Fernández se va por vía judicial: “A las 12.00 me convierten en calabaza”

Una plaza de mayo llena le pide que se quede y la saluda entre lágrimas

Cristina Fernández durante el acto de despedida. / RICARDO CEPPI Atlas

Cristina Fernández de Kircher deja el poder real, pero no ha perdido su enorme capacidad de convocatoria. Su apoyo social no basta para ganar unas elecciones, como se vio el 22 de noviembre, pero aún le permite llenar hasta la bandera la mítica plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada. En su último discurso, la presidenta se despidió a su estilo, combativo, guerrero hasta el final, aunque tiró de ironía. Todos esperaban su reacción después de que una medida cautelar de la juez Servini de Cubría determinara que ella deja de ser presidenta a las 23:59 del miércoles. Esa medida, pedida por Mauricio Macri para poder controlar la ceremonia de sucesión, supuso la ruptura definitiva y la excusa para que Fernández de Kirchner se niegue a acudir a la ceremonia y entregar la banda presidencial al sucesor. Ella hablaba y la plaza vibraba. Y entonces soltó: “No me hagan hablar mucho que a las doce me convierten en calabaza”, esto es tiene que dejar el poder por orden judicial. La plaza entonces gritó enfervorecida un cántico futbolero adaptado: “Macri cagón, sos cagón, Macri sos cagón”.

Kirchner trasladó a sus fieles la idea de que si ella no está en la toma de posesión es por culpa de Macri, que se empeñó en no hacer el acto en el Congreso y acudió a la justicia. La presidenta aprovechó para cargar contra el “partido judicial” y contestó a la plaza que gritaba contra los jueces. “Todos los argentinos estamos un poco en libertad condicional en estos momentos”. "Violentar la Constitución y poner un presidente por decreto no es algo banal", insistió.

Más allá de las bromas sobre la calabaza, Kirchner acusó al macrismo de llevar al país a un momento inédito, con un cambio de presidente por orden judicial: “He visto muchas medidas cautelares. Pero en mi vida pensé que iba a ver un presidente cautelar durante 12 horas en mi país”. Se refiere al hecho de que el macrista Federico Pinedo, presidente provisional del Senado, asumirá el poder durante 12 horas hasta que jure Mauricio Macri. “A partir de ahora en la boleta electoral habrá que poner el presidente y el presidente provisional”, ironizó.

Fernández de Kirchner se mostró en todo momento como una persona que respeta la voluntad popular y a la que le habría gustado entregar la banda presidencial. No lo hará, según su versión, porque la actitud de Macri se lo ha impedido. “Me hubiera gustado entregar los atributos en el Congreso. Me hubiera encantado. Me dolió ver a un presidente al que nadie había votado por una sentencia cautelar [en referencia a Pinedo]. No lo merecíamos nadie. Ni el 51% que votó a Macri ni el 49% que nos votó a nosotros”.

Todo el discurso, seguido con enorme entusiasmo por una plaza entregada que despidió a la presidenta entre lágrimas, estaba centrado en reivindicar su mandato e incluso en retar no solo a Macri sino a los argentinos que lo han votado a ver si dentro de cuatro años pueden llenar una plaza como ella. “Tienen que saber que el mundo que viene es difícil. Respetamos la voluntad popular pero también tienen que ser responsables de lo que votaron. Ojalá dentro de cuatro años quien tiene la responsabilidad de conducir los destinos de la patria pueda mirar a los ojos a los argentinos”, sentenció. Su reto no es menor y tampoco su exhibición de fuerza. Ningún presidente argentino ha dejado el poder aclamado como ella por la plaza.

La presidenta también apuntó que Macri se va a entregar a EE UU a los fondos buitre en cuanto llegue al Gobierno. Y le reclamó antes incluso de asumir que respete las manifestaciones en su contra, avanzando ya la oposición dura que ella trata de liderar: "Espero una Argentina  sin censuras, sin represión, espero una Argentina más libre que nunca". Incluso llegó a asegurar que "los periodistas nunca tuvieron tanta libertad como con nuestro Gobierno".

La plaza ya está preparada para que ella vuelva dentro de cuatro años a presentarse. Tal vez los giros de la política argentina no se lo permitan, pero su voluntad de liderar la oposición parece bastante clara. Después de ese discurso, Fernández de Kirchner se marchó en helicóptero y sobrevoló en círculos la plaza entre aplausos de sus fieles. Para ellos nunca se irá del todo.

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