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La presidenta de Taiwán reclama “democracia” e “identidad nacional”

La “chinoescéptica” Tsai Ing-wen se impone con contundencia en los comicios taiwaneses

Tras la victoria de la “chinoescéptica” Tsai Ing-wen y su Partido Democrático Progresista (PDP) en las elecciones de este sábado, Taiwán ya ha empezado a lanzar mensajes hacia Pekín. “El sistema democrático, la identidad nacional y la integridad territorial” deben ser “respetados”, ha afirmado la ya presidenta electa, Tsai Ing-wen, la primera mujer al frente de la isla, en una rueda de prensa ofrecida poco después de confirmarse su aplastante triunfo en los comicios.

En las elecciones presidenciales, Tsai ha obtenido el 56% de los votos, o 6,89 millones, frente al 31% de su rival del conservador prochino Kuomintang (KMT), Eric Chu, según los datos de la Comisión Electoral Central. Chu se ha visto perjudicado por la impopularidad del presidente saliente, Ma Ying-jeou, y una caótica campaña llena de divisiones de su partido, que cambió candidatos en plena carrera electoral.

Por primera vez en la historia, el PDP tendrá mayoría absoluta en el Yuan legislativo, el Parlamento taiwanés. A falta de completarse el recuento definitivo, las proyecciones le otorgan 67 de los 113 escaños del Yuan Legislativo (parlamento), muy por encima de los 57 necesarios para gobernar en solitario.

En la rueda de prensa, su primer acto como presidenta electa, Tsai lanzó un claro mensaje a China, que desde 1949 considera a Taiwán una provincia rebelde que debe recuperar a toda costa, incluso mediante la violencia. “Nuestro sistema democrático, nuestra identidad nacional y nuestra integridad nacional deben respetarse. Cualquier violación, sea cual sea el modo, afectará la estabilidad de las relaciones a ambos lados del estrecho”, advirtió con voz enronquecida la exministra de relaciones con China ante decenas de periodistas locales y extranjeros.

La presidenta electa, que asumirá el poder el 20 de mayo, hablaba así en referencia al caso de una cantante adolescente taiwanesa, Chou Tzu-yu, obligada a disculparse en un vídeo ante China después de haber ondeado una bandera de la isla, en un caso que ha indignado a los taiwaneses.

Aunque también aseguró que mantendrá la relación actual con China -ni unificación ni independencia-, con la que quiere desarrollar unos lazos “consistentes, predecibles y sostenibles”. Pero la voluntad del pueblo taiwanés, declaró, constituirá la base para esas relaciones.

“Ambas partes tienen la responsabilidad de hacer todo lo que puedan para hallar maneras aceptables para los dos de interactuar con respeto y reciprocidad, y garantizar que no hay ni sorpresas ni provocaciones”, ha subrayado, sobre una relación vital para la estabilidad geopolítica en Asia Pacífico y que EE. UU., protectora de Taiwán y socia comercial de China, no quiere ver alterada.

Durante los ocho años previos de mandato del KMT y el presidente saliente, Ma Ying-jeou, las relaciones entre Pekín y Taipei alcanzaron unos niveles de acercamiento nunca vistos en casi 70 años. Y China mira con inquietud la posibilidad de que Tsai, ministra durante el mandato del independentista Chen Shui-Bian (2000-2008), pueda alterar esa situación. En un primer comunicado, la Oficina de Asuntos Taiwaneses en Pekín ha declarado que “en cuestiones importantes, como la protección de la soberanía del país y la integridad territorial, nuestra voluntad será firme como una roca”, declaró.

Aunque los analistas consideran que las relaciones continuarán como estaban. Tsai “mantendrá un perfil discreto, pero firme, sin alterar las bases de la relación”, considera Chen-shen Yen, del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional Chengchi, en Taipei. Según él, China también tendrá buen cuidado en no tomar decisiones que creen aún más reticencias entre la población taiwanesa, donde las encuestas indican que menos de un 10% de la población se identifica exclusivamente como china.

MIentras Tsai hablaba a la prensa, en el exterior de la sede del PDP en Taipei miles de simpatizantes se daban cita para celebrar el triunfo de su partido y, sobre todo, la derrota de Ma, el impopular presidente del KMT al que buena parte de la población responsabiliza del estancamiento de la economía. La situación económica ha protagonizado, con diferencia, la campaña electoral.

Según Nathan Batto, de la Universidad Nacional Chengchi en Taipei, más que un drástico aumento de la popularidad del PDP o Tsai, una candidata a la que los votantes consideran sólida pero que no transmite carisma, el principal factor en los resultados de este sábado ha sido la “enorme insatisfacción con la gestión del presidente Ma”, sembrada de infortunios durante los últimos 4 años. Al final de su mandato, Ma solo contaba con el apoyo de un 14% de los votantes.

Es una opinión que comparte Hao Yang, un joven profesional de 24 años que acudía este sábado a votar en un colegio electoral de Daan, en el centro de Taipéi. “El KMT es un partido anticuado, lleno de políticos anticuados y de actitudes anticuadas. Es verdad que pueden ser pragmáticos, pero mi generación no quiere pragmatismo, quiere ideales y decir lo que quieren. Y lo que quieren es la independencia”.