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Brasil pierde el favor de Davos

Aumenta el pesimismo por la crisis económica y política

Cuando la presidenta de Brasil Rousseff apareció en 2014 en el Foro Económico Mundial logró eclipsar al entonces recién elegido presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, con un discurso plagado de proyectos y planes de inversión. Rousseff recibió el respaldo y el beneplácito de los inversores internacionales en aquella cita en Davos, que se saldó con el anuncio de varios proyectos por parte de algunas destacadas empresas. Esa imagen idílica ya es pasado.

La ausencia de la presidenta en esta edición de Davos acentúa el pesimismo en torno a la economía brasileña, que se hace más evidente ante el entusiasmo y la intensa actividad de su vecino del Sur, el presidente argentino Mauricio Macri. “Es cuestión de tiempo, pero ya damos al Gobierno de Rousseff y a Rousseff por amortizados. Es la única solución”, explicaba un analista con larga trayectoria en Davos. “Al menos, en Brasil las instituciones están funcionando aunque no se sabe dónde puede acabar la investigación judicial”, apuntaba durante un debate Ian Bremmer, presidente de la consultora Eurasia.

Los datos más recientes de la economía alimentan el malestar que se ha dejado entrever con Brasil en la estación suiza. El PIB cayó un 3,8% en 2015 mientras la inflación se disparó hasta el 10,7%. Esta misma semana el Fondo Monetario Internacional (FMI) volvía a rebajar las previsiones de la economía brasileña para este ejercicio, para el que prevé una nueva contracción del 3,5%, una crisis que tendrá reverberaciones en la región. “Es la peor crisis de Brasil en más de 70 años y coincide con problemas en otras grandes economías emergentes, como Rusia o China”, decía el profesor de Economía de Harvad y antiguo economista jefe del FMI, Jenneth Rogoff.

“Brasil se encamina hacia una década perdida”, confiesa Ray Dalio, presidente del fondo de alto riesgo Bridgewater, que maneja unos 170.000 millones de dólares en activos en todo el mundo. La conjunción de los tres principales riesgos (alta dependencia de las materias primas, elevado peso de las exportaciones a China, alta deuda empresarial en dólares) en una economía como la brasileña, explica el reconocido inversor en su oficina en Davos, crean la tormenta perfecta para una crisis profunda y duradera.

No se trata solo de una coyuntura poco favorable, las críticas a la gestión del Gobierno brasileño también han podido oírse con claridad. "A diferencia de lo que han hecho otros países de la región, la apertura de Brasil a la inversión exterior, especialmente en el área energética, ha sido muy pequeña", explica Carlos Pascual, consultor de energía de IHS. "Directa o indirectamente, el Gobierno se ha reservado el control del 65% de los proyectos energéticos. En esas condiciones, es muy difícil que la inversión extranjera apueste por el país. Especialmente cuando sus competidores han hecho ajustes y reformas", aclara.

Es el ambiente al que ha debido hacer frente el ministro Finanzas, Néstor Barbosa, en sus numerosas charlas con empresarios y banqueros para intentar despejar las dudas y animar la inversión. Barbosa se ha apoyado además en sus colegas de Argentina, Colombia y México para intentar beneficiarse de los buenos vientos que soplan para algunos de sus vecinos.

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