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China lanza el Banco Asiático de Inversión con 57 países fundadores

Pekín rechaza la incorporación de Taiwán y acepta a Suecia, Israel y Sudáfrica

El ministro chino de Finanzas, Lou Jiwei. EFE

El Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (AIIB) promovido por China tendrá finalmente 57 miembros fundadores. España, que presentó su candidatura el 27 de marzo, figura entre los admitidos. Una lista que incluye tanto a algunos de los países más desarrollados del mundo –como el Reino Unido o Alemania– como a algunos de los más pobres, como Laos o Camboya.

La lista incluye también a Noruega, un país con el que la segunda economía del mundo mantiene unas relaciones sumamente frías desde la concesión del premio Nobel de la Paz a Liu Xiaobo en 2010. El único aspirante que se ha quedado fuera ha sido Taiwán, que China considera parte de su territorio. E incluso en ese caso, Pekín ha dejado la puerta abierta a una posible admisión en el futuro, si se llega a un acuerdo aceptable sobre el nombre con el que ingresaría la isla.

Una entidad global

Los miembros. El Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras tiene 57 países miembros (un tercio de los existentes en el mundo). Entre ellos destaca Noruega, con la que China tiene mala relación desde la concesión del Nobel de la Paz al disidente Liu Xiaobo.

El excluido. Taiwán es el único aspirante rechazado.

Los ausentes. Estados Unidos y Japón no están entre los miembros de la institución financiera, que tendrá un capital inicial de 47.000 millones de euros.

EE. UU. y Japón –el gran aliado de Washington en Asia Pacífico– son los grandes ausentes de una institución que contará con un capital inicial de 50.000 millones de dólares y que nace con el objetivo de financiar proyectos de infraestructura en Asia. Estados Unidos había expresado su oposición a la creación de un banco que teme que rivalice con instituciones similares bajo su control o el japonés, como el Banco Asiático de Desarrollo (BAD) o el Banco Mundial. Washington alegaba su temor a una falta de transparencia o de rigor en la concesión de préstamos.

Pero después de que el Reino Unido anunciara el 13 de marzo que se sumaba al proyecto, la primera gran economía occidental en expresar su respaldo, otros países, encabezados por Alemania, Francia e Italia, se precipitaron a adherirse antes del plazo fijado por China para aceptar miembros fundadores, el 31 de marzo.

Desde Shanghái, donde se encontraba en visita oficial, la secretaria de Comercio de EE. UU. insistía hoy en que “damos la bienvenida al AIIB en tanto se adhiera a los estándares internacionales establecidos por las organizaciones multilaterales ya existentes, como el Fondo Monetario, el Banco Mundial o el BAD”. “Si opera con ese tipo de estándares, creo que hay una gran oportunidad de colaboración”, señaló.

Ahora comienza el proceso para establecer las normas con las que funcionará la institución. La primera reunión tendrá lugar a finales de abril -el 28, según fuentes diplomáticas- en Pekín. Habrá una segunda en mayo, según ha indicado Shi Yaobin, viceministro de Finanzas, en una entrevista concedida a medios oficiales chinos. Si todo va bien, ha asegurado, en junio podría firmarse la carta fundacional.

China ha asegurado que el nuevo banco contará con todas las garantías. El presidente provisional de la institución, Jin Liqun, aseguró el sábado en un foro en Singapur que Pekín no dominará sus operaciones y buscará atraer a talentos de todo el mundo. La nueva institución será “transparente, funcional y ecológica”, ha sostenido.

La constitución del AIIB, que China espera que entre en funcionamiento antes de que finalice el año, forma parte de una visión estratégica de Pekín que incluye su apertura en dirección oeste y el desarrollo de proyectos de infraestructuras en sus zonas menos desarrolladas y en el exterior. Con ello busca, entre otras cosas, reactivar una economía que comienza una etapa de menor crecimiento.

La Oficina Nacional de Estadísticas anunció este miércoles que el gigante asiático creció un 7% interanual durante el primer trimestre del año, una cifra tres décimas menor a la registrada en los últimos meses de 2014 y que confirma la ya inexorable "nueva normalidad" del país, basada en un menor crecimiento económico pero teóricamente más sostenible a largo plazo.

"Existe evidencia suficiente para decir que la presión a la baja sobre el crecimiento se ha incrementado de forma considerable", asegura el profesor de Economía Aplicada de la escuela de negocios Guanghua, Chen Yuyu. De hecho, indicadores como la producción industrial, las ventas al por menor o la inversión inmobiliaria están en mínimos históricos y la amenaza de la deflación sigue muy presente.

Muchos analistas se preguntan si el gigante asiático será capaz de mantener este ritmo durante los próximos nueves meses. "La desaceleración podría continuar durante el resto de 2015 y detenerse ligeramente a finales de año", augura Chen, que pronostica nuevos movimientos del Banco Popular de China (PBOC) para evitar que el crecimiento se agudice y caiga hasta niveles peligrosos. El organismo ya ha relajado la política monetaria en varias ocasiones, bien mediante el recorte de los tipos de interés o la bajada del coeficiente de caja de los principales bancos, unos estímulos que no parecen haber surtido el efecto deseado.

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