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Netanyahu se queda aislado en su rechazo al acuerdo nuclear con Irán

Israel confía en recibir compensaciones de Washington para mantener su poder militar

“Si no hubiera sido por nuestro ahínco a la hora de imponer sanciones y dificultar su programa nuclear, Irán ya habría tenido armas atómicas hace tiempo”, sentenció este domingo ante su Gobierno Benjamín Netanyahu. El primer ministro de Israel —el único país de Oriente Próximo al que se le atribuye un arsenal atómico— convirtió el rechazo al plan nuclear de Teherán en eje central de su política desde su regreso al poder en 2009. El pacto con Irán, abanderado por Estados Unidos y suscrito por las grandes potencias el pasado julio, acaba de ser bendecido por el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), en un nuevo revés diplomático para Netanyahu que acrecienta su aislamiento.

El jefe del Gobierno israelí se alinea así junto a las monarquías suníes petroleras del Golfo. “Teherán tendrá ahora más fondos para financiar al terrorismo”, dijo Netanyahu, quien exige “sanciones duras y agresivas” a Irán ante cualquier violación del pacto.

En su estrategia para intentar boicotear el acuerdo iraní con las grandes potencias, el primer ministro del Likud no ha dudado en enfrentarse a Barack Obama, el presidente de su principal aliado militar. Primero pronunció un discurso ante el Congreso —en plena campaña de las legislativas en Israel— para exhortar a los legisladores a vetar el entendimiento nuclear con Irán. Luego intentó sin éxito animar durante el verano a los congresistas a tumbar el Acuerdo de Viena durante su revisión en las Cámaras. Netanyahu confía en que Washington renueve y amplíe el programa de financiación de los gastos militares israelíes que expira en 2017.

Aportación para defensa

EE UU se comprometió en 2007 a aportar 3.000 millones de dólares (2.753 millones de euros), el equivalente a un 20% del presupuesto de Defensa israelí. Ahora espera elevar la contribución estadounidense hasta los 5.000 millones de dólares anuales, según la prensa israelí, para garantizar la superioridad tecnológica militar israelí. Parece difícil que la Administración del actual presidente demócrata acepte tal aumento de su aportación al gasto militar israelí —en la que no se incluyen las partidas destinadas a los sistemas antimisiles de Israel, como el escudo Cúpula de Hierro, frente a los cohetes disparados desde la franja de Gaza y el sur de Líbano— a la vista de la actitud del Gobierno de Netanyahu ante el acuerdo nuclear iraní.

La única estrategia del primer ministro israelí, cada vez más aislado tras oponerse al pacto suscrito con Teherán por las grandes potencias, parece ser la de intentar ganar tiempo: esperar que la salida de Obama de la Casa Blanca, prevista dentro de un año, sitúe en el poder a un presidente republicano más cercano a su política conservadora o a otro demócrata con mayores afinidades con sus intereses en Israel.

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