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Al menos 21 muertos en un asalto a una universidad de Pakistán

Los talibanes paquistaníes emiten comunicados contradictorios sobre la autoría del ataque

Cuatro hombres armados asaltaron ayer una universidad en el noroeste de Pakistán y dejaron por lo menos 21 muertos. Las fuerzas de seguridad tardaron varias horas en vencer a los agresores, a pesar del despliegue de tiradores de élite y helicópteros. El portavoz del movimiento talibán condenó el atentado después de que el cabecilla de uno de los grupos que lo integran se responsabilizara de él. En cualquier caso, demuestra que los islamistas violentos que combaten al Estado paquistaní aún tienen capacidad de actuar tras la campaña del Ejército contra sus feudos en la frontera con Afganistán.

El ataque se produjo a primera hora de la mañana en la Universidad de Bacha Khan, en Charsadda, una ciudad situada a 30 kilómetros al norte de Peshawar, en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa, limítrofe con las zonas tribales donde a menudo se refugian los talibanes. Aunque el recinto contaba con seguridad privada, los terroristas, armados con Kalashnikovs y granadas, lograron neutralizar a los guardas y se abrieron paso a tiros hacia el edificio de administración, según el relato de los hechos recopilado por medios paquistaníes.

Desde allí avanzaron hacia la residencia de chicos, donde las fuerzas de seguridad acabaron con ellos. Según fuentes hospitalarias hubo 21 muertos, la mayoría estudiantes, aunque también cuatro guardas y un profesor. Al menos tres de los heridos estaban graves. El campus se encontraba especialmente concurrido porque además de sus 3.000 alumnos, había 600 invitados a un recital de poesía por el aniversario de la muerte de Khan Abdul Ghaffar Khan, el popular activista de etnia pastún que da nombre al centro.

El atentado ha hecho revivir a la población local la matanza de 2014 en una escuela de Peshawar, que dejó 134 muertos, la mayoría escolares. Aquel incidente impulsó un endurecimiento de la campaña antiterrorista que sucesivos Gobiernos paquistaníes han librado con distinta intensidad (y ambigüedad) desde la intervención estadounidense en el vecino Afganistán en 2001. Como entonces, todas las sospechas han recaído en los talibanes, a pesar de sus declaraciones contradictorias.

“El Movimiento de los Talibanes de Pakistán, o TTP, está formado por varios grupos, y el que se ha responsabilizado es Umar Mansoor, el jefe del que opera en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa”, explica a EL PAÍS el periodista paquistaní Shabbir Hussain Imam, quien da credibilidad a sus palabras. “Es letal, es la segunda vez que organiza un ataque de la misma naturaleza”, añade en referencia al atentado de 2014 contra la escuela.

No está claro por qué el portavoz oficial del TTP, Muhammad Khorasani, le desautorizó poco después con un comunicado en el que calificó el asalto a la universidad de “contrario al islam”. Aunque la dirección del movimiento siempre ha estado dividida, Mansoor está considerado leal al líder, el maulana Fazlullah.

Los talibanes tienen especial fijación con los centros de enseñanza. Además de los dos ataques mencionados, ha destruido numerosas escuelas primarias (sobre todo femeninas) en todo el país y en 2012 intentaron asesinar a Malala Yousafzai, la joven activista por el derecho a la educación de las niñas que terminaría recibiendo el Premio Nobel dos años más tarde. Esta acción se le atribuye al propio Fazlullah y sus autores materiales quedaron en libertad el año pasado.

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