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COLUMNA

Refugiados banalizados

Al no haber actuado sobre las causas, los flujos de migrantes aumentarán

El año 2015 ha sido uno de los más calamitosos que Europa haya conocido desde hace mucho tiempo. Un suceso importante lo evidencia: la falsa acogida de los refugiados. Frente a centenares de miles de seres humanos que solicitan ayuda, la mayor parte constituida por inmigrantes que huyen de guerras civiles, la Comisión de Bruselas ha impuesto, a menudo, en contra de la voluntad de los Estados, recibir a 120.000, de los cuales 17.800 fueron asignados a España. Tres meses después de esta decisión, estando el mar aún rojo por la sangre de las 3.770 vidas engullidas a lo largo de 2015, Madrid declara haber regularizado la situación de ¡18 refugiados!

Es paradójico, cuando se recuerda la generosidad con la que había reaccionado el país en el momento del drama: surgieron por todas partes iniciativas solidarias, la sociedad civil abrió los brazos y varios responsables políticos apoyaron este impulso. Entre otros ejemplos, cito el del presidente de la Generalitat Valenciana, Ximo Puig, y de la vicepresidenta Mónica Oltra, quienes declararon con entusiasmo su apoyo a la iniciativa de una empresa privada de habilitar un barco para socorrer a los refugiados en el Mediterráneo. El Gobierno congeló la propuesta, excusando decisiones europeas. En realidad, las iniciativas de la sociedad civil española han sido desalentadas y luego cuidadosamente silenciadas en campaña electoral.

Algunos Gobiernos europeos, con el fin de no aceptar las cuotas atribuidas, no han dejado de relacionar esta tragedia con la amenaza terrorista. No hubo ni una prueba de dicha aserción. Los atentados bárbaros en Francia, que se cobraron la vida de 130 personas, fueron perpetrados todos por yihadistas fanáticos franceses y belgas. La verdad es que los refugiados iraquíes, sirios, afganos son las primeras y principales víctimas del terrorismo. Otros Gobiernos, como el de Alemania, ven en la llegada de refugiados, a la vez, una amenaza y una oportunidad económica y demográfica. Aún sigue la batalla por saber cómo van a resolver esta contradicción, frente a refugiados convertidos en presa.

Lo que resulta trágico es que en 2016 la situación empeorará. Al no haber actuado sobre las causas, los flujos de refugiados y de inmigrantes aumentarán. El mismo cerrojo fronterizo de Turquía, por donde acuden la mayor parte de refugiados, se ha transformado en puerta de negocios entre este país y la Unión Europea. Los turcos piden acelerar los trámites de su integración en el espacio económico europeo o incrementar significativamente la ayuda financiera europea para poder hacer frente a la demanda migratoria medio-oriental. Y tienen toda la razón, pues cuesta mucho mantener en vida a la gente en los campos de reagrupamiento. Marruecos también se encuentra con un empuje fronterizo difícil de contener.

En la primera semana de 2016, otros 30 cuerpos han sido devueltos por el mar Egeo. Pero ahora, estas cifras macabras se han vuelto normales, tan es verdad que nos acostumbramos también, como lo decía Hannah Arendt, a la banalidad del mal.