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El Congreso de Brasil decide el futuro político de Rousseff

El presidente de la Cámara de Brasil, también involucrado en acusaciones por corrupción, decide el martes si aprueba una solicitud de destitución en contra de la mandataria

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff. AFP

En Brasil hay, por el momento, más preguntas que respuestas, pero la más importante, el destino político de la presidenta Dilma Rousseff (del Partido de los Trabajadores, PT), comenzará a resolverse esta semana. El presidente de la Cámara de los Diputados, Eduardo Cunha, del opositor Partido del Movimiento Democrático de Brasil, (PMDB) ha prometido decidir este martes si acepta o no la solicitud de apertura de un proceso de destitución contra la mandataria por supuestas irregularidades en sus cuentas de Gobierno de 2014.

Cunha enfrenta también a líderes opositores que exigen su propia destitución después de que se revelase la existencia de cuatro cuentas suyas no declaradas en Suiza. Una investigación de O Globo afirma que el dinero fue desviado de un contrato por 34,5 millones de dólares que Petrobras obtuvo en Benín.

El presidente de la Cámara ha dicho que solo aceptará el proceso de impeachment en caso de que tenga fundamentos técnicos. Para ello, sería necesario que las supuestas irregularidades cometidas por Rousseff hubieran ocurrido en su actual mandato, que comenzó en 2015. La oposición evalúa añadir a la principal solicitud de destitución, presentada por el exmilitante del PT Helio Bicudo, el argumento de que el Gobierno cometió fraude fiscal en 2015 como supuestamente lo hizo en 2014, una acusación que ya ha llevado al Gobierno de Rousseff al Tribunal de Cuentas. El procurador Julio Marcelo de Oliveira alega que el delito también se produjo durante el primer semestre de este año. Su argumento se basa en que el Gobierno de Rousseff retrasó el pago de 40.000 millones de dólares destinados a los programas de asistencia, según una investigación del diario O Estadão de S. Paulo.

¿Cómo sería el proceso de destitución?

Las opciones para Cunha son dos. Dejar clara su ruptura con Rousseff al adoptar una postura de enfrentamiento o bien, asumir una táctica de menor confrontación para mantener un eventual apoyo del PT y protegerse de su propio proceso de destitución.

En el segundo escenario, que circula en los corrillos políticos brasileños en las últimas semanas, Cunha rechazaría todas las solicitudes de apertura de proceso de destitución. Son 10 en total. De esta manera, evitaría una confrontación con Rousseff y la oposición podría, según una interpretación del reglamento interno de la Cámara, apelar la decisión del presidente en el Pleno. De esta manera necesitaría solamente una mayoría simple para iniciar el impeachment contra la mandataria: 257 parlamentarios. Según los sondeos, en estos momentos, la presidenta cuenta con el apoyo firme de solo 180 diputados.

Cunha ha dicho que solo aceptaría el proceso de impeachment en caso de que tuviese fundamentos técnicos

Una vez abierto el proceso, una comisión investigaría las posibles irregularidades y, después de presentar sus conclusiones, la solicitud volvería al Pleno para decidir a favor o en contra de la salida de Rousseff del cargo. Para la destitución, la votación debe sumar al menos dos tercios de la Cámara: 342 diputados. Nada le garantiza a la mandataria que los 180 parlamentarios que todavía le son leales mantendrán su postura en caso de llegar a este escenario. En primer lugar, porque la presión popular puede cambiar sus posturas. Y en segundo, porque ellos podrían exigir más poder para mantener su apoyo y la presidenta acaba de realizar una reforma en los Ministerios para aplacar los chantajes de sus aliados.

De aprobarse en la Cámara, el proceso de destitución llegaría al Senado, donde Rousseff cuenta con el apoyo del presidente Renan Calheiros y una base leal menos volátil. Pero en este punto, los analistas políticos aseguran que la presión popular sería insostenible.

Rousseff prepara su defensa

La presidenta se reunió este lunes con los principales ministros para evaluar cómo será su contraataque. Rousseff también ha formado un equipo de juristas de renombre para enfrentar los argumentos a favor de la destitución. Su estrategia consiste en recurrir al Supremo Tribunal Federal en caso de que se abra cualquier solicitud de proceso de destitución. El argumento será que, en cualquiera de las hipótesis, la apertura de un impeachment solo podría hacerse con la aprobación de dos tercios de la Cámara.

La presidenta se reunió este lunes con los principales ministros para evaluar cómo será su contraataque

Rousseff tiene otra oportunidad para salvarse, pero conlleva enormes costes políticos: negociar con Cunha a cambio de que las investigaciones en su contra por las cuentas en Suiza bajen de intensidad. El miércoles pasado, el poderoso ministro de la Casa Civil, Jaques Wagner, se reunió con el presidente de la Cámara en lo que se interpretó como un intento de reaproximación. Para salvar a la mandataria, Cunha podría utilizar su poder evitando cualquier decisión sobre las solicitudes de destitución. Pero, por otra parte, enfrentaría la furia de la oposición, que con el apoyo de la opinión pública haría todo por sacarlo de su propio cargo. Lo que queda por saber es hacia qué lado va a inclinarse.

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