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Los kurdos se sitúan a 50 kilómetros de la capital del califato en Siria

La milicia YPG arrebata una base al Estado Islámico y se acerca a la localidad de Raqa

Estado Islamico
Una miliciana kurda, junto a una familia, en Kobane. EFE

Las tornas ha cambiado. Si hace ocho meses, las fuerzas kurdas de Siria resistían con dificultad el embate de lo que entonces parecía una imparable ofensiva del Estado Islámico (EI) ahora son los primeros quienes han pasado al ataque, y los yihadistas quienes están cosechando derrota tras derrota en el frente central del norte de Siria. Tanto es así, que las Unidades de Protección Popular (YPG), la milicia kurda, se han situado a sólo 50 kilómetros de la ciudad de Raqa, la capital del autoproclamado Califato, en el noroeste de Siria.

La pasada semana, las YPG arrebataron al EI el crucial paso de Tel Abiad, en la frontera con Turquía, uniendo así dos de los tres “cantones” kurdos de Siria (Kobane y Yazira), a su vez conectados con el territorio kurdo de Irak, lo que les garantiza una línea de suministros ininterrumpida.

Pero la ofensiva no se ha quedado ahí y en los últimos días ha avanzado en dirección sur: la pasada noche los kurdos tomaron la estratégica Base de la Brigada 93, en manos de los yihadistas, abriendo así el paso a la toma de Ayn Isa, una localidad situada en un cruce de carreteras este-oeste y norte-sur. “Anoche tomamos la 93 y estamos penetrando en Ayn Isa en un ataque coordinado desde el este y el oeste de la ciudad”, explica a este periódico un portavoz de las YPG, Redur Xelil.

En su ofensiva, las YPG están contando con el apoyo de otros grupos armados como Liwa al Tahrir y Burka al Firat –conformadas por rebeldes anteriormente encuadrados en el Ejército Sirio Libre que combate al régimen de Bachar el Asad- así como unidades de turcomanos, árabes y asirios cristianos. Pero no se entendería su rápido avance sin el apoyo aéreo de Estados Unidos: “Los ataques de la Coalición nos han ayudado mucho sobre el terreno”, reconoce Xelil.

El Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), que ya da “militarmente” por perdida Ayn Isa para el Estado Islámico, considera que este ataque supone que “el EI deberá retrasar su primera línea de defensa hasta el extrarradio de la ciudad de Raqa”, un severo golpe moral para el ejército de Abubaker al Bagdadi. Y es que, una vez tomada Ayn Isa, la carretera hacia Raqa aparece libre de obstáculos, pese a lo cual el portavoz de las YPG se niega a avanzar cuáles serán los próximos objetivos militares.

Una de las consecuencias más importantes de la caída de Tel Abiad es que así se cierra una vía vital para la logística del Estado Islámico en Raqa, ya que por este paso fronterizo entraban desde Turquía armas y yihadistas. En la población liberada, de hecho, se ha hallado ya un túnel excavado por los yihadistas para proveerse de suministros. De hecho, el Observatorio certifica que en Raqa se ha producido un “dramático incremento” del precio del pan y otros alimentos, debido a la mayor dificultad para acceder a provisiones.

El Estado Islámico ya sólo controla dos áreas que hacen frontera con Turquía (Ar Ra’i y Yarablus), pero están logísticamente peor comunicadas. Esta es una de las razones por la que en las últimas semanas ha incrementado su presión sobre el área de Marea y Azaz (noroeste de Siria), donde se encuentra otro paso fronterizo importante: Bab al Salam-Kilis, en manos de grupos islamistas rebeldes contrarios al EI. Estos grupos han logrado contener la embestida yihadista pese a que el régimen sirio de Bachar el Asad ha estado bombardeando sus posiciones desde el aire.

Un pueblo sin Estado

La comunidad kurda está formada por entre 30 y 40 millones de personas, aunque no existen censos rigurosos al respecto. La gran mayoría de la población vive repartida entre los Estados de Turquía, Siria, Irak, Irán y Armenia.

En Europa hay una importante diáspora, principalmente en Alemania —con cerca de 700.000 personas— y en Francia. Allí residen más de 150.000 kurdos, en un 90% ciudadanos de origen turco.

Casi la mitad de la comunidad vive en Turquía, donde representa en torno al 20% de la población del país.

El nacionalismo kurdo se originó con el desmembramiento del Imperio Otomano tras la Primera Guerra Mundial. Posteriormente el Tratado de Lausana, que reconoció en 1923 a la República turca como Estado soberano y acabó con la propuesta de crear un Kurdistán independiente, fomentó la insurrección kurda, que se ha convertido en un foco de conflictos en la región a lo largo de todo el siglo XX.

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