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El complejo sistema de balotaje argentino

La Constitución que Argentina votó en 1994 creó un extraño sistema

Un puesto de votación en Buenos Aires. AFP

La Constitución que Argentina votó en 1994 creó un extraño sistema de balotaje. Para ganar en primera vuelta, un candidato debe obtener más del 45% de los votos o entre el 40% y el 44% con una diferencia de diez puntos porcentuales sobre el segundo.

Desde las elecciones presidenciales de 1995 en adelante jamás se celebró el balotaje. Ese año, en 1999, 2007 y 2011, el vencedor triunfó en primera vuelta. Solo en 2003 ocurrió que ningún candidato superó la barrera del 40%: el peronista neoliberal Carlos Menem, que había gobernado Argentina entre 1989 y 1999, logró el 24% y su correligionario Néstor Kirchner, de izquierdas, obtuvo el 22%. La contienda iba a definirse en segunda vuelta, pero ante unas encuestas que predecían una abrumadora victoria de Kirchner por la mala imagen de Menem entre la mayoría de los argentinos llevó a que este último renunciara a la candidatura antes de los comicios. Así fue que el entonces gobernador de la provincia sureña de Santa Cruz arribó al poder.

En caso de que el actual aspirante peronista a la presidencia argentina, Daniel Scioli, fracase en su intento de vencer este domingo y deba dirimir la pelea contra su rival liberal, Mauricio Macri, el 22 de noviembre próximo, no está claro cómo se repartirían los sufragios de los que votaron por otros contendientes. El tercero en discordia es el peronista opositor Sergio Massa. Sus votantes están cansados del kirchnerismo en el que se enroló Scioli, pero también están los que prefieren a un peronista y rechazan a un Macri al que tildan de derechas.

Una batalla en segunda vuelta resultaría tan ajustada que los dos candidatos deberían batallarían por los pocos votantes que este domingo escogieron a los otros tres aspirantes a la Casa Rosada (sede presidencial de Argentina): la progresista Margarita Stolbizer, el trotskista Nicolás del Caño y otro peronista opositor, Adolfo Rodríguez Saá, que presidió el país durante una semana en la crisis de 2001. En un balotaje, los dos candidatos deberían pelear voto por voto sin la ayuda de los aparatos partidarios que este domingo se ha puesto en juego porque en 11 provincias se elegían además gobernadores, legisladores, alcaldes y concejales.

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