para regularizar a millones de indocumentados, Rubio ha endurecido significativamente su discurso migratorio, lo que ha llevado a las influyentes organizaciones latinas a retirarle el beneplácito en momentos en que el joven senador se lo apuesta todo a una sola carta y necesita todos los votos posibles.

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