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Francia busca una refundación de la eurozona tras la crisis griega

París formará una vanguardia para consensuar medidas hacia una unión fiscal y social

Merkel y Hollande, el 6 de julio en París.

Francia ha ganado protagonismo en Europa durante la gestión de la crisis griega y se siente con autoridad para liderar los profundos cambios necesarios en la zona euro. Asesores del presidente François Hollande aseguran que en otoño París formará una vanguardia, un grupo de países —“los que quieran ir más lejos”— para consensuar medidas hacia una unión fiscal y social. Incluyen un salario mínimo y un impuesto de sociedades armonizado. Convencida de que la unión monetaria es inviable sin unión económica, París quiere frenar las divergencias en la eurozona. Ya negocia esos cambios con Alemania.

Hollande ha reiterado que la zona euro debe tener un Gobierno económico propio —con un comisario al frente—, un presupuesto —para poder gestionar inversiones de gran calado— y un Parlamento —para democratizar las decisiones—. Ha sido la señal pública de que Francia toma las riendas de la transformación de la eurozona, cuyas carencias la han llevado al borde del abismo por la crisis griega.

Uno de los principales asesores de Hollande insiste: “No se trata de liderar por liderar”, sino de tener la capacidad de hacer propuestas. “Hollande tiene la voluntad y Francia, la capacidad de hacerlo”. El diputado socialista Philip Cordery, responsable en el Partido Socialista francés de asuntos europeos, comenta por teléfono que Francia “quiere ahora hacer valer sus puntos de vista” tras una década desaparecida de la primera línea europea por el trauma del no en el referéndum de 2005 sobre la malograda Constitución Europea.

Las principales propuestas francesas

Gobierno económico común para todos los países de la zona euro.

Fondo Monetario Europeo como instrumento de intervención rápida y de solidaridad.

Presupuesto propio en la zona euro.

Unión bancaria efectiva, más allá de la actual supervisión centralizada de los bancos, con garantías de depósitos y mecanismos para afrontar fugas de capitales.

Parlamento de países de la eurozona.

Salarios mínimos similares para evitar el actual “dumping social” entre países de la eurozona.

Impuesto de sociedades armonizado contra el otro tipo de dumping o competencia desleal: el fiscal.

Seguro europeo de desempleo complementario.

Clement Beaune, asesor del Ministerio de Economía para asuntos europeos, precisa que París concretará sus propuestas en septiembre y que, después, las consensuará con Berlín. Alemania no puede tomar ese liderazgo porque la crisis griega la ha dejado “muy tocada” ante la opinión pública europea, coinciden las fuentes consultadas. Posteriormente, se crearía esa “vanguardia”. “El trabajo ya ha comenzado”, asegura Beaune, quien considera que España e Italia deben estar en ese grupo. Cuenta que el ministro de Economía, Manuel Macron, ya ha hablado con homólogos italianos y españoles. El 10 de julio lo hizo en Madrid con Luis de Guindos y José Manuel Soria. París sostiene que en el grupo acabarán estando los seis fundadores de la UE.

En el Elíseo explican así la situación: “Desde que se creó la moneda única, las economías de la zona euro han divergido; si el crecimiento y, sobre todo, el crecimiento potencial, es tan diferente en unos y otros países, habrá una implosión”. En busca de una convergencia fiscal y social, Hollande y su Ejecutivo proponen un salario mínimo similar y un impuesto de sociedades armonizado para evitar el actual “dumping fiscal y social”, como denuncia Macron. Defienden también la creación de un Fondo Monetario Europeo como “instrumento de intervención rápida y de solidaridad”, dice el ministro. Y la unión bancaria real, más allá de la actual supervisión centralizada de los bancos, con garantías de depósitos y mecanismos para afrontar fugas de capitales. O un seguro complementario de desempleo. Y, obviamente, una política económica común con mayores poderes para la Comisión Europea.

París asume que debe pactar todo cambio con Berlín pero, a su vez, no acepta la hegemonía europea que unánimemente se le adjudica a Alemania. “Su dinamismo económico no se ha transformado en un dominio político”, afirman en el entorno de Hollande, donde incluso se censura la escasa iniciativa de los alemanes: “Es difícil encontrar una idea clave en sus aportaciones”. “Francia propone y Alemania negocia”, zanja un asesor del presidente francés.

Concepciones diferentes

París y Berlín tienen concepciones diferentes de la actual Europa. “Francia es muy reacia a compartir más soberanía, y Alemania, a compartir más riesgos”, ha escrito el expresidente de la Comisión Jacques Delors. Pero las propuestas de París implican pérdida de soberanía y, a medio o largo plazo, un nuevo Tratado de la UE, una opción que París ve con espanto: deberá organizar un referéndum, la ciudadanía francesa se dividirá y solo saldrá ganando la ultraderecha del Frente Nacional.

Aun así, Francia encara el riesgo, porque es inevitable y porque lo ve lejano. “No se puede eludir el debate por miedo”, señala el asesor Beaune. “En el futuro… sí, habrá que cambiar los Tratados”, admite El Elíseo. “Es un tema delicado”, reconoce Cordery, “pero al final habrá que hacerlo”. Alemania se muestra gratamente sorprendida de esa disposición francesa. “Me encantó escuchar a Hollande que Francia está lista ahora [para una revisión de los Tratados]”, ha dicho el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, a Der Spiegel. Todo un síntoma de que el proceso empieza con buenas vibraciones franco-alemanas. El otoño será clave para saber si ese embrión implantado en París concluye en el alumbramiento de una nueva zona euro.

Italia también llama a una unión política para salvar el euro

PABLO ORDAZ

El ministro italiano de Economía, Pier Carlo Padoan, asegura que para evitar que el euro deje de ser irreversible —“una opción que ahora está sobre la mesa, no nos engañemos a nosotros mismos”— es necesario que Europa camine “en línea recta hacia la unión política”. En una entrevista con el diario Financial Times, el hombre fuerte del Gobierno de Matteo Renzi advierte de que los pequeños ajustes ya no funcionan, y apuesta por “un euro distinto, más fuerte”, que solo puede ser el resultado de un mayor grado de convergencia política.

Padoan, que antes de ser fichado por Renzi fue economista jefe de la OCDE, deja claro que Italia, en la línea de Francia, sigue apostando por una serie de medidas —conclusión de la unión bancaria, un presupuesto común para la eurozona…— que incidan en el reforzamiento del euro. “Para tener una unión económica y monetaria en toda regla se necesita una unión fiscal y una política fiscal”, explica el ministro italiano, “y esta política fiscal debe responder a un Parlamento que debe ser elegido. De lo contrario no podrá rendir cuentas”.

El Gobierno italiano siente como una amenaza el creciente escepticismo de los ciudadanos hacia Europa, alimentado por partidos como la Liga Norte de Matteo Salvini y el Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo. Ante ello, Pier Carlo Padoan asegura que “el reto” de la Unión Europea es responder a las preguntas reales y concretas de los votantes.

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