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La batalla por Alepo amenaza con causar otra huida masiva

Las fuerzas opositoras rebeldes anuncian haber recibido nuevas armas del exterior

Un tanque usado por facciones opositoras en el monte Azzan, a 24 kilómetros de Alepo, durante combates contra fuerzas del régimen este domingo.
Un tanque usado por facciones opositoras en el monte Azzan, a 24 kilómetros de Alepo, durante combates contra fuerzas del régimen este domingo. AFP

Los bombardeos rusos en Siria han permitido al presidente Bachar el Asad lanzar una importante ofensiva contra la segunda ciudad del país, Alepo, de dos millones de personas y, hasta el inicio del conflicto, capital económica del país. Durante el fin de semana, los bombardeos de las Fuerzas Aéreas de la Federación Rusa se concentraron en el extrarradio del sur de Alepo, para permitir a las fuerzas leales al régimen avanzar hacia la ciudad misma, pero la ofensiva fue en parte contenida este lunes tras recibir nuevos cargamentos de armas las facciones opositoras.

Desde 2012, una miríada de facciones se reparte Alepo: el Ejército sirio controla el oeste del casco urbano y parte del sur y el este del extrarradio; las milicias kurdas mantienen varios barrios en el norte de la ciudad y los ‘rebeldes’ –entre los que se cuentan opositores moderados y grupos yihadistas como Al Nusra y Ahrar ash Sham- aguantan en las áreas orientales del casco urbano y en parte del norte. Más al este, el Estado Islámico (ISIS) presiona tanto a los rebeldes como al régimen buscando abrirse paso hacia Alepo.

La ofensiva del Ejército regular –bajo la cobertura aérea rusa- se ha centrado, en el este de Alepo, en tratar de romper el cerco al aeropuerto militar de Kweires, rodeado por el ISIS, y por el sur en romper las bolsas de resistencia rebelde en las zonas del extrarradio con vistas a retomar el casco urbano. Para ello, ha contado con el apoyo de “cientos” de militares iraníes o proiraníes –algunas fuentes militares de EEUU hablan de “hasta 2.000” efectivos-, entre miembros de cuerpo de elite de la Guardia Revolucionaria Iraní (la Fuerza Quds); del grupo chií libanés Hezbolá y de milicias chiíes procedentes de Irak. El ministro de información sirio, Omran al Zubi, negó la presencia de tropas de combate iraníes y aseguró que se encuentran en el país como “asesores”, pero la muerte de tres altos mandos militares de la Guardia Revolucionaria en las últimas semanas indica lo contrario.

De acuerdo con el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) de Washington, los bombardeos rusos en seis diferentes provincias de Siria “han servido para fijar las fuerzas rebeldes a lo largo de múltiples frentes”, de manera que el régimen lleva la mano en la nueva batalla por Alepo. Durante el fin de semana, el Ejército regular recuperó varios pueblos al sur de Alepo y este lunes arrebató tres colinas controladas por el Yabhat al Nusra, filial de Al Qaeda en Siria, y se produjeron importantes combates en los barrios de Bani Zaid y Salah al Din aunque no produjeron grandes cambios en la línea del frente, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (SOHR). Esta institución avisó de que unas 3.000 familias habrían huido al interior de la provincia de Alepo por miedo a los combates, algo de lo que también alertó este domingo el primer ministro turco, Ahmet Davutoglu: “Los bombardeos rusos y los ataques del ISIS podrían causar otra ola de refugiados”.

“Las batallas continúan con fuerza en un número de frentes. Los últimos tres días han sido malos”, explicó a Reuters Hassan al Haj Ali, comandante del grupo rebelde Suqur al Yabal. Sin embargo, el lunes, los rebeldes lograron contener en cierto modo los avances del régimen gracias a la llegada de nuevos cargamentos de armas de fabricación estadounidense, aunque ninguna katiba accedió a decir qué gobierno las ha enviado. “Hemos recibido cargamentos de munición en cantidades mayores que anteriormente, incluyendo morteros, lanzacohetes y misiles antitanque”, aseguró a Reuters Issa al Turkmani, comandante del grupo rebelde Sultán Murad, afiliado al Ejército Sirio Libre y apoyado por el Gobierno turco. Con todo varios grupos islamistas rebeldes se quejaron de que las nuevas armas no son suficientes para hacer frente a la nueva escalada.

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