Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Los talibanes afganos toman una ciudad por primera vez desde 2001

El pulso al Gobierno de Ghani pone de relieve la escasa preparación de las fuerzas de seguridad locales tras la retirada de las tropas de la ONU

Fuerzas de seguridad afganas, este lunes en la provincia de Kunduz.
Fuerzas de seguridad afganas, este lunes en la provincia de Kunduz. REUTERS

Los talibanes han izado este lunes su bandera sobre la principal plaza de Kunduz, al norte de Afganistán. Se trata de la primera vez que alcanzan el centro de una gran ciudad desde que la intervención estadounidense los echó del poder en 2001. Además de ser un importante revés para el Gobierno de Ashraf Ghani, la ofensiva rebelde pone en evidencia la insuficiente preparación de las fuerzas afganas tras la retirada de las tropas de la OTAN el año pasado. Esa inseguridad explica también el continuo flujo de refugiados afganos que llega a Europa.

Los insurgentes atacaron Kunduz al alba desde tres direcciones distintas y a primera de la tarde ya habían llegado al centro de la ciudad, donde al final del día lograron hacerse con la sede de la gobernación provincial, según Reuters. Ese complejo se encuentra a unos 750 metros de la plaza del Tráfico, donde testigos citados por la agencia han visto ondear la bandera blanca con la shahada o profesión de fe de los musulmanes inscrita en negro, que es la imagen de marca de los talibanes. Al parecer, el grupo no ha encontrado excesiva resistencia.

Funcionarios locales relataron a la cadena de televisión afgana Tolo TV que, cuando se inició la ofensiva, “un gran número de fuerzas de seguridad se encontraban fuera de la ciudad”. Tal es el caso también del gobernador, Mohammad Omar Safi, que vive en Tayikistán. Kunduz, de unos 300.000 habitantes, se encuentra en la carretera que une Kabul con ese país centroasiático. El vicegobernador, por su parte, huyó hacia el aeropuerto, situado una decena de kilómetros más al sur, pero otros ciudadanos no tuvieron tanta suerte; se toparon con las vías de salida bloqueadas por los combates entre los talibanes y las tropas gubernamentales, por lo que permanecen atrapados en sus casas.

“Los muyahidín están intentando evitar cualquier daño a los residentes de Kunduz; deben estar tranquilos de que no vamos a causarles ningún problema”, ha asegurado el portavoz talibán, Zabihullah Mujahid. El portavoz se refería a los talibanes como “muyahidín”, literalmente “los que hacen la guerra santa”, un término con connotaciones de resistencia porque se usó durante la lucha contra la ocupación soviética en los años ochenta del siglo pasado. Más tarde la misma fuente informó de que los rebeldes se dirigían hacia el aeropuerto.

Después de haber minimizado la situación, el portavoz del Ministerio del Interior, Sediq Sediqqi, reconocía esta noche que "la mayor parte de Kunduz ha caído en manos de los talibanes". No obstante, aseguró que las fuerzas gubernamentales estaban preparándose para llevar a cabo una contraofensiva. El Ejército afgano ya no cuenta sin embargo con la ayuda de las tropas de la OTAN que desde el pasado diciembre sólo mantienen una pequeña fuerza de 13.000 soldados destinados a tareas de formación.

Kunduz, que hasta octubre de 2013 estuvo bajo supervisión de un destacamento de militares alemanes, queda lejos de los feudos talibanes en el sur y el este de Afganistán. Sin embargo, y a pesar del conflicto por la sucesión del mulá Omar, los insurgentes islamistas han aumentado recientemente sus operaciones en el norte del país. En abril y en junio llegaron hasta las afueras de esa ciudad, pero la policía y el Ejército lograron rechazarlos. Aun así, el jefe de la Asamblea Provincial, Mohammad Yusuf Ayubi, declaró recientemente que el 70% de la provincia estaba bajo control talibán.

La caída de Kunduz sería un duro golpe para el presidente Ghani, quien fue elegido el año pasado con una promesa de alcanzar un arreglo con los talibanes y devolver la paz a su país después de tres décadas de sucesivos conflictos. Sin embargo, las primeras conversaciones directas que logró organizar con esos insurgentes en Kabul el pasado julio se retrasaron sin fecha debido a la revelación de que el líder talibán, el citado Omar, había muerto en 2013 y su polémica sucesión por el que fuera su mano derecha, el clérigo Akhtar Mansur.