¿Y si Varoufakis tuviera razón?

Una decena de economistas consultados por EL PAÍS sostienen que las metas fiscales que se le exigen a Grecia son inalcanzables y que hay que reestructurar la deuda

Yanis Varoufakis, el pasado 11 de junio en Atenas. REUTERS

Grecia es el país que más reformas ha hecho durante la crisis. El autor de esa frase no es el ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, sino un banco alemán, Berenberg, que desde hace unos años examina el estado de las reformas —esa palabra mágica— en la zona euro. Las instituciones antes conocidas como troika y los socios europeos insisten en que, aun así, el país necesita más reformas. Y es cierto. Pero la última oferta de los acreedores para evitar un impago exige a Grecia, además, un superávit fiscal del 1% del PIB este año: unos 3.000 millones más en recortes. Y no dice una sola palabra de reestructurar la deuda. Una decena de economistas de primer nivel coinciden en que ese plan es un error.

El primer ministro, Alexis Tsipras, ganó las elecciones con un programa basado, justamente, en lo contrario: poner fin a la austeridad y conseguir un alivio de la deuda. Todo el argumentario del controvertido Varoufakis pivota alrededor de esas dos bazas. Los expertos consultados no comulgan con el estilo del ministro, pero creen que ese punto de vista es incontrovertible. “La deuda griega es insostenible. Europa debe reconocerlo de una vez y acordar una reestructuración a cambio de reformas”, apunta Marcel Fratzscher, director del think tank alemán DIW. “Podemos seguir fingiendo que Grecia va a pagarlo todo, pero es una equivocación seguir negando la realidad e insistir en las moralinas, en que Grecia debe ser castigada”, añade el liberal Paul De Grauwe, de la London School. “La reestructuración es imprescindible y sucederá”, explica Barry Eichengreen, de Berkeley. “El día del reconocimiento es solo cuestión de tiempo”, aventura Ken Rogoff, de Harvard.

Cinco años después de descubrirse el pecado original —los griegos mintieron como bellacos sobre sus cuentas públicas—, la eurozona parece decidida a repetir viejos traspiés. Sus últimas propuestas “parecen más diseñadas para evitar un problema político en Berlín o Madrid que para resolver las dificultades de Grecia”, apunta Athanasios Orphanides, exgobernador del Banco de Chipre. “La saga griega es la constatación de que la confianza en el proyecto europeo se ha esfumado por una combinación de intereses nacionales, de relato moral y del resurgir de los estereotipos”, se queja.

Superávit inalcanzable

Los economistas no solo coinciden en la necesidad de reestructurar: son unánimes en la crítica a los objetivos fiscales fijados. “Grecia, sencillamente, no puede alcanzar un superávit presupuestario del 1% este año. En medio de una recesión, pedir más austeridad es contraproducente: después del desastre de estos últimos años, es increíble que sigamos por ese camino”, dice Simon Wren-Lewis, de Oxford. Para Charles Wyplosz, del Graduate Institute, “la imposición de más recortes demuestra lo lejos que están los Gobiernos europeos de asumir responsabilidades por graves errores en el pasado”. “Una ronda adicional de recortes empeorará las cosas. No aprendemos: este no es ya un debate económico, sino político y plagado de tabús”, añade Wyplosz. “Sería más lógico pedir equilibrio presupuestario este año, con metas más ambiciosas en adelante. Y acompañar esa concesión de la promesa de reestructurar a condición de hacer reformas. Eso es fácil de decir, pero menos fácil de hacer para los ministros del euro”, sostiene Ángel Ubide, del Peterson.

El final de la negociación se acerca. La tensión ha reaparecido, y con ella la posibilidad de la salida de Grecia del euro. “Si los acreedores fueran serios en las metas fiscales y la reestructuración no estaríamos hablando otra vez de Grexit; no habríamos perdido el tiempo”, critica Kevin O’Rourke, del Trinity College. Lorenzo Bini-Smaghi, exconsejero del BCE, afirma que la salida de Grecia “podría fortalecer el euro a medio plazo, pero la transición sería problemática, requeriría dar pasos decididos hacia la integración y sobre todo un BCE muy activo”. “El Grexit tendría implicaciones limitadas a la corta, pero a medio plazo supone un giro copernicano: es como decirles a los mercados que la eurozona es un arreglo pasajero, y que cuando la próxima recesión rompa contra las costas de Europa ya pueden ir buscando el siguiente candidato para salir”, cierra De Grauwe.

 

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