La fuga de tres sicarios desata un escándalo en Argentina

Uno de los homicidas había acusado de narcotraficante al exjefe de Gabinete kirchnerista

Martín Lanatta sale custodiado de los juzgados en agosto tras testificar.

La fuga de tres asesinos de una prisión de máxima seguridad de la provincia de Buenos Aires el domingo amenaza con convertirse en un escándalo político al poco de iniciar su mandato el presidente Mauricio Macri. Uno de los ahora prófugos había acusado durante la reciente campaña electoral al candidato a gobernador de la provincia, Aníbal Fernández, de ser el autor intelectual de aquellos tres crímenes y de dirigir una red de tráfico de drogas. Fernández, que fue jefe de Gabinete con Cristina Fernández de Kirchner, acabó perdiendo las elecciones frente a María Eugenia Vidal, del partido de Macri.

La facilidad y espectacularidad de la fuga agita las aguas turbias de la cloaca política argentina. A las 2.45 del domingo, con un arma de juguete, Martín Lanatta y los otros dos condenados por el triple homicidio sometieron a dos carceleros y salieron en el Fiat Uno de uno de ellos por la puerta de la prisión General Alvear, situada a 219 kilómetros al sur de la capital del país.

“Las mafias o los narcotraficantes que quieran plantearse que están por encima de la ley van a encontrar un Estado nacional y estados provinciales trabajando juntos”, aseguró ayer el jefe de Gabinete de Ministros del Gobierno de Macri, Marcos Peña. Además, dio su “absoluto respaldo a Vidal”, que echó a los jefes del servicio carcelario que había heredado de la administración del excandidato kirchnerista a la presidencia Daniel Scioli.

Aníbal Fernández, por su parte, apuntó contra rivales internos del peronismo: “Todo fue un invento que han hecho para desprestigiarme en el momento justo, una semana antes de las elecciones. Si le ponen plata, va a decir lo que se le ocurra. Ahora alguien le pagó un favor. Gente de mi propia interna participó de este chiste”.

En cambio, el hermano de uno de los tres fugados, Franco Schillaci, teme por la vida de ellos y acusó a policías de presionarlos para que dejen de imputar al exjefe de Gabinete kirchnerista.

La historia comienza en 2007, en la campaña que llevó a Cristina Kirchner a la presidencia. Entre los principales donantes para su candidatura aparecía un empresario farmacéutico, Sebastián Forza. Al año siguiente, él y otros dos colegas fueron asesinados por los tres presos que se fugaron este domingo. La investigación judicial demostró que detrás estaba el tráfico de efedrina para la elaboración de drogas en conexión con México. El que fue secretario de Lucha contra el Narcotráfico de los Gobiernos kirchneristas entre 2004 y 2011, José Ramón Granero, está procesado por la falta de control en la importación de efedrina.

En agosto pasado, uno de los condenados por el triple homicidio, Martín Lanatta, cargó contra Aníbal Fernández en una entrevista televisada desde la cárcel de la que ahora se fugó. La prisión dependía de Scioli, quien gobernaba entonces la provincia de Buenos Aires. Las declaraciones de Lanatta ocurrieron una semana antes de las primarias, pero pese a ellas Fernández logró vencer a su rival interno. En cambio, esas acusaciones pesaron contra él en su derrota de octubre pasado ante la liberal María Eugenia Vidal, una politóloga de 42 años, madre de tres hijos y permanente sonrisa angelical. “La gente ve a Aníbal, me ve a mí y sabe quién puede sacar a sus hijos de la droga”, decía Vidal en la campaña. Su sorprendente victoria, que desalojó del poder al peronismo en la provincia de Buenos Aires después de 28 años, impulsó el favoritismo de Macri para la segunda vuelta electoral contra Scioli en noviembre. Macri destacó la lucha contra el narcotráfico como uno de las prioridades de su presidencia.

El fiscal que investiga la fuga de los tres asesinos, Cristian Citterio, declaró ayer a una emisora de radio que los presos recibieron ayuda del exterior y que huyeron disfrazados de guardias. Fuentes citadas por la agencia de noticias Télam apuntaron que la fuga tuvo lugar cuando los reos estaban en el sector sanitario de la prisión por razones de seguridad. Las autoridades han desplegado a cerca de 600 efectivos de la policía de Buenos Aires así como tres helicópteros en las tareas de búsqueda de los fugitivos.

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