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El fin simbólico de los Kirchner

La decisión de quitar los cuadros en la Casa Rosada es parte de un proceso de 'deskirchnerización' de los símbolos

Entrar en la Casa Rosada cuando aún estaba allí Cristina Fernández de Kirchner era toda una experiencia. La expresidenta organizaba grandes mítines en los patios de este edificio histórico, sede del Gobierno argentino, con miles de militantes que tomaban literalmente el palacio. Había jóvenes, bebés y madres amamantándolos en los pasillos, niños correteando y tomando la merienda.

Rodeándoles tenían la Galería de los Patriotas Latinoamericanos, con 40 cuadros que van del Che Guevara a Hugo Chávez pasando por Perón, Evita, Allende, Sandino, Tupac Amaru y, en lugar destacado, Néstor Kirchner. Todo estaba pensado para dar la idea de que el pueblo kirchnerista había tomado el poder. Los militantes se fueron, pero los cuadros han quedado. Y ahora el Gobierno del liberal Mauricio Macri se cruza con ellos todos los días.

La decisión de quitarlos está tomada, según fuentes del Ejecutivo, en un proceso de deskirchnerización de los símbolos que va a incluir a los billetes: si los Kirchner pusieron en el de 100 pesos, el más usado, la cara de Evita Perón, Macri pondrá una taruca, un mamífero en peligro de extinción que vive en el norte de Argentina. En otros, de 200, 500 y 1.000 pesos, habrá ballenas, un yaguareté y un hornero, un pájaro autóctono

Macri aún no ha anunciado cuándo bajará los cuadros de Kirchner y Chávez en la Casa Rosada. Oficialmente, solo se dice que se está haciendo un inventario de todas las obras que hay en el edificio. La realidad es que se busca el momento y la forma adecuada para no hacer mucho ruido. Pero la convivencia del Che y Chávez con Macri no durará mucho.

La convivencia del Che y Chávez con Macri no durará mucho

Néstor Kirchner quedará con un busto en el salón dedicado a los expresidentes, y allí estará en algún momento la figura también de Cristina, pero los demás cuadros caerán.

Hay más imágenes llamativas. Macri da sus conferencias de prensa al lado de un dibujo de homenaje a Rodolfo Walsh, periodista y militante de Montoneros asesinado por la dictadura en 1977. Otro personaje muy alejado de lo que el nuevo presidente representa.

La Casa Rosada no es el único lugar donde sucede. Acudir a cualquier ministerio argentino implicaba cruzarse con fotos y cuadros dedicados a Perón, a Evita, a los Kirchner. La mayoría sigue allí pero los macristas dan por hecho que caerán.

Argentina es el país de los símbolos. Apasionados por su propia historia, los argentinos viven con entusiasmo cada polémica sobre el pasado. Macri rompió esquemas al inaugurar una estatua de Perón en plena campaña. Buscaba el voto peronista y romper prejuicios.

Otra escena marcó el mandato de Néstor Kirchner: la bajada del cuadro del dictador Videla del Colegio Militar que presidió, el 24 de marzo de 2004. Su voz firme al ordenar con un “proceda” al jefe del Ejército que lo descolgara ha quedado en la memoria del país.

Pero Argentina también es lugar de enfrentamiento para casi todo. Cuando los Kirchner lanzaron el billete de 100 pesos dedicado a Evita, en 2012, a los 60 años de su muerte, muchos comerciantes antiperonistas no querían aceptarlo. El Banco Central amenazó con multarlos.

El giro político no cambia esa pasión de los argentinos por dividirse. Esta semana, el propio Macri tuvo que pedir en Twitter a sus seguidores que no boicotearan el estreno de la nueva serie televisiva, La Leona. Los antikirchneristas se movilizaron contra ella porque la protagonizan Pablo Echarri y Nancy Duplaa, dos de los actores que más han apoyado a la expresidenta.

La última guerra se libra por el despacho que ocupará Máximo Kirchner en el Congreso, como diputado. En Argentina se pelea cada metro, cada símbolo, en una especie de empate eterno que solo las elecciones alteran ligeramente.