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Los militares blindan las aulas ante el crimen en Acapulco

Los docentes sufren las extorsiones y amenazas de los carteles

Un militar protege a unos alumnos en Acapulco. AFP

Los profesores de Acapulco están a punto de cobrar el aguinaldo de Navidad pero el narco quiere su tajada. Hasta ahora, el crimen organizado había extorsionado a taxistas, políticos y comerciantes y había dejado en paz a los maestros, como si atacar a los hombres y mujeres que enseñan a leer a sus hijos fuera cruzar una línea roja similar a la de matar a un cura. Eso es cosa del pasado. Los sicarios de los carteles que han puesto patas arriba la ciudad, destino favorito de las estrellas de Hollywood y los ejecutivos de Nueva York en los setenta, llevan meses amenazando a los maestros de escuela.

Las cifras de asesinatos son imparables: de enero a septiembre de este año se han producido 1.985 homicidios

Desde este lunes, la policía y los militares protegen 120 escuelas que estaban sufriendo la presión de los delincuentes. En 14 de ellas hombres armados habían entrado a las aulas de clases para robar y amenazar a los docentes. Preocupados por la inseguridad, los profesores llevan un mes sin dar clase. Los libros se han quedado cerrados.

Guerrero, cuya principal ciudad es Acapulco, es el estado más violento de México. Aquí desaparecieron los 43 estudiantes de Ayotzinapa hace más de un año. La violencia no ha dejado de extenderse desde entonces, pese a que todo el país había puesto su atención en la región. Hace unas semanas las autoridades encontraron unas fosas clandestinas repletas de cadáveres y días después 12 personas murieron acribilladas en un palenque. Las cifras de asesinatos son imparables: de enero a septiembre de este año se han producido 1.985 homicidios.

Los profesores dieron a conocer el problema a principios de mes. En 56 primarias y secundarias de las 1.150 que hay en todo el puerto de Acapulco los docentes abandonaron las aulas. “Dijeron que no irían a clases porque los habían amenazado y habían recibido visitas en el interior de las escuelas, donde les habían pedido dinero: los estaban extorsionando. Solo así los dejarían en paz”, dice por teléfono el ministro de Educación de Guerrero, José Luis González de la Vega.

Los asaltos, secuestros y extorsiones son un problema añejo. Desde 2011, los profesores han parado clases en distintas ocasiones durante semanas o meses. Viven en constante acecho, asegura Ramos Reyes Guerrero, líder de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero (CETEG). “Llega diciembre y quieren parte de la paga extra”, asegura.

Destino turístico

Los maestros alzaron la voz por primera vez hace cinco años. Una profesora de la colonia Renacimiento, uno de los asentamientos más grandes y marginados del puerto, fue sacada de sus oficinas a plena luz del día. No fue liberada hasta que su familia pagó un rescate. Más tarde, un profesor fue asesinado de un balazo en la sien. Otro colega murió acribillado frente a la escuela. Ese día comenzaban las clases.

El encanto de Acapulco se ha esfumado. La ciudad que fue un destino turístico de primer nivel es hoy en un lugar golpeado por el crimen. Pocos viven en paz. Los barrios de la periferia, donde reside la mano de obra de los hoteles en los que se sirven margaritas a los extranjeros, son presa de la pobreza y la marginación.

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