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Beata Szydlo, la “pantalla” amable de Kaczynski

La nueva primera ministra de Polonia representa la cara más conciliadora de la derecha

Jaroslaw Kaczynski felicita a Beata Szydlo tras ganar. AFP

A Beata Szydlo, según las encuestas a pie de urna la nueva primera ministra de Polonia representando al ultraconservador Ley y Justicia (PiS), se le atribuye gran parte del éxito de su partido en esta campaña. Ella ha suavizado la imagen agresiva de la formación otorgándole un estilo de eficiencia y sobriedad. En junio Szydlo, etnóloga de 52 años, fue nominada candidata a primera ministra y en pocos meses ha alcanzado gran popularidad. “Es una política con la que se coopera bien”, explican en su think tank, el Instituto Sobieski: “Trabaja muy bien con expertos porque, a diferencia de la mayoría de políticos polacos, entiende que su conocimiento es limitado. Toma las decisiones rápido y está centrada en la economía”. Ese relativa flexibilidad explica que hasta los más opositores al PiS la respeten. No por ello deja de ser una mujer muy conservadora, hija de un minero y con un hijo seminarista.

Durante la campaña el PO ha acusado a Szydlo de ser una “pantalla” tras la que se esconde quien muchos temen que dirija el país: el presidente del PiS y ex primer ministro, Jaroslaw Kaczynski (66 años), una figura que suscita desconfianza en gran parte de la sociedad.

Kaczynski ha permanecido apartado de la primera línea de la campaña, pero sus intervenciones han sido memorables, como cuando acusó a los refugiados sirios de traer a Europa enfermedades como el cólera. Como fundador del partido y gran ideólogo a él se le atribuyen las líneas maestras de la ideología del PiS: la defensa de la identidad nacional y católica del país contra el pensamiento débil europeo. Sus simpatías hacia la Hungría de Viktor Orbán nunca han sido un secreto, pero desde que sus detractores lo convirtieron en un arma contra él, dejó de repetir que “Varsovia debe ser la nueva Budapest”.

Aunque sus enemigos jueguen en público a burlarse de él, aseguran que el político no debe de ser menospreciado. “Una vez lo conocí y es lo más parecido a un De Gaulle que tenemos en Polonia”, explica un periodista no simpatizante: “Tiene una idea de nación en la cabeza y quiere ejecutarla”. Tal como explican sus colaboradores, Kaczynski vive obsesionado con “cambiar Polonia y entrar en los libros de Historia”. Otro de sus objetivos es reabrir la investigación sobre el accidente aéreo en el que murió su hermano gemelo en 2010 (el entonces presidente del país Lech Kaczynski) por el que sigue guardando luto y cuya muerte le ocultó a su madre durante días usando periódicos falsos que mandó imprimir, según un libro del periodista Michal Krzymowski.

A las dudas sobre el poder real que tendría en el Gobierno, Szydlo ha respondido con el aplomo que a sus electores les gusta encontrar en una mujer polaca: “No dejo que nadie dé órdenes, y mi marido lo sabe bien”. Otros creen que Szydlo debería de ser la primera con cuidado. Nadie olvida que en 2006 Kaczynski obligó a Kazimierz Marcinkiewicz, el primer ministro que había ganado las elecciones para el PiS, a que dimitiera tras nueve meses en el cargo para cedérselo a él.

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