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Alemania alerta de que la respuesta a la crisis migratoria no ha funcionado

Bruselas insta a Berlín, Estocolmo y Copenhague a preservar el espacio Schengen

El espacio Schengen de libre circulación debe ser preservado y la crisis migratoria que afronta la UE requiere una respuesta europea. Esos fueron los dos puntos de convergencia esbozados tras la reunión urgente que celebraron este miércoles los ministros del Interior de Alemania, Suecia y Dinamarca con el comisario europeo del ramo, Dimitris Avramopoulos. “Schengen debe salvaguardarse. Hemos acordado que las medidas excepcionales de fronteras adoptadas [por estos tres países] se mantengan el menor tiempo posible y se vuelva a la normalidad cuanto antes”, subrayó el comisario ante la prensa.

La reunión extraordinaria fue convocada justo un día antes dada la crisis generada por la decisión danesa de aplicar desde el lunes controles temporales en sus fronteras interiores. La iniciativa respondía al incremento de chequeos que anunció Suecia ese mismo día. Ante el eventual caos que esto podía generar en algunas fronteras del norte de Europa —incluida la de Dinamarca con Alemania—, el comisario decidió convocar a los tres países.

El precedente más cercano de este tipo de reuniones se produjo el pasado septiembre, cuando el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, citó con pocas horas de antelación al primer ministro húngaro, Viktor Orbán, para discutir sobre el controvertido trato que Hungría estaba dando a los refugiados.

A partir de ese punto de encuentro sobre la necesidad de defender Schengen, las visiones de los ministros difieren. El responsable alemán —en este caso, el secretario de Estado del Interior, Ole Schröder—, alertó de que los remedios aplicados hasta ahora no funcionan: “Nuestro problema es que no tenemos un sistema de control de fronteras exteriores que funcione, especialmente entre Grecia y Turquía. Tampoco lo hace el mecanismo de toma de huellas dactilares ni la reubicación de refugiados entre países”. Avramopoulos admite los problemas e insta a resolverlos en el marco europeo.

Las palabras de la canciller alemana, Angela Merkel, en un acto celebrado por los socialcristianos de la CSU en Wildbad Kreuth (Baviera), evidencian el problema al que se enfrenta el Gobierno alemán. Merkel insistió en su compromiso, expresado en el congreso de su partido del pasado diciembre, de reducir de forma significativa el volumen de llegadas de refugiados, que el año pasado superó todos los récords con 1,1 millones de entradas. “Es muy importante para mí lograr una reducción significativa en el flujo de refugiados y que al mismo tiempo preservemos la libre circulación de personas en la UE”, aseguró.

Horst Seehofer, líder de la CSU, defiende, en contra del criterio de la canciller, el establecimiento de un tope de 200.000 al año. “Mantengo mi exigencia de un cambio en todos los aspectos de la política de refugiados”, dijo a su llegada a Wildbad Kreuth.

La reacción sueca y danesa

Unas dificultades similares a las de sus vecinos. Suecia, según desgranó este miércoles su ministro de Interior, Morgan Johannson, ha recibido 160.000 solicitudes de asilo en todo 2014, “la mayor cifra registrada nunca”, y a un total de 26.000 menores que viajaban sin compañía. “Hay que compartir responsabilidades”, recalcó.

A su lado, la ministra danesa, Inger Stojberg, amagaba con aplicar una de las medidas más temidas: la obligación que se exigirá a las compañías de transporte marítimo y de carretera de examinar los documentos de identidad de los viajeros. “Les he dicho a mis colegas que no lo haremos ahora. Analizaremos la situación y, si es necesario, esa norma se puede aplicar con poca antelación”, advirtió. Dinamarca aprobó en diciembre la ley que permite a las empresas de transporte pedir la documentación a los viajeros.

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