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Macri impulsa un nuevo ciclo en Latinoamérica y ataca a Maduro

Argentina abre una nueva etapa a la espera de las elecciones del 6 de diciembre en Caracas

Macri, durante la rueda de prensa. REUTERS / RICARDO MAZALAN (AP)

No habían pasado ni 12 horas de su victoria por la mínima y Mauricio Macri ya empezó a actuar como un nuevo líder regional que marca un cambio de rumbo en Latinoamérica. El presidente electo de Argentina confirmó que pedirá la aplicación de la cláusula democrática para Venezuela y buscará cerrar el acuerdo de la UE con Mercosur y abrirse a la Alianza del Pacífico. Un giro de 180 grados hacia el liberalismo para el que necesitará un acuerdo con Brasil, el socio clave y el primero al que visitará, incluso antes de asumir el cargo el 10 de diciembre.

Argentina ha sido un país clave en los años dorados de la izquierda latinoamericana. Fue en Mar del Plata, en 2005, donde Néstor Kirchner, Lula da Silva y Hugo Chávez marcaron un giro en la política internacional de la región, rompieron con EE UU y boicotearon el ALCA, el tratado de libre comercio que promovía George Bush. Desde entonces, la impronta del chavismo fue enorme en la política regional con la suma de otros apoyos como Bolivia, Ecuador, Uruguay, y a su manera también Perú, todos aliados del fallecido Chávez. Es Argentina, de nuevo, la que aparentemente abre un nuevo ciclo a la espera de lo que suceda en las elecciones del 6 de diciembre en Venezuela.

Poco después de esa fecha llegará la cumbre de Mercosur en Asunción (Paraguay) el 21 de diciembre. Y ahí, con Macri ya como presidente de Argentina —asume su mandato el 10 de diciembre— puede empezar su protagonismo como líder regional, aunque se encontrará con una realidad compleja para él y dominada aún por Gobiernos de izquierda.

El líder de la alianza Cambiemos dejó claro que no se echará atrás en su batalla contra Nicolás Maduro para que libere al dirigente de la oposición Leopoldo López y pedirá la aplicación de la cláusula democrática en Mercosur para expulsar a Venezuela “por los abusos en la persecución a los opositores y a la libertad de expresión”. Por si había dudas, Macri invitó a su noche electoral en Buenos Aires a Lilian Tintori, esposa de López. Un símbolo del cambio que viene. “Es evidente que corresponde que se aplique esa cláusula porque las denuncias son claras, son contundentes, no son un invento”, aseguró.

En el entorno del presidente electo señalan que este asunto está pendiente de lo que suceda el 6 de diciembre. Si Maduro pierde y asume la derrota o incluso libera a López, todo se suavizará. Si gana y mantiene el encarcelamiento o hay denuncias de fraude o no reconoce su derrota, la cumbre se antoja muy complicada y Macri se fajará a tope. Está convencido de que encontrará apoyos en los otros socios de Mercosur, aunque no será fácil. La clave está en Brasil, porque hasta ahora Dilma Rousseff se ha negado a condenar a Maduro.

700.000 votos de diferencia

Mauricio Macri (Cambiemos) logró el 51,4% de los votos, contra el 48,6% de Daniel Scioli (Frente para la Victoria). Menos de 700.000 votos de diferencia. Además, ganó en la ciudad autónoma de Buenos Aires y ocho provincias. Scioli ganó en 15, incluida Buenos Aires.Cambiemos tendrá solo 91 de los 129 diputados necesarios para aprobar leyes y 15 de los 37 senadores. Deberá pactar.

El asunto de Venezuela es uno de los muchos que tienen que tratar los dos colosos de Sudamérica y grandes socios comerciales, que ahora tendrán Gobiernos de distinto signo político. Pero el giro no llega solo con Venezuela. Macri se va a abrir a EE UU después de años de tensión enorme —su llegada fue saludada por el embajador de este país— y romperá con Irán. “Voy a proponerle al Congreso que deroguemos el memorándum con Irán. Es algo que no ayudó en esto de unir a los argentinos y mostrarnos coherentes frente al mundo. Que el mundo sepa que somos previsibles en cualquier circunstancia”, dijo.

También se acercará a la Unión Europea; esto es, volverá a la política exterior tradicional de Argentina, centrada en Brasil, Latinoamérica, EE UU y la UE. Mariano Rajoy, amigo de Macri, que tuvo al PP como inspiración aunque ahora también se fija en Ciudadanos, envió un saludo nada protocolario. Ambos han hecho incluso campaña juntos en Buenos Aires.

El presidente electo ha insistido durante toda la campaña en que no abrirá la frontera de forma total a las importaciones, como muchos temen, porque destruiría a la industria local. Pero sí ha dado ya gestos de apertura. “El Mercosur tiene que avanzar en los convenios con la UE y converger para una alianza con el Pacífico y aumentar el intercambio en general”, aseguró. Este tratado de Mercosur y la UE se discute sin éxito desde hace 16 años, pero Macri promete reactivarlo. Siempre que Brasil le deje, claro.

Juicios a represores

El candidato dará pues un giro rotundo a la política exterior. Y también habrá modificaciones claras en la económica. Anunció que no tendrá un superministro de Economía, como era habitual en Argentina, sino seis ministros de áreas económicas con igual peso —Hacienda y Finanzas, Trabajo, Energía, Producción, Transporte y Agricultura, Ganadería y Pesca—, lo que dejará al presidente como gran protagonista de las decisiones clave para afrontar la crisis. La principal es la de dejar libre el tipo de cambio y permitir la compra de dólares, ahora muy limitada.

Lo que no cambiará, y fue un asunto importante en la campaña, es la política de derechos humanos y juicios a los represores de la dictadura argentina (1976-1983), aseguró Macri. Algunos sectores conservadores piden al nuevo Gobierno que suspenda los procesos en marcha contra represores, que han dejado 370 condenados de 2.071 acusados. La mayoría de la sociedad quiere que sigan los juicios y los procesos de recuperación de nietos secuestrados a las prisioneras asesinadas.

Macri parece resistir de momento esa presión de su derecha: “La justicia va a tener total independencia para seguir en el mismo camino”. Con un 48% de votos en contra, Macri sabe que va a tener muchos ojos mirándole si incumple cualquiera de estas promesas.

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