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Detenido en Marruecos un belga vinculado a los atentados de París

El arrestado, de origen marroquí, luchó en Siria con el Frente al Nusra antes de unirse al ISIS

Un ciudadano belga de origen marroquí ha sido detenido este lunes en la localidad de Mohamedia, cercana a Casablanca, en relación con los atentados del 13 de noviembre en París, en los que murieron 130 personas. El supuesto terrorista, cuyas iniciales son J.A., combatió en Siria en las filas del Frente al Nusra, filial de Al Qaeda, antes de pasarse a las del Estado Islámico, según ha informado el Ministerio del Interior. Desde Siria pasó a Turquía, después Alemania y Países Bajos, antes de regresar a Marruecos.

Con este anuncio, las fuerzas de seguridad marroquíes vuelven a colgarse una medalla en la lucha contra el terrorismo. La prensa marroquí publicó en su día que la intervención de sus servicios de inteligencia fue determinante para localizar al cerebro de aquella matanza, el belga de origen marroquí Abdelhamid Abaaoud, quien fue abatido en la noche del 18 de noviembre. Dos días después, el presidente de Francia, François Hollande, agradecía al rey de Marruecos, Mohamed VI, la “eficaz asistencia” proporcionada por su país.

Marruecos es el país más seguro del Magreb en su lucha contra el terrorismo islamista y el que más información presta a las autoridades de la Unión Europea. En los últimos meses, los agentes marroquíes y españoles han trabajado de forma conjunta en al menos tres operaciones que acabaron con la detención de decenas de supuestos terroristas. Esa cooperación es clave para explicar la eficacia, pero no es la única.

Otro factor importante fue la creación en marzo de 2014 de la Oficina Central de Investigaciones Judiciales (BCIJ por sus siglas en francés), un organismo que la prensa local ha bautizado como el FBI marroquí. Está formada por una élite de agentes jóvenes que en menos de dos años de vida ha logrado desmontar una treintena de células.

Marruecos sigue sacando rédito a la información que logró extraer tras los atentados de mayo de 2003 en Casablanca, donde murieron 45 personas, entre ellos 12 de los 14 terroristas suicidas. En los días posteriores fueron detenidas 2.000 personas y apresadas unas 1.500. Las detenciones recibieron muchas críticas por parte de los defensores de derechos humanos. Pero el Estado logró infiltrarse en las estructuras de los grupos yihadistas. Desde entonces, el esfuerzo ha ido encaminado a coordinar los diferentes cuerpos de policía y a estrechar la colaboración con Francia y España.

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