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ANÁLISIS

‘Grexit’: episodio XXVII

El nuevo programa griego está condenado a fracasar como los anteriores

El culebrón griego continúa. Tras ganar un referéndum con el 61% de población en contra de la austeridad, Tsipras consiguió el apoyo del 83% del parlamento para aprobar el ajuste fiscal previo al referéndum que la población griega había rechazado. Grecia pidió formalmente un crédito de 52.000 millones días después de que su Parlamento declarase ilegal la deuda del Fondo Europeo.

Pero la Comisión Europea estimó que las nuevas necesidades eran de 85.000 millones, 25.000 millones para saneamiento bancario que ni Grecia ni el FMI habían incluido en su propuesta y estimaciones de ingresos públicos más realistas con la depresión en la que está inmersa la economía helena.

Estos números deberían suponer el reconocimiento del fracaso de los programas anteriores y dejaban de nuevo en papel mojado las pruebas de resistencia del BCE y las necesidades de capital estimada por el Fondo Monetario para la banca griega. Pero Syriza y su corralito le han puesto muy fácil a la troika culpar del fracaso exclusivamente a los griegos. El corralito provocará más paro y pobreza y agrava el problema pero, cuando Syriza llegó, la tasa de morosidad de los bancos ya era del 30% y por eso tienen ese agujero de capital.

Alemania tiene que poner 25.000 millones del nuevo crédito y se plantó. Los socios acabaron exigiendo el programa de ajuste más duro desde 2009 a cambio de un crédito puente para evitar el impago al BCE y que será el inicio de la negación del tercer rescate.

La claudicación de Tsipras ha sido total. Condiciones: i) cumplimiento íntegro de la deuda en la cantidad y los plazos acordados, o sea artículo 135 de la Constitución Española; ii) ajuste fiscal del 6% del PIB, más del doble del aplicado por Rajoy en 2012; iii) reforma de pensiones aprobada en 2010 que Syriza votó en contra y iv) rescate bancario por el 15% del PIB, más del doble que el de Rajoy en 2012. Si no cumplen, por primera vez desde 1999 se dice en una cumbre europea que un país abandonará el euro.

La política griega ha pasado de la paranoia a la esquizofrenia. En seis meses Tsipras está amortizado, Syriza en descomposición interna y el país sumido en el caos. Y la exhibición de poder de Alemania ha abierto una grieta en el pilar de la construcción europea. El 80% de la opinión pública alemana desconfía de Grecia y no quiere darles más ayudas. Pero es muy complicado explicar al resto de opiniones públicas que esto es un proyecto común gobernado por Alemania.

El euro ha dejado de ser una moneda única para pasar a ser un tipo de cambio fijo reversible. El nuevo programa griego está condenado a fracasar como los anteriores y el Grexit es un escenario altamente probable. Si se produce, Europa tendrá su Lehman Brothers y nadie tiene un plan. Volverán las cumbres extraordinarias y no podrán culpar a los griegos. ¿Culparán los alemanes a los portugueses, españoles, italianos y franceses por no hacer reformas? ¿O servirá para avanzar en la unión fiscal y bancaria? Como diría el príncipe Hamlet “esa es la cuestión”.