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China afianza su posición en Asia central a golpe de contratos

Xi Jinping viaja por segunda vez en dos años a Kazajistán

El presidente chino, Xi Jinping, este jueves en Kazajistán.
El presidente chino, Xi Jinping, este jueves en Kazajistán. AP

No es casualidad que a finales de 2013 el presidente chino, Xi Jinping, escogiera Kazajistán para anunciar el proyecto de un corredor terrestre que haga resurgir la antigua Ruta de la Seda. Pekín considera el gigante centroasiático como un socio estratégico fundamental para ganar influencia en la región y clave para diversificar sus fuentes de abastecimiento energético. Las autoridades kazajas se sienten cómodas ante este planteamiento y aspiran a que el país se convierta en el principal punto de tránsito entre el lejano oriente y Europa. Y si pueden lograr que parte de los 35.500 millones de euros que China ha dispuesto para tal fin recaigan dentro de sus fronteras, mucho mejor.

Xi volvió este jueves a Kazajistán por segunda vez en dos años con la promesa de seguir intensificando los lazos. "China concede una gran importancia al desarrollo de las relaciones bilaterales y está dispuesta a trabajar para profundizar la cooperación económica, humana y en materia de seguridad", aseguró Xi, según Xinhua. Ambos países han suscrito en solamente un año y medio acuerdos por valor de más de 61.000 millones de euros, la mayoría energéticos y mineros. "Nos hemos convertido en buenos vecinos, amigos y grandes socios en el terreno económico y político. Estoy seguro de que nuestras relaciones seguirán desarrollándose", contestó Nursultan Nazarbayev, presidente del país desde su independencia de la URSS en 1991, y que recientemente revalidó su mandato con un apoyo del 97,5% de los votos.

China es ya el primer destino de las exportaciones kazajas y sus compras de petróleo y gas aumentan año tras año. Kazijistán bombea el crudo a través de un oleoducto de más de 2.200 kilómetros de longitud que comunica el yacimiento de Kashagan —situado en el Mar Caspio y considerado uno de los más grandes del mundo con reservas de entre 7.000 y 13.000 millones de barriles recuperables— y la región occidental china de Xinjiang. La producción en el depósito está paralizada debido a varias fugas en la tubería que transporta el petróleo hasta la orilla, pero una vez reparadas, el gigante asiático será el país que más se beneficiará de estas reservas.

Como contrapartida, Pekín responde con grandes proyectos de inversión en común y con créditos para la financiación de proyectos de infraestructura. "Uno de los objetivos de China es promover hacia el oeste las industrias que ya están saturadas dentro de sus fronteras, como el acero, el cemento o el vidrio. Se trata de explotar las ventajas competitivas al exterior", sostiene Li Lifan, subdirector del Centro de Estudios de Rusia y Asia Central de la Academia de Ciencias Sociales de Shanghái.

La estrategia china en Kazajistán se repite en otros países de la zona. La inestabilidad en Oriente Medio y en el norte de África junto a la dependencia del suministro vía el Estrecho de Malaca han motivado el giro de Pekín hacia la región, cuya carta de presentación es la de un proveedor energético fiable. Tres gasoductos que comunican Turkmenistán, Uzbekistán y Kazajistán con el oeste de China entregan ya más de la mitad de gas natural que el país adquiere del exterior.

El nuevo Fondo de la Ruta de la Seda y el recién creado Banco Asiático de Inversión (BAII) han contado desde el primer momento con el apoyo incondicional de prácticamente todos los países centroasiáticos, conscientes de que con estas plataformas podrían beneficiarse de más redes de transporte, conexiones energéticas, sistemas de comunicaciones y hasta conseguir una reducción de aranceles que dispare el comercio con su vecino oriental. Kazajistán, por ejemplo, ha logrado ya su particular salida directa al mar gracias al tren que conecta Almaty con la ciudad portuaria china de Lianyungang, donde se ha construido una terminal logística con la participación de empresas de ambos países.

El gran perjudicado por esta luna de miel entre la región y China es Rusia, que históricamente ha ejercido una gran influencia sobre estas anteriores repúblicas soviéticas. Ante la ofensiva del gigante asiático, la recién creada Unión Económica Euroasiática (impulsada por Moscú, formada por Bielorrusia, Rusia y Kazajistán) pretende relanzar las relaciones con sus socios tradicionales. Pero la debilidad de la economía rusa y los más de 26.000 millones que China ha invertido solamente en Kazajistán empiezan a inclinar la balanza.