Bruselas reclama un cambio radical en el modelo de inmigración y asilo

Juncker pide a los países que no distingan a los refugiados por religión

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Europa se enorgullecía de ser una especie de modelo para el resto del mundo; la crisis del euro ha puesto patas arriba el proyecto, y la crisis de refugiados amenaza con sacarle los colores a la UE. El jefe de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, lanzó este miércoles una ambiciosa propuesta, avanzada por EL PAÍS a lo largo del fin de semana, con medidas para recolocar a un total de 160.000 refugiados en dos años a través de cuotas obligatorias, y con un giro radical que incluye reforzar los controles fronterizos, devolver con más facilidad a los que no tengan derecho al asilo y activar un paquete de inmigración legal para 2016.

Europa, en su mejor versión, es una idea. Juncker trató este miércoles de desempolvar la vieja idea de “la solidaridad”, y recordó los colosales movimientos de refugiados del último siglo —desde los republicanos españoles hasta los desplazados por el nazismo, la Primavera de Praga, los Balcanes— para dar empaque a su batería de medidas. Bruselas, con apoyo de Berlín, ha puesto en marcha una ofensiva para tratar de impedir que los Estados miembros agüen esa propuesta, como sucedió en mayo. “Falta Europa en esta Unión, y falta unión en esta Europa”, espetó Juncker a lo largo de su sólido discurso sobre el estado de la Unión, criticado solo por los eurófobos. “Los Estados miembros han ido descuidando sus responsabilidades internacionales; es el momento de que eso cambie”, disparó ante la prensa.

El giro copernicano, prácticamente inexplicado, de España, que acepta sin discutir casi 15.000 asilados tras poner el grito en el cielo por 4.000 hace tres meses, facilita las cosas. Pero las fuentes consultadas aseguran que Juncker no las tiene todas consigo: si la crisis del euro abrió una brecha Norte-Sur, la crisis de refugiados reaviva la antigua fractura Este-Oeste. Polonia encabeza la negativa a las cuotas obligatorias. Los eslovacos, los checos y los bálticos secundan esa oposición. Incluso Hungría, que junto a Grecia e Italia es la gran beneficiada de la propuesta, podría obstaculizar los planes de Bruselas. La Comisión abre la puerta a que esos países no participen en el sistema si tienen argumentos para ello, pero abonando una sanción.

Los datos cuentan historias, pero no las cuentan todas. Juncker calificó de “impresionantes” las cifras de migrantes, pero ese casi medio millón de personas que ha entrado en la UE en 2015 supone apenas el 0,1% de la población europea. Los problemas surgen de la desigual distribución de las entradas, concentradas en Hungría, Grecia e Italia; Alemania suele ser el destino elegido.

Juncker ha ideado un sistema de cuotas obligatorias para recolocar a 120.000 asilados. A esa cifra se suman los 40.000 propuestos en mayo. El futuro político del plan se empezará a decidir en el consejo de ministros del Interior del próximo lunes.

Junto a la propuesta más llamativa de los refugiados, Bruselas presentó otras de largo alcance. Pretende convertir en permanente el esquema de urgencia usado en esta ocasión: cuando un país reciba un flujo extraordinario se activará ese mecanismo, en cuyo diseño participarán la Eurocámara y los socios. También se somete a los Estados la creación de una lista de países seguros, integrada de momento por los candidatos a adherirse a la UE: Albania, Bosnia, Macedonia, Kosovo, Montenegro, Serbia y Turquía. Las solicitudes de asilo procedentes de ciudadanos de esos países (el 17% del total) se rechazarán por lo general, para dar facilidades a los refugiados frente a los migrantes económicos.

Medidas de largo alcance

En paralelo, la Comisión propone reforzar las fronteras —más fondos para la agencia Frontex— y acelerar los procesos de expulsión para quienes no tengan derecho a asilo. Bruselas insta a “usar las detenciones como una medida legítima de último recurso”, y amenaza con sancionar a quienes incumplan. La actual normativa de retorno ya permite esas detenciones hasta un máximo de 18 meses, pero en la práctica solo se cumplen el 39% de las órdenes de expulsión. Además, se constituirá un fondo fiduciario de 1.800 millones al que los países harán aportaciones para fomentar el desarrollo de África.

“Es el momento de dar un viraje a esta historia para que nuestros nietos la cuenten con orgullo”, cerró Juncker un discurso que, por una vez, no se centró en la economía. Abundó, en cambio, en las viejas ideas que dieron forma a la mejor versión de Europa: la que lleva un tiempo desaparecida en combate.

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