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Pulso violento entre los golpistas y el pueblo en Burkina Faso

Los mediadores en la crisis del país africano anuncian un principio de acuerdo

Manifestantes este domingo contra el golpe de Estado.

“Te lo aseguro, no se saldrán con la suya. Estamos determinados”. Un ciudadano burkinés expresa firme su convicción, la misma que miles de civiles están manifestando en las calles, no solo de Ouagadougou, la capital, sino de las grandes ciudades del país. Mujeres brandando espátulas, barricadas improvisadas con neumáticos y movilizaciones para dejar claro su mensaje: “No” al golpe de Estado y “no” a su líder, el polémico general Diendéré.

Tras unas horas de calma y esperanza, Ouagadougou esperaba un domingo tranquilo, con las palabras del mediador Boni Yayi, anoche, habiendo apaciguado el sueño: “Se ha restablecido la transición”. Pero los tiros matutinos han truncado la esperada solución. Era la banda sonora de los militares del regimiento de élite (RSP) –los golpistas–, que han irrumpido en el Laico, hotel donde se están realizando las negociaciones para salir de la crisis. Han entrado de forma violenta en el lobby del hotel, algunos con el rostro oculto por pasamontañas y acompañados de civiles, y han agredido a miembros de partidos de la oposición y a periodistas. Entre los atacantes se han reconocido a seguidores del expresidente Blaise Compaoré, derrocado el pasado mes de octubre durante una fulminante revolución popular.

En el hotel se encontraban el general golpista, Diendéré, los mediadores –el presidente de Senegal y de Benin– y el presidente de la transición en Burkina Faso, Michel Kafando –capturado el miércoles cuando se lanzó el golpe de Estado pero liberado el viernes para facilitar el diálogo–. Además, también había portavoces de partidos políticos y los embajadores de Francia y Estados Unidos.

El general Diendéré quiere formar parte de la nueva transición y quiere liderarla, así se desprende de un documento entregado durante las negociaciones. Pero él es el personaje que la población rechaza y sus hombres –los 1.300 militares de élite de la guardia presidencial– el grupo que los burkineses quieren ver desaparecer. Su afinidad al expresidente Compaoré es la que provoca la desaprobación tajante de las masas.

La sociedad civil ha recuperado el espíritu revolucionario, amarado de inspiración Sankara, y está sacando de nuevo su artillería pesada: los gritos, las manifestaciones y la determinación. A través de la ondas de Radio Resistencia y comunicados en las redes sociales –aunque hay cortes en la conexión a internet– el movimiento ciudadano Balai Citoyen y los activistas lanzan consignas de desobediencia e insisten: “No queremos que se dialogue con terroristas”. Al grito de “la patria nos llama, camaradas”, el rapero Smockey, una de las caras más visibles de la revuelta, llamaba esta mañana a “paralizar Ouagadougou”.

Diendéré, el golpista, y sus hombres

En noviembre, mientras el mundo aplaudía la tenacidad de un pueblo, en un país desconocido sin mar, dentro de Burkina Faso todos mirában a Diendéré. Leerle podía dar pistas para el futuro, pero el general agudizó su discreción y se diluyó entre la euforia de la victoria popular. Y se quedó.

Hace más de 30 años que este hombre cauteloso está en primera línea. Fue él el que anunció por radio que Thomas Sankara había tomado el poder, aunque años después fuera el responsable de la operación militar que acabó con su asesinato, nunca resuelto. Desde entonces siempre ha estado dando la mano a Compaoré, convertido en gendarme del África Occidental y gran aliado de Francia en la región. Citado también en el otro gran asesinato de Burkina, el del periodista Norbert Zongo, Diendéré camina durante décadas como hombre de confianza del régimen, y es considerado uno de los mejor informados del país.

Diendéré ha sido el comandante de las fuerzas más bien formadas y equipadas del país: los 1.300 hombres de la unidad de élite encargada de proteger a Compaoré. Su fidelidad le valió el honor de encargarse de los dossiers más delicados, como los secuestros en el Sahel o las operaciones antiterroristas. La omnipresencia de Compaoré, eterno mediador, le abrió las puertas de Mali, Costa de Marfil, Sierra Leona o Níger.

Pero Diendéré no ha contado sólo con la confianza de Compaoré. El terrorismo y los secuestros le posicionaron también como pieza clave para Francia y Estados Unidos, que han tenido en Ouagadougou la gran base de la región.

Pequeña, discreta y sin mar, Burkina Faso ha sido durante décadas una nación sin titulares internacionales, aunque ha jugado sigilosamente en todos los conflictos de la región.

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