El pulso con India y China marca el final de la cumbre de París

Fabius, que dirige las negociaciones, augura un acuerdo contra el cambio climático

El ministro francés de Exteriores, Laurent Fabius, este viernes en París. REUTERS

Laurent Fabius, ministro de Exteriores de Francia, tiene previsto presentar en la mañana del sábado el texto del acuerdo de París contra el cambio climático. Y después de dos décadas en las que los 195 países que negocian no se han puesto de acuerdo, existe la posibilidad de sacar adelante el primer pacto mundial para intentar que a final de siglo la temperatura media del planeta no aumente más de dos grados respecto a los niveles preindustriales. Tras dos semanas de intensas negociaciones en París, el pulso entre las economías desarrolladas y China e India sigue latente en el final de las conversaciones.

Barack Obama y Xi Jinping, en contacto

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el chino Xi Jinping mantuvieron este viernes un contacto telefónico. Según la Casa Blanca, ambos están de acuerdo en que se debe cerrar un “acuerdo climático ambicioso”. John Kerry, secretario de Estado de EE UU, lleva días en París. En la madrugada del jueves al viernes, en una de las reuniones de los negociadores, Kerry intervino para instar a que se cierre el pacto. Reconoció, según fuentes de la negociación, que la vinculación legal era el obstáculo para que su país pueda entrar, debido a la débil posición de su partido en el Senado.

El acuerdo que se quiere cerrar es el desarrollo de la convención de la ONU sobre cambio climático. Ese documento es de 1992 y establecía una clara diferenciación entre países, que implica que los desarrollados debían cargar con el grueso de los esfuerzos contra el calentamiento por ser responsables de iniciar el problema tras décadas de emisiones. Pero, más de 20 años después de la firma de la convención de la ONU, el mundo ha cambiado y los países que figuraban como avanzados son solo ya responsables del 35% de las emisiones mundiales. China e India están entre las cuatro economías más contaminantes.

La propuesta de acuerdo de Fabius, que como anfitrión preside la cumbre y dirige las negociaciones, debe “ser equilibrada y enfadar a todos”, apuntó este viernes uno de los responsables de la delegación europea que está encima del proceso.

Todos tendrán que ceder si se quiere firmar el pacto, que está respaldado por la presencia el día de la inauguración —el 30 de noviembre— de más de 150 presidentes y jefes de Estado. Europa tendrá que ceder en su pretensión de que los objetivos de reducción de emisiones de cada país sean jurídicamente vinculantes, algo que impediría que EE UU ratifique el acuerdo como ya ocurrió con el Protocolo de Kioto, de 1997. Europa y EE UU deberán renunciar a imponer las mismas obligaciones que ellos tienen a India o China. Estos dos últimos países tendrán que admitir que se empiece a diluir el concepto de diferenciación. Y los países petroleros deberán resignarse a que se fije un objetivo que implique la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, que en gran medida salen de la quema de combustibles fósiles para producir energía.

Fabius sostuvo este viernes que presentará el texto del acuerdo a las 9.00; luego se tendrá que aceptar en el plenario, donde están representadas las 195 naciones que negocian. “Estoy seguro de que será aprobado”, vaticinó. Es muy difícil encontrar en la cumbre a alguien que piense que no habrá acuerdo. Aunque la duda es cómo será de ambicioso y si será un instrumento realmente útil para cumplir el objetivo de los dos grados, el umbral fijado por la ciencia como punto crítico con devastadoras consecuencias.

Compromisos nacionales

Una de las claves del pacto es la revisión de los compromisos nacionales de cada país. 186 Gobiernos del mundo —que representan el 95% de las emisiones globales— han presentado planes nacionales de reducción de gases de efecto invernadero. En el último borrador del acuerdo se admite que no son suficientes. Con esos planes, la temperatura en 2100 aumentaría unos tres grados. Por eso es importante la revisión al alza, en principio, cada cinco años, de los programas nacionales. Se habrá fracasado si no hay “un procedimiento para subir el nivel de ambición”, opina la delegación europea.

Fabius tenía previsto haber entregado este viernes el texto. Pero tras constatar la noche del jueves al viernes que seguían existiendo importantes discrepancias en financiación y diferenciación, decidió tomarse un día más, que empleó en mantener reuniones bilaterales para redactar ese texto en el que todos pierdan, pero que todos puedan firmar.

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