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Chechenia exhibe su lealtad a Putin

Un millón de personas acude a un mitin en apoyo de su líder local, Ramzán Kadírov

Los habitantes de la república caucásica Chechenia han salido a la calle este viernes en Grozni, la capital, en un gigantesco mitin destinado a apoyar a su líder local, Ramzán Kadírov, y a mostrar la fidelidad de éste a Rusia y al jefe del Estado, Vladímir Putin.

En la década de los noventa del pasado siglo, tras la desintegración de la URSS, Chechenia fue escenario de dos guerras secesionistas contra el poder central ruso, hasta que, después de la llegada de Putin al Kremlin, fue sometida por las armas y reintegrada oficialmente a Rusia en 2003.

Chechenia tiene casi 1,4 millones de habitantes y, según su Ministerio del Interior, cerca de un millón asistieron al mitin, frente a la mezquita central, en una plaza bautizada en honor de Ajmad Kadírov, el dignatario islámico asesinado en 2004, que es padre del actual dirigente.

Desde primera hora de la mañana, chechenos de todas las edades, agrupados por empresas, departamentos de la Administración e instituciones de enseñanza, se habían ido concentrando portando pancartas, que en muchos casos ellos mismos habían confeccionado siguiendo las instrucciones impartidas por la Administración local. La asistencia al mitin resultaba de hecho obligatoria para los funcionarios, los miembros de instituciones oficiales y los estudiantes, según confirmaban varias fuentes que preferían no ser nombradas. Estas fuentes alegaban razones pragmáticas y expresaban temor a las eventuales consecuencias negativas del absentismo, tales como reprimendas, recortes de sueldos o eventualmente pérdida del empleo.

Frente la sede de Hacienda de Grozni, los funcionarios camino del mitin desplegaban carteles con fotos de políticos como Vladímir Rizhkov, exvicejefe de la Duma Estatal de Rusia, Dmitri Gudkov, diputado de la Duma, y Alexéi Navalni, un político que se ha caracterizado por su lucha contra la corrupción. Junto a esos retratos podía leerse: “la traición en Rusia es un delito que no prescribe”. A la pregunta sobre los supuestos delitos de los fotografiados, los portadores de los carteles se encogían de hombros o contestaban con frases como “son representantes de la quinta columna”, “son personas que trabajan con EE UU en contra de Rusia”. De hombros se encogían también, al ser interpelados sobre sus motivaciones, unos estudiantes que portaban pancartas contra el cantante Andréi Makarévich, denostado en ambientes nacionalistas de Rusia por actuar en Ucrania.

Entre otras consignas enarboladas figuraban: “Kadírov, la mejor defensa contra la quinta columna”, “Kadírov garante de Estabilidad”, “Ramzán, patriota de Rusia”, “Ramzán, orgullo de Chechenia” o “Limpiemos el país de parásitos”. Había también abundantes fotografías y carteles con la imagen de Putin.

Kadírov es el líder de Chechenia desde 2007 y su mandato concluye el próximo marzo. La opinión generalizada es que Kadírov será confirmado en su puesto en las elecciones. Pero el mitin de Grozni es un indicio de que el dirigente checheno busca reafirmarse ante quienes instan al jefe del Estado, Vladímir Putin, a dejar de hacer oídos sordos ante las acusaciones que planean sobre Kadírov y su entorno, algunas de ellas extremadamente serias, como asesinatos de adversarios en diversas ciudades del mundo, desde Moscú a Viena.

El pasado 12 de enero, Kadírov calificó a los líderes de la oposición no representada en el Parlamento ruso como “enemigos del pueblo” a los que había que juzgar. Los aludidos quieren que Kadírov asuma la responsabilidad legal por sus palabras, pero los políticos chechenos se reafirman en sus imprecaciones.

Desde la tribuna del mitin en Grozni, el jefe del Parlamento de Chechenia, Mogamed Daúdov, dio los nombres de los “traidores a los intereses del Estado”, las “marionetas” en “una guerra informativa y terrorista sin precedentes por su envergadura y perfidia” contra los dirigentes del Estado y contra Rusia. Entre otros, Daúdov mencionó a Alexéi Navalni; al magnate Mijaíl Jodorkovski; al director de la emisora Eco de Moscú, Alexéi Venedictov; al activista cívico Lev Ponomariov; al ajedrecista Gari Kaspárov, y también a Svetlana Gánushkina, presidenta del comité de ayuda cívica dedicada a la ayuda de refugiados, entre ellos chechenos, durante muchos años.

“Ningún alto cargo de Chechenia podría formular en público estas acusaciones arbitrarias si no sintiera el respaldo del presidente Putin, quien por lo visto cree que Kadírov es una garantía de estabilidad en el Cáucaso y se equivoca”, manifestó la activista Svetlana Gánnushkina por teléfono desde Moscú. “Kadírov hace lo que le da la gana y actúa por su cuenta fuera de su república también, y llamar a esto estabilidad o es ingenuidad o miopía”, dijo la activista, que ha firmado una petición colectiva a favor del cese de Kadírov. En la emisora El Eco de Moscú han reforzado los servicios de vigilancia.

Frente a la mezquita, asistiendo al mitin, estaba Oxana, que dijo haber llegado de Chalí, una ciudad chechena. Oxana afirmó que trabaja en una institución sanitaria y cobra oficialmente 18.000 rublos (algo más de 220 euros al cambio), pero recibe solo 8.000. Indicó que la mayor parte del sueldo se le iba en servicios como agua, luz y gas, que su marido está en paro y cobra solo una prestación de 2.500 rublos por haber trabajado para los militares. “Oficialmente somos una república floreciente que bajo el liderazgo de Kadírov ha sido reconstruida con gran éxito tras la guerra”, afirmaba Oxana, que dijo tener miedo a quejarse públicamente, sobre todo después de que otros que lo han hecho han sido sometidos a la “vergüenza pública”. Se refería a una mujer abroncada en la televisión por denunciar problemas sociales y económicos y a un deportista, obligado a correr en calzoncillos mientras proclamaba su fidelidad a Putin por haberse permitido críticas a este dirigente en las redes sociales.

“Los intelectuales se han ido de aquí. El nivel de gestión es muy primitivo”, afirma en una conversación informal un ciudadano maduro y culto, que acudió al mitin con su pancarta de apoyo a Putin y a Kadírov, a pesar de opinar en privado que tal cosa resultaba “un infantilismo”.

“Esto es como un carnaval, y en carnaval se hace y se dice lo que se quiere. No hay que tomarlo en serio”, afirmaba Asjab, un veterinario que intentaba quitar hierro a las palabras del jefe del Parlamento local.

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