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Aumentan los recelos en Alemania ante los recién llegados

Las peleas en centros de acogida abren el debate sobre la separación por religiones

Un grupo de refugiados llega el 3 de octubre, día de la unidad alemán, al Estado alemán de Baja Sajonia.

El escenario que tanto temían algunos miembros del Gobierno alemán se acerca. La llegada de refugiados está generando tensiones que amenazan con socavar la actitud positiva con la que la mayoría de la sociedad ha recibido a los solicitantes de asilo. Peleas en centros de refugiados, huelgas de hambre de recién llegados insatisfechos con las condiciones que reciben o el anuncio de que ciudades como Hamburgo y Bremen preparan medidas para confiscar terrenos en los que alojar a los refugiados contribuyen a caldear el ambiente.

El pasado mes de septiembre, un 38% de los consultados por la cadena pública ARD admitían tener miedo ante la llegada de tantos refugiados. Un mes más tarde, ese porcentaje ha aumentado 13 puntos, hasta el 51%.

El cambio de actitud también se nota en las declaraciones de los políticos. El vicecanciller y líder socialdemócrata, Sigmar Gabriel, decía a principios de septiembre que un país con la potencia económica de Alemania podría acoger cada año a medio millón de refugiados, o incluso más, sin problemas. Ahora, Gabriel alerta de que el flujo de llegadas está ya cerca de los límites que puede soportar el país. Políticos como el ministro del Interior, Thomas de Maizière, también han endurecido el tono. De Maizière, que osó desautorizar en público a su jefa y hasta ahora aliada Angela Merkel, coquetea ahora con el populismo, como cuando criticó a los refugiados porque “se quejan de que no les gusta la comida, piden taxis y se pelean en los centros de acogida”.

El tabloide Bild, un buen termómetro del estado de opinión de una parte importante de los alemanes, ha pasado de encabezar una campaña a favor de los solicitantes de asilo llamada “Nosotros ayudamos” a llevar a su portada titulares como “la locura de las expulsiones”, en el que denunciaba a los refugiados que no se presentaban en los aeropuertos cuando las autoridades querían echarles del país.

Pero no son solo las declaraciones de los políticos. "Vamos a conseguirlo", dijo Merkel como grito de ánimo a sus conciudadanos. Pero el paso de las semanas está demostrando que va a ser más difícil de lo inicialmente previsto. Unos 200 hombres participaron en una pelea -de sirios contra afganos- en la noche del jueves en un centro de refugiados de Hamburgo. En agosto, una monumental bronca desatada por un joven que rompió y tiró al baño un Corán dejó 11 refugiados y seis policías heridos. Los sindicatos de la policía reclamaron que, para evitar estos enfrentamientos, se separaran a los recién llegados por etnia o religión, algo que ha quedado descartado por su complicación.

Las iniciativas para buscar terreno en el que alojar a los refugiados también han despertado polémica. Diversas ciudades se preparan para confiscar terrenos vacíos de propiedad privada. En algún caso, se ha rescindido el contrato a inquilinos de pisos sociales para acoger a inmigrantes. “Cuando las autoridades actúan de este modo, la xenofobia está a la vuelta de la esquina”, escribía en un reciente artículo el analista Wolfgang Münchau.