Las católicas colombianas que luchan por los derechos sexuales de la mujer

Para la organización, que lleva trabajando desde hace 15 años, el aborto no debe ser un tabú

No promueven el aborto, pero le hablan a las mujeres que lo han practicado para que no sientan culpa, para que se olviden de la palabra pecado. La aclaración la hace una y otra vez a lo largo de la charla Sandra Mazo, directora en Colombia de Católicas por el derecho a decidir (CDD), una organización que desde hace 15 años trabaja en el país a favor de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres desde una mirada teológica. La aclaración, dice, nunca está de más. Durante los años que llevan mostrando su postura frente a temas tan complejos como el aborto las han tildado de falsas católicas, de herejes. Se han enfrentado a la Iglesia y en los últimos años han debatido la posición radical en estos temas hasta con el conservador procurador general de la nación de Colombia, Alejandro Ordóñez.

“Tratamos de ver de una manera distinta, pero con un sustento religioso la maternidad, el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo y sobre cómo las decisiones que tomen a conciencia no deben ser motivo de exclusión de la Iglesia. Dios es más misericordia que temor”, dice. El movimiento, que aglutina a miles de voluntarias, nació en Uruguay hace más de 20 años y desde entonces se ha extendido a 11 países de la región. El objetivo principal es mostrar que el tema del aborto más allá de un debate moral debe ser un asunto de salud pública y su misión es revindicar la libertad de conciencia.

Trabajan recorriendo el país, hablando con mujeres de los métodos de planificación y enseñándoles los avances que, según ellas, se han logrado en materia legal frente a este tema. “Si miramos cómo era 15 años atrás, podemos decir que se ha avanzado mucho. Por ejemplo, legalmente ya está permitido el aborto en tres casos. Pero aunque la legislación mejora, los prejuicios morales permanecen. Se sigue condenando a una mujer que aborta sin pensar en cuáles fueron las circunstancias y lo duro que pudo ser pasar por una experiencia como esa”, cuenta la directora de la sede en Colombia, que ha establecido una oficina en Bogotá y desde donde se trabaja para ocho regiones del país.

Mazo asegura que el Código de Derecho Canónico “libera de la pena de excomunión en algunos casos a las mujeres que toman esa decisión”, pero muchos lo ignoran. Pese a que hace 9 años que en Colombia se avaló el aborto en tres supuestos, aún las mujeres mueren por las barreras que el sistema les pone para acceder a su derecho. La ley colombiana señala que cuando la mujer ha sido víctima de una violación, cuando su salud (física y mental) corre peligro o cuando el feto sufre alguna malformación, las mujeres tienen derecho a interrumpir el embarazo antes de las doce semanas. Sin embargo, solo el 0.08 % de las más de 400.000 mujeres que abortan anualmente en Colombia acuden a la red de salud. El resto lo hace en centros ilegales, según un informe del Instituto Guttmacher de Nueva York, publicado en el año 2011.

Mazo, Politóloga de formación, reitera que creen en Dios, que son católicas, que no son fundamentalistas y que más allá de ritos, su forma de vida es estar en armonía con los demás. Cada año se reúnen en una asamblea latinoamericana donde hablan de los avances de la ley y de la postura de la Iglesia. Cuenta con optimismo que Uruguay, en donde la organización dejó de existir porque ya no era necesaria esa defensa, México y Colombia son los países de la región más avanzados en el derecho al aborto.

“Lo ideal sería no tener ni siquiera que hablar de eso. Que los países tuvieran una mejor educación y que cada vez fueran menos los embarazos no deseados”, concluye esta mujer que, como las demás que conforman su organización, pide que el derecho a decidir a conciencia no las aparte de su fe.