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La conferencia CAF-LSE pide repensar la gobernanza global

Expertos internacionales claman más peso para los emergentes y combaten el pesimismo sobre Latinoamérica en la incertidumbre

Enrique García, presidente del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), ha llamado a combatir el discurso derrotista respecto al futuro de la región, en unos tiempos en que la economía mundial se enfrenta a un escenario de riesgos y crecimientos más débiles. García, con otros expertos reunidos en la tercera conferencia anual del CAF y la London School of Economics, celebrada este viernes en Londres, ha demandado una estructura de gobernanza global más fuerte e integradora, adaptada a la nueva realidad internacional. “El mundo ha cambiado mucho desde la Segunda Guerra Mundial”, ha advertido, “pero las instituciones globales están basadas en principios que datan de la posguerra”.

El foro, bajo el título de Gobernanza global en una era de incertidumbre, se ha celebrado en un arranque de año marcado por los interrogantes que plantea el desempeño de los mercados emergentes, que han empañado las perspectivas de la economía global, con caídas en los precios de las materias primas y en mercados financieros de todo el mundo. Prestigiosos académicos, economistas y expertos internacionales han analizado, en diversos paneles celebrados por la mañana y por la tarde, las reconfiguraciones en curso del orden mundial desde la perspectiva de la transferencia de poder de norte a sur y de occidente a oriente.

En conversación con EL PAÍS, Enrique García ha analizado la situación actual de las economías latinoamericanas y ha reclamado amplitud de miras. “Latinoamérica aprendió lecciones muy importantes a finales de los 70 y principios de los 80”, explica. “La crisis de la deuda llevó a muchos países a procesos de desequilibro macroeconómico que forzaron a llevar a cabo ajustes muy serios en los 80 y 90. Eso también tuvo, no obstante, un efecto positivo: se aprendió la lección de que con la macroeconomía es mejor no jugar. Por eso después hemos tenido años de manejo muy prudente de la macroeconomía. Otro factor positivo, para Sudamérica sobre todo, fue la bonanza de los precios de las materias primas, en gran parte por la demanda china. Todo ello ha llevado a una reducción de la pobreza y a la integración de importantes sectores a las clases medias. En los últimos 18 meses, sin embargo, ha habido un cambio en la situación debido, fundamentalmente, a la preocupación en Europa y el cambio de viento en China, que ajusta su modelo de exportación hacia la demanda interna. El año pasado fue malo para la región latinoamericana en su conjunto, y este y el próximo es probable que haya también decrecimiento. El peso de las economías más grandes –Brasil, Venezuela y Argentina- ha hecho tirado del crecimiento hacia abajo. Pero si quitas esos países, los países más pequeños crecen a ritmos razonables, de entre 3% y 3,5%”.

Prestigiosos académicos, economistas y expertos internacionales han analizado las reconfiguraciones en curso del orden mundial

El presidente del CAF opina que “este no es momento para la desesperación”. “Brasil ha hecho ajustes y va a salir adelante”, añade. “Argentina está en el camino de la recuperación y esperamos que Venezuela pueda mejorar. Tenemos confianza y creemos que es un buen momento para la reflexión en la región, y para abordar las reformas que no hicimos en los años de bonanza, encaminadas a la transición hacia un modelo económico de ventajas competitivas”.

García ha apuntado algunas direcciones en las que se puede trabajar para afianzar la senda del crecimiento. “Es importante invertir en infraestructuras”, explica. “Se avanza pero se invierte poco, solo el 3% del PIB y debería ser el doble. Y, sobre todo, es clave la educación. Se ha reducido mucho el analfabetismo, pero no ha aumentado sustancialmente la calidad de la educación. Eso es algo en lo que se debe trabajar y que traerá efectos a largo plazo”.

A esa llamada a invertir en educación se ha sumado Michel Camdessus, exdirector del FMI. El también exgobernador del banco central francés ha defendió, además, que “en este panorama de incertidumbre se impone decidir qué tipo de gobernanza implementamos”. Y ha propuesto una ONU sin derecho a veto.

Rebeca Grynspan, al frente de la Secretaría General Iberoamericana, también ha invitado a repensar los organismos de gobernanza global. “Cuando hablábamos de globalización nos preguntábamos si iba a traer más multilateralismo o no”, ha recordado. “Hubo un tiempo en que se pensó que sí. Pero no ha sido así porque las instituciones globales se han visto rezagadas al representar el nuevo mundo. Hay que buscar un equilibrio de fraternidad en la diversidad. Hay que reformar la toma de decisiones en el FMI y el Banco Mundial. Es evidente que China no puede tener el mismo peso que al inicio. Ha habido cambios, pero menores. Debe responderse al crecimiento del sur. El Consejo de Seguridad refleja el mundo de después de la Segunda Guerra Mundial, pero el escenario ha cambiado dramáticamente”.

Se impone, en opinión de Grynspan, “una reflexión muy profunda”. “Después de la Segunda Guerra Mundial se impuso la idea de un mundo plural con una visión común en la que convergeríamos todos. Pero hoy tenemos que abrazar el paradigma de identidades incluyentes. De lo que se trata es de que uno pueda tener varias identidades al mismo tiempo. En esa reflexión sobre identidades incluyentes podemos encontrar esa convivencia pacífica, esa fraternidad”.

Rebeca Grynspan, igual que Enrique García, ha solicitado un cambio de narrativa a la hora de abordar la realidad económica latinoamericana. “Es evidente que hay importantes elementos para la preocupación, globales y regionales”, admite la política y economista costarricense. “Pero nos preocupa que la narrativa sobre Latinoamérica va mucho mas allá. Pone en cuestión la propia sostenibilidad de las sociedades. El problema es que muchos se siguen refiriendo a la década perdida de los 80, una crisis que desactivó la sociedad. Ese no es el caso ahora. Latinoamérica esta más preparada que nunca para los malos tiempos. Cuenta con los instrumentos macroeconómicos necesarios. Yo espero tiempos de crecimiento mediocre, pero no de crisis generalizada. Y la diferencia es muy importante, porque esa percepción de crisis generalizada afecta a los mercados”.