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Francia, un país en alerta ante la amenaza yihadista

El Estado Islámico ha instado a atacar en el país que más miembros exporta a Siria e Irak

Agentes de policía ante la empresa de Saint-Quentin-Fallavier este viernes. AFP

El atentado yihadista de Isère, el segundo que sufre Francia en seis meses, confirma la gravedad de la amenaza que pesa sobre este país, el primero en Europa que declaró la guerra al Estado Islámico en Irak en septiembre del pasado año. Era el tercer conflicto contra el radicalismo islamista en el que se involucraba el Gobierno de Hollande tras las operaciones de Malí y la República Centroafricana.

Francia es probablemente uno de los países occidentales más amenazados por el yihadismo. En su suelo lograron los radicales los ataques de mayor repercusión internacional: los sufridos en enero en la revista Charlie Hebdo y un supermercado de comida judía. El resultado fue dramático: veinte muertos, entre ellos los tres terroristas. El Estado Islámico y Al Qaeda reivindicaron los ataques. Pero no fue un golpe inesperado. Hacía meses que radicales islamistas de distinta naturaleza llamaban a seguir la cruzada contra “los sucios franceses”. Una de estas últimas advertencias se produjo solo dos meses antes de los atentados de enero en París.

El peligro no solo reside en la dureza con la que Francia se implica en la guerra contra el terrorismo fuera de sus fronteras. Este es, además, el país occidental que más yihadistas exporta en términos absolutos: 1.400 ciudadanos franceses operan en este momento en Irak y Siria y los servicios de seguridad siguen la pista a más de 1.700 personas. El mayor peligro interior viene, según todos los expertos, de los cerca de 300 franceses que han regresado de las zonas de conflicto. Los autores de los atentados de enero habían tenido previamente contacto tanto con el Estado Islámico como con Al Qaeda.

“El nivel de alerta terrorista en Francia nunca ha sido tan alto”, decía a EL PAÍS hace solo tres semanas el fiscal de la República de París, François Molins, que confirmaba la información gubernamental: desde enero, Francia ha desactivado cinco atentados. El último ataque frustrado que se conoce tuvo lugar el 19 de abril. El yihadista detenido pretendía atentar en dos iglesias y, probablemente, según se ha sabido recientemente, uno de sus objetivos era el Sacré Coeur.

Como ha recordado ahora Manuel Valls, Francia reforzó hace ya dos años su lucha antiterrorista. Tras los mortales ataques de París, desplegó en todo su territorio la ahora llamada Operación Centinela con 10.000 efectivos militares patrullando las calles y vigilando de manera especial sinagogas, colegios judíos y medios de transporte público. Aunque el despliegue se ha reducido a 7.000 militares, el Gobierno de François Hollande decidió en abril mantener el dispositivo. “No podemos bajar la guardia”, ha dicho hoy Valls desde Bogotá tras el ataque de Isère.

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