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Macri afronta su primera gran prueba con la negociación salarial

El ministro de Trabajo argentino confía en la “madurez” de los sindicatos

Vivir en un país con un 30% de inflación anual no es fácil para nadie. Hacer una negociación salarial así es aún más difícil. Si a eso se le añaden los sindicatos más potentes de América Latina, los peronistas, y un Gobierno al que los kirchneristas acusan de neoliberal, el cóctel parece explosivo. Pero el Ejecutivo argentino es optimista: Mauricio Macri tienen una buena valoración ciudadana tras un mes de Gobierno, según las encuestas. Ahora viene una gran prueba de fuego: las negociaciones de las “paritarias”, esto es, los pactos salariales.

Jorge Triaca, el ministro de Trabajo, señala en entrevista con EL PAÍS que no cree que los sindicatos peronistas vayan a empezar a trabajar para tumbar a Macri como hicieron con los otros dos presidentes no peronistas, Raúl Alfonsín (1987) y Fernando de la Rúa (2001). “Para nada”, asegura.

“El Gobierno de Macri tiene una agenda política y social que va a resolver muchos de los problemas que han planteado los sindicatos en los últimos años, como la bajada de impuestos o la inflación. Yo veo una madurez de la mayoría de los dirigentes sindicales. Hemos optado por escucharnos aun a pesar de no tener un vínculo ideológico o político. Pero todos los dirigentes saben que si discuten desde el pragmatismo nos tienen a su disposición”.

En esa “madurez” incluye a Hugo Moyano, el sindicalista más conocido, ahora cercano a Macri aunque siempre pendiente del aumento de salarios que se dará a su gremio, el de los camioneros. Algunos sectores están pidiendo subidas del 35%, el Gobierno habla de entre un 20% y un 25% de inflación para 2016 (28% en 2015) y en ese margen va a negociar.

Miles de despidos

El ambiente no es el ideal. Con la llegada de Macri hay miles de despedidos en la Administración pública y algunas empresas privadas también están echando gente. “Hay problemas en algunos sectores que estaban en una economía, subsidiada por el Estado, sobredimensionada. Había muchos subsidios en los medios, por ejemplo. Algunos están perdiendo sus privilegios. Pero el cambio de expectativas económicas va a empujar el aumento del empleo privado. Hay algunos sectores que ya se han puesto a trabajar en eso como el agroindustrial. Hay otros con problemas, como el petrolero. Estamos trabajando para evitar despidos, es una industria estratégica, pero claro, es muy distinto producir a 100 dólares el barril que a 26 como está ahora. Necesitamos una economía sana, no artificial y subsidiada”, asegura.

Triaca es la cara amable del Gobierno. Hijo y nieto de sindicalistas, su padre llegó a ser, como él, ministro de Trabajo, en la época de Carlos Menem. A Triaca, por ese contacto histórico con el mundo sindical, le toca suavizar las posiciones y negociar para lograr lo más difícil: frenar la inflación y negociar una contención salarial sin que haya un estallido social. A la puerta de su ministerio, en pleno centro de Buenos Aires, hay cada día manifestaciones, petardos, cortes de calles. “Argentina viene de esa cultura de amigos y enemigos, de protesta. Nos tenemos que acostumbrar que antes de la protesta debería venir el diálogo. Nosotros queremos reconstruir la posibilidad de trabajar acuerdos. Es un fuerte cambio cultural el que tenemos que hacer”, explica.

Pero a la vez defiende los miles de despidos en la Administración. “Se tomó el Estado como un botín, se puso gente en distintos cargos sin una función específica, sin una asignación concreta, a veces con recursos ilimitados, sin ceñirse a los Presupuestos. Estamos revisando todo. Es un acto de justicia. Los trabajadores que no cumplen funciones, que tienen un contrato por vínculos políticos dañan al que hace una tarea específica y que cumple bien con su trabajo”, añade.

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