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Turquía acusa al ISIS del atentado que ha causado 10 muertos en Estambul

El atacante es un suicida que había entrado al país recientemente desde Siria

Un atentado suicida causó este martes al menos 10 víctimas mortales en la plaza de Sultanahmet, el centro neurálgico del turismo en Estambul. Las autoridades turcas acusaron directamente al Estado Islámico, lo que, de confirmarse, supondría una prueba más de cómo la guerra en la vecina Siria se está filtrando en Turquía. Al menos ocho de los fallecidos eran ciudadanos alemanes, según informaron las autoridades de ese país. El atentado eleva todavía más la tensión en un país afectado por la guerra siria, el recrudecimiento del conflicto kurdo y una dura polarización política.

Eran las 10.15 (una hora menos en la Península) cuando una fuerte explosión sacudió el barrio histórico de Estambul. Ersin, empleado de un negocio cercano, corrió hacia el lugar donde había sonado la detonación: “Vi al menos a siete u ocho personas tendidas en el suelo antes de que la policía nos desalojara. Probablemente estaban muertas”. Según diversos testigos, un hombre había hecho detonar la carga explosiva que portaba en medio de un grupo de unos 25 o 30 turistas, en su mayoría alemanes, que visitaban la parte de la plaza de Sultanahmet que se encuentra frente a la Mezquita Azul y que en tiempos bizantinos era el antiguo hipódromo.

La delegación del Gobierno de la provincia de Estambul explicó en un comunicado que el ataque terrorista causó la muerte a 10 personas (incluido el terrorista) y heridas a otras 15, aunque posteriormente se informó de la muerte en el hospital de uno de los heridos de mayor gravedad.

El ministro de Exteriores germano, Frank-Walter Steinmeier, explicó que al menos ocho de las víctimas mortales eran de su país. Por su parte, la cancillería de Perú reconoció que uno de los fallecidos es peruano y que también hay otra ciudadana del país latinoamericano entre los heridos, aunque su estado no reviste gravedad.

Las autoridades turcas confirmaron que el ataque fue “un atentado suicida” y lo atribuyeron al grupo yihadista Estado Islámico (ISIS, por sus siglas inglesas). Sin embargo, persisten dudas sobre la nacionalidad del autor de la masacre: mientras el presidente del país, Recep Tayyip Erdogan, se refirió a él como “una persona de origen sirio”, el primer ministro, Ahmet Davutoglu, lo definió como “un extranjero miembro del ISIS” que no estaba fichado como sospechoso de ser un yihadista y que se cree que cruzó desde Siria a Turquía recientemente.

Mientras, la agencia de noticias DHA identificó al atacante como Nabil Fadli, nacido en Arabia Saudí en septiembre de 1988 y que habría pasado a Turquía camuflado entre refugiados sirios.

La policía investiga qué tipo de explosivo se utilizó en el ataque, cómo se pudo producir y si ha habido fallos en la seguridad, extremo que negó el viceprimer ministro y portavoz del Gobierno, Numan Kurtulmus: “No hubo un fallo de la seguridad, en la plaza se hizo lo que se debía. De hecho, cinco o diez segundos antes [del atentado] se retuvo a varias personas para interrogarlas”.

El presidente Erdogan vinculó el atentado al hecho de que “no hay otro país que luche contra la organización terrorista llamada ISIS de forma tan determinada” como Turquía. Y es cierto que en los últimos meses Ankara ha comenzado a tomarse en serio combatir a la organización yihadista, si bien después de las presiones de sus socios occidentales y de que viviese en sus propias carnes los atentados de una célula turca vinculada al Estado Islámico: en Diyarbakir el 5 de junio, donde hubo cuatro muertos, en Suruç el 20 de julio, con 33 víctimas mortales, y en Ankara el 10 de octubre, con 102 muertos.

Según el Ministerio de Interior turco, hasta el momento Ankara ha impedido que 36.500 personas de más de un centenar de países se unan al ISIS, bien arrestándoles, bien prohibiendo su entrada en Turquía, lo que podría explicar que la organización encabezada por Abubaker al Bagdadi se haya vuelto contra un país que hasta el año pasado miraba hacia otro lado respecto a las actividades de los yihadistas que utilizaban territorio turco para entrar en Siria, según han denunciado numerosos grupos opositores.

El atentado perpetrado en la plaza de Sultanahmet supone un golpe más a la política turca sobre Siria, que, según una fuente sobre el terreno en ese país, “está haciendo aguas”, puesto que los grupos rebeldes e islamistas a los que apoyaba Ankara están perdiendo terreno ante los avances de las tropas del régimen de Bachar el Asad, apuntalado por la intervención rusa, y ante las fuerzas lideradas por los kurdos, a los que apoya Estados Unidos.

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