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Los golpistas desafían el ultimátum del Ejército de Burkina Faso

El primer ministro del Gobierno de transición, Isaac Zida, ha sido liberado

Tropas del Ejército de Burkina Faso en la capital del país Ouagadougou, el 22 de septiembre de 2015.
Tropas del Ejército de Burkina Faso en la capital del país Ouagadougou, el 22 de septiembre de 2015.

El líder del golpe de Estado en Burkina Faso ha afirmado este martes que continúa en el cargo. Lo ha hecho después de que haya expirado el ultimátum que el Ejército había dado a los golpistas para que se desarmaran o se atuvieran a un ataque.

Burkina Faso está en posición de alerta. El ultimátum ha expirado a las diez de esta mañana, hora local (las doce en la España peninsular). Los golpistas se encuentran en el Palacio de Kosyam, sede de la presidencia; el presidente de la transición, refugiado en la embajada de Francia; el primer ministro, recién liberado, y la población, angustiada ante los tambores de guerra, pero atenta a su papel de guardiana. La televisión nacional aliña la tensión con vídeos musicales.

El presidente del Parlamento, que está haciendo frente a los golpistas, ha emitido un decreto por el cual disuelve la Guardia Presidencial, que perpetró el golpe de Estado de la semana pasada. Soldados de esta unidad han comenzado este martes a entregarse al Ejército en la capital del país, Uagadugú, informa Efe citando a medios locales. "Más de 150 efectivos del Regimiento de Seguridad Presidencial (RSP) [que cuenta con unos 1.500 integrantes] han llegado en autocares escoltados por vehículos blindados al cuartel de Sangoulé Lamizana. Algunos vestidos de paisano y otros en uniforme militar", ha señalado el portal de noticias Burkina 24.

Ayer, columnas militares de todo el país convergieron hasta Uagadugú para cercar a los golpistas de la Guardia Presidencial, y el jefe de Estado Mayor entró en juego, pidiendo que bajaran las armas.

Pero el poderoso general Diendéré, el hombre a la cabeza del golpe de Estado, no está dispuesto a irse. Anoche, con las tropas acechándole, ha reivindicado, en una entrevista a Vice News, su intención de quedarse: "¿Huir? No. No sería una solución afortunada". Se autoconsidera un elemento básico para la estabilidad y dice que si se va "lo que harán los que se quedan no será bueno para el país". Se refiere a sus hombres, los militares de la unidad de élite que él creó y dirigió durante veinte años. Esta mañana, ha vuelto a desafiar: "Estamos listos para defendernos", ha dicho Diendéré minutos antes que el reloj marcara la hora límite. Todos los vuelos a Uagadugú han sido cancelados.

Pero muchos ciudadanos consideran precisamente lo contrario. "Este general es un calvario para nuestro país. Está involucrado en todas las desgracias de la historia reciente de Burkina Faso", se lamentaba un oyente burkinés en las ondas de RFI Afrique. Diendéré ya participó en otro golpe de Estado, en 1987, el que mató al "Che Guevara africano", Thomas Sankara, y elevó a su gran amigo, Blaise Compaoré, hasta el poder. Pero su currículum no acaba con esta gran herida para el pueblo burkinés. En la lista hay que añadir su presunta implicación en el asesinato del periodista Norbet Zongo (que investigaba al hermano del presidente Compaoré) o sus intercambios de diamantes por armas en Sierra Leona, entre otros.

Tras cinco días de cautiverio, los golpistas han liberado esta mañana al primer ministro del Gobierno de transición, Isaac Zida, capturado el miércoles pasado en las primeras horas del golpe de Estado. Una última carta para tratar de convencer a la comunidad internacional, a los ciudadanos y al Ejército en posición de batalla de que quieren negociar. Pero los activistas del movimiento ciudadano Balai Citoyen tienen muy claro que no quieren darle ni palabra ni opciones. "Que perdonen y amnistíen a los responsables de Charlie Hebdo, o del 11S", se dice en la calle. "Es ahora que debemos completar la insurrección de octubre. Para inscribirla en letras de oro en la historia de la lucha de los pueblos", alentaba esta mañana un responsable de la sociedad civil, Guy Hervé Kam, en una declaración compartida 1.800 veces en Facebook. "Velemos para que todo termine en la calma. Somos todos gendarmes", seguía, en una nueva muestra de la motivación y organización social de los revolucionarios de Burkina Faso.

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